
Autor de “Gestionar Estratégicamente”. Ediciones Deusto. 2021.
Los distintos análisis estratégicos, como muchas cosas de la vida, tienen una importancia variable. Normalmente una empresa estará muy pendiente del análisis del mercado, pues debe adaptarse a las cambiantes e incrementales exigencias de sus clientes; al análisis del sector, pues debe satisfacer a sus clientes mejor que sus competidores; al análisis de sus recursos y capacidades, pues estos deben ser sus palancas para construir sus ventajas competitivas. Así como estará muy atenta a otros análisis relacionados con los tres mencionados.
Sin embargo, en el Perú hoy en día (09.08.21) hay un análisis que es crucial, siendo uno que a veces pasa más desapercibido. Es un análisis clave pues, cual tsunami, barre a todos los demás, destrozando cualquier conclusión y decisión estratégica que una compañía hubiera tomado en base a ellos, para paralizar, cual anestesia, las decisiones estratégicas, dejando a las organizaciones del país en una parálisis tan inesperada como peligrosa.
Me refiero al análisis del macroentorno. El cual se compone de los entornos económico, social, político-legal y tecnológico; así como un quinto entorno que engloba aspectos que ya estaban destrozando al Perú fuertemente como la pandemia del COVID-19, o dimensiones que habían castigado al país años antes, como catástrofes naturales, como el fenómeno de “El Niño” o terremotos, así como aspectos que habían dañado fuertemente al país aún más antiguamente, como el terrorismo.
Esta quinta dimensión del macroentorno, cajón de sastre de diversas procedencias, es demoledor, pues a su grandísima capacidad dañina añade el efecto secundario de incidir en los otros cuatro componentes del macroentorno, haciendo que los mismos se sumen al deterioro del país, reforzando de esta forma maligna la capacidad de quebranto formando un circulo perverso y devastador.
La pandemia, como antes las catástrofes naturales y antes el terrorismo, habían ya incidido muy negativamente tanto en la economía, la sociedad y la política, haciendo que éstos se deterioraran de forma profunda.
Sin embargo, la capacidad del país de auto flagelarse, subió un (profundo) grado más tras las últimas elecciones. Sin querer entrar en temas partidistas, es una obviedad que la elección de Pedro Castillo y de Perú Libre, profundizada por la elección de su primer gabinete, ha deteriorado económicamente al país. La acelerada subida del dólar, la ingente salida de capitales, el incremento del costo de la vida o la paralización de las inversiones empresariales y privadas, son solo algunos ejemplos de ello.
Dicha paralización de las inversiones es una consecuencia de la paralización de toda decisión empresarial de medio y largo plazo en vista del estado actual de las cosas y, sobre todo, de los posibles y aún más nefastos escenarios futuros que se contemplan.
Todo ello ligado con un desgarro social evidente, que enfrenta a una parte del país con otra, incrementando los extremismos, pues lleva a tener que decidir por un bando a quienes estaban en posiciones centradas. Lo cual refuerza aún más la sensación de caos y de extrema fragilidad.
Por todo ello, hoy en día el macroentorno es el análisis empresarial en el Perú. Todos los demás análisis están supeditados a él. Y como el macroentorno, por todo lo mencionado, no es capaz de hacernos ver más allá de unas horas, como nos imposibilita el pensar en el largo plazo, nos paraliza como empresa, como nos paraliza como personas, en cuanto a potenciales decisiones e inversiones.
La estrategia es el arte de decidir hoy pensando en el largo plazo, pensando en unos años. Un macroentorno como el que el Perú tiene hoy hace imposible ver más allá de unas horas, por lo que tomar decisiones a largo plazo es comparable a jugar a la ruleta. Ningún país se lo puede permitir por mucho tiempo.
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