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WEF: Lo que las empresas pueden aprender de las organizaciones voluntarias

FOTOS | Luego de participar activamente de diferentes espacios y grupos humanos unidos por un fin social en común, comencé a preguntarme ¿Para qué participo –una y otra vez- de este tipo de espacios? ¿Qué hace que le dedique tiempo y esfuerzo a expensas de otras actividades? 

FOTOS | Luego de participar activamente de diferentes espacios y grupos humanos unidos por un fin social en común, comencé a preguntarme ¿Para qué participo –una y otra vez- de este tipo de espacios? ¿Qué hace que le dedique tiempo y esfuerzo a expensas de otras actividades? ¿A dónde me conducen estas experiencias o qué objetivo personal estoy cumpliendo al involucrarme en este tipo de organizaciones? ¿Cuál es su secreto para mantener vivo el compromiso, el sentimiento de pertenencia e identidad y la satisfacción de sus miembros, con escasez de recursos y sin remuneración o prestaciones de por medio?

Hace ya algún tiempo que la sociedad está inmersa en un contexto de creciente incertidumbre donde la economía cambia a pasos agigantados y a un ritmo vertiginoso arrastrada por irrupción de nuevas tecnologías en distintos campos del conocimiento humano, dando lugar al surgimiento de una nueva etapa en la historia de la humanidad, la llamada 4ta. Revolución Industrial. Tal es la magnitud de estos avances, que no solo impactan en la economía, sino que también han acelerado los cambios en los paradigmas sociales y han redefinido la manera en la que nos interrelacionamos como individuos y como sociedad.

Un ejemplo de estos cambios son los millennials, a los cuales ya no les es suficiente con que las empresas les ofrezcan una rápida ascensión en el status corporativo o tener una remuneración superior a la media y recibir beneficios tales como disponer de un seguro de salud “premium” como otrora era el estándar aspiracional profesional de la generación “x”. A la actual generación de jóvenes profesionales les atraen los desafíos y las experiencias laborales, profesionales y personales significativas, buscan contribuir a resolver problemas relevantes para la sociedad o bien vivir la vida de sus sueños en el presente, y no esperar a la jubilación para dedicarse a hacer lo que les apasiona. Y a la hora de elegir desarrollarse profesionalmente dentro de una compañía, valoran los ambientes laborales con un balance trabajo/vida personal más equilibrado y flexibilidad en la jornada laboral.

En este marco, las empresas luchan cada vez más por captar, gestionar y fidelizar a los jóvenes talentos para mantenerse competitivas, ya que el principal diferencial y factor de éxito de una compañía es la capacidad que tiene su capital humano para responder de manera ágil a los cambios en el entorno y anticiparse a las acciones de sus competidores mediante la innovación disruptiva en todos sus procesos. Es así que la gestión del talento organizacional representa un reto constante que obliga a las mismas a ser cada vez más atractivas para sus colaboradores, destinando una cantidad creciente de sus recursos para diseñar e implementar estrategias de employer branding que agreguen valor a los planes de carrera y reduzcan la rotación y emigración de jóvenes profesionales hacia entornos más flexibles y balanceados pero a la vez desafiantes.

Quizás las respuestas a estos desafíos que enfrentan las empresas se encuentren en las organizaciones voluntarias sin fines de lucro (OVSFL), que sin los recursos con los que cuentan aquellas se embarcan a dar respuesta a problemáticas sociales y/o ambientales que por su naturaleza no son atendidas por el mercado, muchas veces convirtiéndose este viaje en una odisea por las limitaciones con las que cuentan y la complejidad de los sistemas que componen dichas problemáticas.

Pero a pesar de estos obstáculos, las organizaciones voluntarias cuentan con ciertas ventajas de las que las empresas pueden -y deben- adoptar para mantenerse a flote en un ambiente altamente competitivo.

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