Por Carlos Paredes

1.- En setiembre del 2013 publiqué un memorándum con el mismo título que usted está leyendo ahora. Entonces analicé el argumento que se había puesto de moda para bajar el IGV y refuté la hipótesis de que una reducción en la tasa del impuesto aumentaría la recaudación. Para que una rebaja en la tasa del IGV genere un aumento de la recaudación, el PBI tendría que ser extremadamente sensible a este impuesto. Y aunque una reducción en el IGV dinamizaría la economía, no lo haría tanto como para que la recaudación se incremente (para eso se necesitaría que la elasticidad sea mayor a uno, lo cual no se verifica en el mundo real).

2.- Sin lugar a dudas, reducir la tasa del IGV bajaría la recaudación y es justamente por eso que hoy, ante la abrupta desaceleración de la economía, sí resulta conveniente reducir la tasa del IGV. Recordemos que una menor recaudación, producto de una disminución en la tasa impositiva, equivale a dejar más dinero en manos de los consumidores y de las empresas. Y es precisamente por eso que esta medida resultaría beneficiosa en el actual contexto macroeconómico.

3.- Existe un consenso en torno a que reactivar la demanda en el corto plazo es conveniente. De hecho, el BCR acaba de bajar su tasa de interés de referencia, mientras que desde el MEF el ministro Castilla y su equipo buscan reactivar en base a un impulso fiscal: gestionaron un crédito suplementario en el Congreso a fin de aumentar la inversión pública, otorgaron bonos excepcionales a los empleados públicos e, incluso, exoneraron las gratificaciones del sector privado del aporte a EsSalud y obligaron a los empleadores a transferir ese monto en la forma de un bono extraordinario a los trabajadores. Supuestamente, estas últimas medidas, junto a la liberación parcial de la CTS, podrían contribuir a fomentar el consumo y a reactivar la economía.

4.- Sin embargo, el impulso fiscal probablemente será muy limitado, tanto en tamaño como en el tiempo. Recordemos que la aprobación de un mayor gasto de capital no implica que este se ejecute y, como hemos señalado anteriormente, existen razones para pensar que el gasto de las regiones se verá frenado por "el miedo a firmar" y también como consecuencia de las próximas elecciones regionales. Por otro lado, con respecto a la duración de las medidas, los bonos extraordinarios de julio terminarán indefectiblemente en julio, mientras que laliberación de la CTS tendrá un efecto muy limitado y tampoco se sostendrá en el tiempo.

5.- En cambio, una reducción en la tasa del IGV dejará más dinero en las manos de los consumidores y de las empresas durante todo el periodo en que dicha tasa permanezca en su nuevo nivel. Esto constituiría un impulso sostenido del gasto con efectos inmediatos. Y aquí hay que ser pragmáticos: dejar dinero en la billetera de los consumidores es mucho más efectivo para dinamizar la demanda que tratar de gastar dinero desde el Estado. Resulta claro que es mejor dejarel dinero en los bolsillos de los consumidores que apilarlo en las arcas fiscales y esperar que funcionarios públicos reticentes a firmar decidan cómo y cuándo gastar nuestros recursos.

6.- En conclusión, a pesar del costo fiscal de esta medida, ahora es el momento de reducir temporalmente el IGV porque es justamente ahora cuando necesitamos de un "impulso fiscal" efectivo. ¿En cuánto? Sugiero reducirlo por un año en dos puntos, esto equivaldría a algo más de S/. 5,000 millones, un impulso sustantivo y con efectos inmediatos. ¿Podría llevarnos a un déficit fiscal? Sí, ojalá, porque apuntar a un superávit sería contraproducente.