AGENDA TRIBUTARIA. Cuando en julio del 2011 asumió la jefatura de la Superintendencia Nacional de Aduanas y de Administración Tributaria (Sunat), , desconocía que su mayor reto sería compensar la menor recaudación de las empresas mineras –que se haría evidente a partir del año siguiente, cuando comenzaron a caer las cotizaciones internacionales de los metales–. En efecto, en el 2014, la contribución de dicho sector se había reducido 60.4% respecto al 2011.

Esa pérdida obligó a la Sunat a hilar más fino para obtener ingresos de otras fuentes y, sobre todo, hacer que los evasores lo pensaran dos veces antes de continuar cometiendo estos delitos. También se dictaron medidas para reducir la elusión, cuya aplicación está en suspenso, cerrando vacíos legales a fin de impedir que los incumplidos siguieran saliéndose con la suya. El resultado ha sido positivo, pues a pesar de que la minería perdió protagonismo, la recaudación no se resintió hasta el 2014. Hoy hay un descenso debido a la desaceleración de la economía.

¿Se pudo hacer más? Sí, y se debe hacer más, ese es el reto de su sucesor, Martín Ramos, que como primer punto en la agenda deberá poner la mira en las : la creación de empresas destinadas exclusivamente a generar facturas por transacciones inexistentes.

El fisco deja de percibir S/. 9,000 millones por esta práctica, que responde a dos motivos, principalmente: el lavado de activos –que es un delito– y la informalidad que aún reina en muchos sectores económicos. Otro reto crucial será hacer realidad las facilidades para el contribuyente, allí hay un largo camino por recorrer. Además, deberá seguirles los pasos a la evasión y la elusión en actividades aparentemente formales –como los profesionales independientes–, así como profundizar la cultura tributaria, en particular en el interior del país.

El nuevo jefe de la Sunat es un funcionario de carrera con 22 años de experiencia y su último cargo fue la jefatura de Desarrollo Estratégico, de modo que está familiarizado con el trabajo. Lo único que le pedimos es que la necesaria dureza que debe aplicarse contra los malos contribuyentes no afecte a los buenos.