Los ciudadanos de Nueva York serían beneficiados si es que esta propuesta se concreta en el futuro (Foto: AFP)
Los ciudadanos de Nueva York serían beneficiados si es que esta propuesta se concreta en el futuro (Foto: AFP)

En una de las economías más dinámicas del mundo, donde muchos latinos encadenan turnos en la construcción, la limpieza, la restauración o el delivery, una idea se repite en conversaciones de pasillo y mensajes de WhatsApp: aun trabajando a tiempo completo —y muchas veces más—, el dinero no alcanza para cubrir lo básico sin compartir vivienda, recurrir a tarjetas de crédito o hacer “malabares” a fin de mes. En vecindarios como Jackson Heights, Washington Heights, el Sur del Bronx o Sunset Park, basta con revisar el contrato de alquiler, hacer fila en el supermercado o mirar el recibo de la luz para entender por qué el salario mínimo vuelve una y otra vez al centro del debate público. Hablar hoy del salario mínimo en Nueva York es, inevitablemente, hablar del alto costo de la vida y de cómo se siente en la calle, en el metro y en la mesa de la cocina de miles de familias hispanas que llaman a la ciudad su hogar. En ese contexto, la discusión sobre cuánto debería ser el salario mínimo ya no suena a asunto técnico reservado a economistas, sino a una pregunta muy concreta que muchos se hacen al final del mes: ¿se puede vivir dignamente en Nueva York con lo que se paga hoy por hora?

Por eso no sorprende que, en los últimos días, legisladores estatales y activistas hayan vuelto a encender la discusión con una propuesta que, de entrada, suena disruptiva: llevar el salario mínimo hasta los US$30 por hora. La iniciativa no surge de la nada, sino como respuesta a una realidad que viene empujando a la clase trabajadora fuera de la ciudad, especialmente de lugares como Manhattan, Queens, Brooklyn o el Bronx, donde vivir se ha vuelto cada vez más caro, incluso para quienes llevan años asentados allí.

UNA CAMPAÑA QUE BUSCA UN “SALARIO DIGNO”

Esta semana arrancó formalmente la campaña “Salario Digno para Todos”, impulsada por legisladores del estado de Nueva York como antesala a la presentación de un paquete legislativo más amplio. La idea central es simple de explicar, aunque compleja de ejecutar: erradicar cualquier remuneración que esté por debajo de un nivel considerado suficiente para vivir.

Quienes promueven la propuesta insisten en un concepto clave que vale la pena subrayar: la asequibilidad no se logra solo con precios más bajos, sino también con salarios más altos. En una ciudad donde la renta, los alimentos y los servicios básicos no dejan de subir, el salario mínimo actual parece quedarse corto para una parte importante de la población trabajadora, especialmente en sectores muy presentes en la comunidad hispana, como restaurantes, hoteles y servicios personales.

¿POR QUÉ US$30 POR HORA?

Aquí entra en juego un dato que suele citarse para dimensionar el problema: la Calculadora de Salario Digno del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) estima que una persona soltera sin hijos necesita ganar alrededor de US$30 por hora para cubrir sus gastos básicos en la ciudad de Nueva York, trabajando a tiempo completo (2,080 horas al año). Esa cifra no pretende ser un “sueldo ideal”, sino el umbral mínimo para pagar vivienda, comida, transporte, salud y otros rubros esenciales sin caer en deudas crónicas.

Ese cálculo es uno de los pilares del proyecto patrocinado por la senadora estatal Julia Salazar, quien ha sido clara al describir lo que ve en su distrito: personas con dos o tres empleos que, aun así, no llegan a fin de mes. Desde su perspectiva, vincular el salario mínimo al costo de vida real es el primer paso hacia un ingreso verdaderamente digno, especialmente en una ciudad donde la inflación en vivienda y servicios lleva años golpeando con fuerza a la población de bajos ingresos.

El estado de Nueva York es uno de los más costosos de todo el país (Foto: AFP)
El estado de Nueva York es uno de los más costosos de todo el país (Foto: AFP)

UN SALARIO MÍNIMO ÚNICO, SIN EXCEPCIONES

Uno de los puntos más sensibles —y más discutidos— del paquete legislativo es la eliminación de las escalas salariales especiales. En la práctica, esto significaría terminar con el salario por debajo del mínimo para:

  • Trabajadores de restaurantes y hoteles que reciben propinas
  • Personas con discapacidades
  • Trabajadores encarcelados

La propuesta incluye la Ley de Salario Justo Único (One Fair Wage), que busca que todos los trabajadores reciban, como base, el mismo salario mínimo legal, sin “subsalarios” para quienes dependen de propinas. Para facilitar la transición, se plantea un crédito escalonado para los empleadores del sector gastronómico y hotelero, de modo que pequeños restaurantes y negocios familiares tengan tiempo para ajustar sus estructuras de costos.

Además, el proyecto eliminaría las disparidades regionales dentro del estado y permitiría que los gobiernos locales establezcan salarios mínimos más altos cuando el costo de vida así lo justifique, una cuestión clave en ciudades como Nueva York frente a otras zonas del estado donde la vivienda y los servicios son más baratos.

EL RESPALDO DE LOS DATOS (Y DE LOS INFORMES)

Los defensores de la iniciativa suelen apoyarse en cifras recientes. Un informe de la organización One Fair Wage advierte que cientos de miles de trabajadores que reciben propinas han quedado históricamente excluidos de los aumentos salariales plenos, precisamente por el sistema de submínimos y créditos por propina. Según el reporte, esta estructura no solo limita los ingresos de quienes dependen de las propinas, sino que también los deja fuera de otros programas de alivio económico basados en impuestos.

En palabras de legisladores estatales que respaldan la medida, mantener salarios mínimos de varios niveles “traslada los costos laborales a los trabajadores y a los clientes, en lugar de a los empleadores”, al obligar al público a compensar vía propina lo que el salario base no cubre. Organizaciones que apoyan la campaña señalan, además, que el actual sistema de propinas impacta de forma desproporcionada a mujeres y mujeres de color, muchas de ellas latinas, que se concentran en empleos de servicio mal remunerados.

EL TEMOR DE LOS PEQUEÑOS NEGOCIOS

Del otro lado del debate están los propietarios de pequeñas empresas, especialmente en condados como Queens, donde la mayoría de los comercios tiene menos de 10 empleados y funcionan con márgenes muy ajustados. Para ellos, un aumento de esta magnitud es visto como un acto de equilibrio delicado entre pagar mejores sueldos y sobrevivir en un entorno de costos crecientes.

Tom Grech, presidente de la Cámara de Comercio de Queens, y otros representantes empresariales han advertido que muchos comerciantes no podrían absorber un ajuste salarial tan fuerte sin consecuencias visibles. El temor más repetido es claro: despidos, aumento de precios o, en el peor de los casos, el cierre de negocios familiares que llevan años operando y que forman parte del tejido cotidiano de barrios con alta presencia latina, desde bodegas hasta taquerías y peluquerías.

LA PROMESA DE ZOHRAN MAMDANI

La discusión tomó aún más fuerza tras las promesas de campaña del ahora alcalde Zohran Mamdani, quien propuso llevar el salario mínimo de la ciudad de Nueva York a US$30 por hora para 2030. Su plan plantea un aumento gradual, en coordinación con el Concejo Municipal, actualmente de mayoría demócrata, y abre un debate jurídico sobre hasta dónde puede llegar la ciudad en materia de salario mínimo, tradicionalmente fijado por el estado.

El cronograma propuesto es el siguiente:

AñoSalario mínimo propuesto
2027US$20 por hora
2028US$23.50 por hora
2029US$27 por hora
2030US$30 por hora

A partir de 2031, el salario se ajustaría automáticamente según el aumento del costo de vida o de la productividad, lo que resulte mayor, un mecanismo pensado para evitar que el poder adquisitivo vuelva a deteriorarse con el tiempo. Mamdani lo resume sin rodeos: hoy, con el salario mínimo actual, muchas personas simplemente no pueden permitirse seguir viviendo en la ciudad, una realidad que se siente con particular intensidad en comunidades inmigrantes.

Zohran Mamdami, alcalde de Nueva York, es creyente de la propuesta para aumentar el salario mínimo (Foto: AFP)
Zohran Mamdami, alcalde de Nueva York, es creyente de la propuesta para aumentar el salario mínimo (Foto: AFP)

CONTEXTO ACTUAL DE NUEVA YORK

Para entender el contexto completo, conviene repasar el marco actual del salario mínimo en el estado de Nueva York:

  • En 2024, el salario mínimo subió a US$16 en NYC, Nassau, Suffolk y Westchester, y a US$15 en el resto del estado.
  • En 2025 y 2026, se aprobaron aumentos adicionales de US$0.50 por año: en 2025 pasó a US$16.50 y en 2026 a US$17 por hora en la ciudad de Nueva York, Long Island y Westchester, y a US$16 en el resto del estado.
  • A partir de 2027, los incrementos se ajustarán según un promedio móvil de la inflación regional, basado en el índice de precios al consumidor para el noreste de Estados Unidos.

Este esquema, anunciado por la gobernación estatal, buscó dar previsibilidad a trabajadores y empleadores, aunque para muchos sigue siendo insuficiente frente al costo real de vivir en Nueva York, especialmente en áreas urbanas donde los alquileres y otros gastos esenciales superan con facilidad el ingreso de un empleo a tiempo completo al salario mínimo.

La propuesta de un salario mínimo de US$30 por hora está lejos de convertirse en ley, pero ya logró algo importante: volver a poner en el centro la pregunta de cuánto cuesta realmente vivir y trabajar en Nueva York, y qué significa un “salario digno” para quienes sostienen la ciudad con su trabajo diario. Entre legisladores, activistas, empresarios y trabajadores, el consenso es uno solo: el modelo actual está bajo presión y no hay soluciones sencillas.

Ahora queda por ver si el estado y la ciudad logran encontrar un punto de equilibrio entre salarios dignos, sostenibilidad para los negocios y una ciudad que no expulse a quienes la hacen funcionar todos los días, desde los trabajadores de delivery hasta las cuidadoras, los empleados de restaurantes y los obreros de la construcción, muchos de ellos parte de la comunidad hispana que ha hecho de Nueva York su hogar.