El rezó hoy el primer ángelus dominical del pontificado ante unas 300,000 personas reunidas en la plaza de San Pedro y vías anexas, en el que afirmó que Dios "jamás se cansa" de perdonar a los hombres y que si Dios no perdonara el mundo "no existiría".

"Hermanos y hermanos, buenos días", fueron las primeras palabras del Sumo Pontífice, cuando apareció con sotana blanca y una cruz de hierro, ante la muchedumbre que agitaba banderas de todos los países en la inmensa explanada situada en el corazón del Vaticano.

"Para nosotros cristianos, es importante encontrarnos todos los domingos, saludarnos, hablarnos en una plaza que, gracias a los medios de comunicación, tiene las dimensiones del mundo", dijo, en una nueva muestra de la proximidad con los fieles que ha marcado los primeros pasos de su pontificado.

"Dios perdona siempre y tiene misericordia para todos", e insistió: Dios "nunca se cansa de perdonar, somos nosotros los que nos cansamos de pedirle perdón", refirió.

El Papa volvió a pedir a los feligreses que rezaran por él, como ya hizo el miércoles tras ser proclamado pontífice, y terminó deseando "buen domingo y buena comida", con la sencillez que ya se convirtió en su marca al frente de la Iglesia Católica.

"Siento una emoción indescriptible. Va a traer mucha paz porque se le ve muy humilde, muy espontáneo. Se siente más cerca de a gente. Con el Papa que estaba antes no se sentía esto", dijo Garbiel Solís, un argentino de 33 años, que como miles de compatriotas asistió a la segunda aparición pública del Pontífice elegido tras la renuncia de Benedicto XVI.

Personalidades de todo el mundo ya están llegando a Roma para asistir a la gran misa de entronización del próximo martes, día de San José, a la que asistirán entre otros los presidentes de Argentina, Brasil, Chile y México, así como representantes de Estados Unidos y de las casas reales europeas.