
Durante años, Scott Borba estuvo asociado al lujo, Hollywood y al exitoso negocio de la belleza en Estados Unidos. Como uno de los fundadores de e.l.f. Cosmetics, participó en la creación de una de las marcas de maquillaje más reconocidas y accesibles del país, hoy valorada en cerca de 4.000 millones de dólares. Pero cuando parecía haber alcanzado el máximo éxito empresarial, sorprendió al abandonar su fortuna y su estilo de vida exclusivo para dedicarse al sacerdocio católico en California. Este sábado, a sus 52 años, fue ordenado sacerdote en la Diócesis de Fresno, una zona agrícola muy alejada del ambiente de celebridades que frecuentó durante años.
La historia de Borba ha llamado la atención en medios estadounidenses por el enorme contraste entre su antigua vida y la actual. Durante años se movió entre celebridades y fiestas exclusivas de Hollywood. Él mismo recordó que compartía con figuras como Paris Hilton y las Kardashian, mientras disfrutaba de una mansión en las colinas de Hollywood, un Aston Martin descapotable y un armario lleno de marcas de lujo.

Además de impulsar el crecimiento de e.l.f., fundada en 2004, Borba también lanzó productos propios dentro de la industria del bienestar y la belleza. Uno de los más conocidos fue Borba Skin Balancing Water, una bebida con vitaminas y minerales enfocada en el cuidado de la piel “desde adentro”. El producto llegó a venderse en tiendas como Sephora y fue promocionado indirectamente por celebridades como Maggie Gyllenhaal.
Su fama dentro del mundo de la belleza también lo llevó a trabajar con reconocidas actrices. Uno de los casos más comentados ocurrió en 2011, cuando realizó un exclusivo tratamiento facial para Mila Kunis antes de los Globos de Oro, utilizando rubíes y diamantes triturados, según relató en entrevistas.

El cambio de Scott Borba
Pero en medio de ese éxito ocurrió un momento que, según él, cambió completamente su vida. Durante una de las fiestas que organizaba, aseguró haber tenido una experiencia espiritual profunda en la que sintió la presencia de Dios y del Arcángel San Miguel. Ese episodio lo llevó a cuestionar el estilo de vida que llevaba y a sentir un vacío que el dinero no lograba llenar.
Borba confesó posteriormente que comenzó a sentirse atrapado en una rutina superficial enfocada en la apariencia y el estatus social. Incluso llegó a describir aquella etapa como una “vida pervertida”, al considerar que promovía estándares de belleza y aspiraciones alejadas de lo que hoy cree correcto espiritualmente.
En 2019 tomó la decisión definitiva: abandonar el mundo empresarial, donar toda su fortuna a obras benéficas y comenzar su preparación religiosa. Ingresó al seminario de San Patricio, en Menlo Park, California, donde pasó cinco años formándose antes de convertirse oficialmente en sacerdote.

Ahora vive de manera completamente distinta. Según ha contado en varias entrevistas, reside en una habitación pequeña y austera, con apenas lo indispensable. Aun así, asegura que nunca había sido tan feliz como ahora y que finalmente siente que su vida tiene un verdadero propósito.
La ceremonia de ordenación se realizó en la Iglesia de San Carlos Borromeo, en Visalia, California, y fue dirigida por el Obispo de Fresno, Joseph V. Brennan. Junto a Borba también fueron ordenados los diáconos Marco Ayala y José Francisco Orozco.









