Es importante fomentar que los niños comprendan el esfuerzo que hay detrás de los regalos. (Foto: Nicole Michalou / Pexels)
Es importante fomentar que los niños comprendan el esfuerzo que hay detrás de los regalos. (Foto: Nicole Michalou / Pexels)

El psicólogo Jorge Buenavida ha recomendado dar menos regalos y acompañarlos de tiempo compartido para evitar la irritabilidad o rabietas que pueden tener algunos niños tras los Reyes Magos, algo conocido como ‘resaca emocional’.

“Priorizar menos regalos y acompañarlos de tiempo compartido favorece una experiencia más rica desde el punto de vista emocional, ya que el valor del juguete no reside solo en el objeto, sino en la interacción durante el juego”, ha indicado el experto.

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En este contexto, Buenavida ha explicado que algunos niños muestran cambios en su comportamiento tras el día de Reyes que pueden generar inquietud en las familias. Así, ha apuntado que la irritabilidad, rabietas más frecuentes, nerviosismo o apatía pueden aparecer en los días posteriores, incluso cuando la vivencia ha sido positiva. Estas reacciones, ha añadido, no suelen indicar un problema de conducta, sino una dificultad puntual para adaptarse al cierre de un periodo marcado por una alta intensidad emocional y cambios de hábitos o rutinas.

Según el experto, durante las semanas previas a Reyes se genera un clima de expectación que altera las rutinas habituales y expone a los niños a un mayor número de estímulos y cambios contextuales. La anticipación constante y el foco en los regalos elevan su nivel de activación diaria. Cuando ese periodo se cierra de forma abrupta y se recupera la normalidad, algunos niños necesitan un tiempo para reajustarse emocionalmente.

“En la infancia, la anticipación tiene un peso relevante. Cuando desaparece de golpe, puede aparecer un descenso del estado de ánimo que se manifiesta en forma de irritabilidad o menor tolerancia a la frustración. Si además existe cansancio acumulado o falta de descanso, la regulación emocional resulta más compleja”, explica Buenavida.

Asimismo, resalta que el tipo de juego y la forma en que se introducen los regalos también influyen en este proceso. Recibir muchos juguetes a la vez, pasar rápidamente de uno a otro o prolongar el tiempo de juego sin pausas puede aumentar la sobreexcitación. Una acumulación excesiva de estímulos dificulta la capacidad del niño para elegir, concentrarse y disfrutar del juego, lo que favorece la frustración cuando la novedad desaparece. En estos casos, las reacciones intensas no responden a una saturación emocional.

“Cuando el nivel de activación es elevado, cualquier límite se vive con mayor intensidad. Por ese motivo, resulta útil anticipar los cambios, acordar tiempos de juego y proponer alternativas más tranquilas cuando aparecen señales de cansancio”, añade Buenavida, psícólogo de Blua de Sanitas .

Por ello, aconseja fomentar que los niños comprendan el esfuerzo que hay detrás de los regalos y que desarrollen una percepción ajustada de sus recursos, ya que contribuye a la adquisición de habilidades emocionales como la gratitud, la espera y la tolerancia a la frustración. Para el experto, estos aprendizajes favorecen una mejor regulación emocional en el corto plazo y tienen un impacto positivo en su desarrollo personal y social a largo plazo.

A este contexto, el psicólogo indica que se suma la ruptura de rutinas propia de las vacaciones. Por ello, subraya que dormir menos horas, modificar los horarios de las comidas o reducir los momentos de calma afecta al equilibrio emocional.

“La vuelta al colegio y a las obligaciones habituales puede percibirse como una pérdida. En la mayoría de los casos, este proceso de ajuste se resuelve en pocos días, aunque conviene prestar atención cuando el malestar se prolonga, afecta al sueño, interfiere en la vida escolar o se acompaña de ansiedad intensa”, detalla.

En estas situaciones, el experto recomienda una valoración profesional, presencial o mediante videoconsulta, debido a que permite orientar a la familia y descartar otros factores.

Anestesia del deseo

En este sentido, la docente del Grado de Psicología y del Máster Universitario en Neuropsicología Clínica de VIU, y co-directora de la Cátedra VIU- NED, María José García-Rubio, ha advertido sobre la ‘anestesia del deseo’, un fenómeno neurobiológico provocado por el exceso de regalos que anula la capacidad de disfrute del niño.

“Se trata de la sobreexposición a estímulos gratificantes, como regalos constantes o recompensas inmediatas, lo que reduce la sensibilidad del sistema de recompensa del niño”, ha explicado.

A nivel neurobiológico, la avalancha de regalos tiene un efecto directo. Según subraya Rubio, a corto plazo se produce un “pico dopaminérgico intenso” asociado a la novedad. Sin embargo, cuando los regalos son demasiados o muy frecuentes, “el cerebro deja de percibirlos como algo especial”.

“El sistema dopaminérgico se adapta y la respuesta de placer se atenúa: el mecanismo de recompensa se ‘satura’ y deja de reaccionar de forma saludable a la novedad”, señala la experta de VIU. La consecuencia directa es que el deseo pierde su función de motor motivacional y se convierte en una “búsqueda continua de más estímulo”, pero con menos capacidad de disfrute real.

Frente a esta situación, la docente de VIU no propone prohibir los regalos, sino aplicar una regla de oro para un consumo consciente: “Menos es más cuando se acompaña de significado”.

Asimismo, la neurociencia recomienda priorizar las experiencias compartidas (tiempo de calidad, actividades al aire libre o culturales) frente a los objetos materiales. “Estas vivencias activan redes cerebrales vinculadas a la conexión social y la autorregulación, mucho más estables que los circuitos dopaminérgicos asociados a la novedad material”, concluye.