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Europa podría no recuperarse de la crisis financiera

Las importancia de Europa está subvalorada. Aunque la crisis inició en EE.UU. , el colapso que desencadenó en Europa tuvo consecuencias más graves. 

crisis financiera del 2008

FOTO 1 | TBTF, "Too big to fail": "Demasiado grande para caer". Esta expresión anglosajona se refiere a firmas financieras, bancos o aseguradoras de un tamaño tal que su quiebra podría desestabilizar otras empresas e incluso el conjunto de la economía. Denominadas también "sistémicas", estas empresas se caracterizan por la importancia de sus actividades transfronterizas, sus interconexiones con otras instituciones financieras y la complejidad de las operaciones que realizan. Durante la crisis, muchos grupos sistémicos de todo el mundo tuvieron que ser rescatados por los Estados. (Foto: Pixabay)

(Foto: Pixabay)

Por Noah Smith

En caso de leer únicamente una historia de la crisis financiera global y la turbulenta década que dejó como consecuencia, recomiendo "Crashed: How a Decade of Financial Crises Changed the World" (Crac: cómo una década de crisis financieras cambió el mundo), del historiador Adam Toose de Columbia University. Pocos autores son capaces de entrelazar la economía, las políticas y la geopolítica y generar un conjunto coherente. Tooze no solamente cubre cada aspecto crítico del crac en Estados Unidos , sino que también presenta una percepción profunda del desastre que se desarrolla en cámara lenta en Europa.

Las importancia de Europa está subvalorada. Aunque la crisis inició en EE.UU., el colapso que desencadenó en Europa tuvo consecuencias más graves. Una década después, las economías de EE.UU. y de la Unión Europea se han recuperado en gran medida, pero algunas de las economías europeas más afectadas -como Grecia, Italia y España- no están en forma aún:

Las consecuencias políticas en Europa también han sido duraderas. Tooze probablemente exagera el impacto de la crisis en la elección de Donald Trump , que fue más bien el resultado de conflictos raciales y culturales que duraron mucho tiempo. Pero la victoria del referendo para abandonar la UE , que ahora amenaza con infligir un daño permanente al Reino Unido, fue en parte influenciada por el hecho de que las instituciones de la UE no pudieron hacer frente a la crisis de la deuda soberana a principios de la década de 2010.

Estas instituciones fueron débiles desde el principio. Dado que la eurozona tenía una moneda unificada, era imposible acudir a devaluaciones del tipo de cambio para ayudar a Grecia y otros países afectados por la crisis, como sí habría sido posible si los países hubieran tenido monedas independientes. Como la UE no contaba con una política fiscal unificada, era difícil rescatar a Grecia a través de transferencias de estados miembros económicamente sólidos, como Alemania.

La verdadera solución a la crisis era ejecutar rescates financieros coordinados de los bancos europeos (que habían prestado dinero a los Estados miembros inestables) y compras de bonos por parte del Banco Central Europeo. Básicamente, lo que hizo EE.UU. Pero la resistencia del electorado de Alemania, al igual que un sesgo cultural contra el estímulo y la expansión cuantitativa, dilataron esta solución por años. Esto demostró la falta de capacidad de respuesta y coordinación inherentes al proyecto de la UE.

La integración europea fue un proyecto frágil desde el principio. A diferencia de EE.UU., la UE estaba lingüísticamente fragmentada, con muchos siglos de historia de conflictos políticos. Los votantes en Francia y los Países Bajos rechazaron un borrador de constitución de la UE en 2005, y el Reino Unido era demasiado escéptico para unirse a la eurozona.

Sin la participación completa de importantes miembros como Francia y el Reino Unido, la UE nunca fue capaz de acercarse al tipo de unidad nacional que uno encuentra en EE.UU. Por lo tanto, tropezó hasta llegar a medio camino entre un país y una zona de libre comercio, hasta que la crisis llegó, inevitablemente.

La pregunta es si esa crisis representó un punto de inflexión para Europa, un choque que actúa como catalizador de un declive prolongado e inexorable. Más allá de la gran recuperación de Grecia e Italia, existen otros indicios de que este escenario pesimista se cumplirá.

En conjunto, la UE sigue siendo vulnerable a las crisis, pero es cuestionable si los estados europeos más pequeños pueden prosperar como economías independientes. Las empresas, naturalmente, quieren ubicarse donde hay un gran mercado de consumo. Si la UE se fragmenta, los países pueden implementar barreras comerciales que harían al continente menos atractivo como mercado y las empresas migrarían a otros lugares, como podría suceder ahora en el Reino Unido después del brexit.

Curiosamente, la fragmentación lingüística e institucional de Europa podría ser lo que la ayudó a enriquecerse en primer lugar. El antropólogo Jared Diamond ha sugerido que Europa se desarrolló precisamente porque la gran cantidad de naciones en competencia alentó una gran cantidad de experimentación de políticas.

Esto contrasta con China, donde algunos creen que los errores de la política imperial -y más tarde las políticas demenciales de Mao Zedong- ralentizaron a esta gigante nación en un momento crítico. Pero en la era globalizada moderna, los roles pueden haber cambiado, y la unificación de China podría permitir al país convertirse en el centro económico del mundo, mientras que una Europa fragmentada se vuelve inestable.

China se está convirtiendo en el centro mundial de la fabricación de productos electrónicos de alta tecnología, y pronto podrá dominar las fortalezas europeas más tradicionales, como la industria automotriz. Entretanto, a pesar de algunos puntos brillantes, Europa generalmente ha luchado por crear gigantes tecnológicos. Una regulación torpe y onerosa, como la regulación general de protección de datos, probablemente hará que sea más difícil lograrlo.

Más allá de la fragmentación y una formulación de política torpe, Europa sufre de otra debilidad fundamental - tasas de fertilidad bajas:

Este problema también afecta al Extremo Oriente, pero eso no es ningún consuelo para Europa. La disminución de la población será un factor de tensión en los sistemas pensionales y hará que las empresas estén menos interesadas en invertir en el continente. La política obvia es aumentar la inmigración para mantener los niveles de población pero, por tradición, Europa no está acostumbrada a la diversidad (como lo ha demostrado la reciente agitación política sobre la inmigración), y sus mercados laborales podrían ser demasiado rígidos para absorber a un gran número de recién llegados.

Así, hay muchas razones para creer que los historiadores futuros pueden ver la crisis financiera como el punto de inflexión cuando Europa comenzó a declinar. El período de paz, prosperidad y estabilidad entre el final de la Segunda Guerra Mundial y 2008 puede haber sido simplemente una breve meseta soleada entre el ascenso y la caída de un continente cuya tecnología y economía alguna vez dominaron el mundo. No es evidente qué pueden hacer los líderes de Europa para evitar este oscuro resultado, pero deberían dedicar la mayor parte de su tiempo y esfuerzo a pensar cómo evitarlo.

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