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Ecosistemas enteros colapsan, alimentos son los próximos

Las posibilidades de salvar los arrecifes de coral del mundo están desapareciendo debido al blanqueamiento masivo, según un artículo escrito por científicos de cuatro continentes y publicado en la revista Science la semana pasada.

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(Foto: Reuters)

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El mundo en el que crecimos está desapareciendo.

Desde los trópicos hasta los polos, los efectos del cambio climático están transformando los ambientes que los humanos han conocido desde la prehistoria.

Las posibilidades de salvar los arrecifes de coral del mundo están desapareciendo debido al blanqueamiento masivo, según un artículo escrito por científicos de cuatro continentes y publicado en la revista Science la semana pasada. Tales eventos, causados por aguas más cálidas que lo usual, no se habían observado nunca hasta la década de los ochenta, pero ahora ocurren una vez cada seis años. Muchos biólogos marinos ahora creen que verán la desaparición de los arrecifes de coral en todo el mundo durante el transcurso de sus vidas.

Tendencias similares están en curso en climas más fríos. El Ártico no muestra señales de volver a las condiciones de una capa de hielo confiable que se han mantenido al menos desde que se recopilaron datos por primera vez, a fines del siglo XIX, escribieron científicos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos en una revisión anual el mes pasado. Las temperaturas del permafrost alcanzaron niveles máximos récord en 2016 y la región en su conjunto se está calentando dos veces más rápido que la tasa global, escribieron.

Si cree que eso es lo peor que le depara el próximo siglo de cambio climático, revise lo que está sucediendo en los terrenos agrícolas.

La producción de las granjas del mundo necesita crecer a un ritmo vertiginoso en las próximas décadas. El aumento de la población y los crecientes ingresos que ya están impulsando el consumo de productos que requieren el uso de grandes cantidades de terreno, como la carne, se traducen en que la demanda de productos agrícolas y ganaderos aumentará entre un 70% y un 110% entre 2005 y 2050, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura.

Sin embargo, se prevé que la tierra útil apenas aumentará. A pesar de que climas más cálidos abren tramos muy fríos de Canadá, Rusia y China a la agricultura, la desertificación y la degradación en otros lugares significa que el área de tierra considerada moderada o altamente apta para la agricultura solo aumentará de 33,2 millones de kilómetros cuadrados a 34,1 millones de kilómetros cuadrados hacia el final de este siglo, según un estudio de 2014.

El cambio climático ya está jugando un papel aquí. Las fuertes lluvias de primavera en el Medio Oeste de EE.UU., que se han relacionado con los efectos del calentamiento global, son una de las principales causas de la escasez de proteínas en el trigo, lo que ya ha provocado tensiones en los mercados estadounidenses de cereales. El actual gélido clima invernal podría exacerbar los mismos problemas, mientras que el aumento de las concentraciones de dióxido de carbono podría reducir el contenido de nutrientes de los cultivos a escala global.

Es muy pronto para desesperarse. Si bien las devastadoras hambrunas de los siglos XIX y XX en los imperios británico y chino inicialmente parecieron confirmar las proyecciones del economista Thomas Malthus de que el mundo corría el riesgo de quedarse sin alimentos, las últimas décadas han demostrado que el hambre es más el resultado de una política mala o perversa que de limitaciones medioambientales.

La desnutrición, que llegó al 20% de la población mundial a principios de los noventa, cayó a solo un 10.6% en 2015, antes de aumentar en 2016 por primera vez en 14 años.

Las actuales existencias de tierras serían bastante adecuadas para satisfacer las demandas agrícolas de 2050, siempre y cuando los agricultores logren usarlas de manera más eficiente y rentable, según un estudio de 2015.

En efecto, en la actualidad, parece que el mundo se está ahogando en un exceso de productos agrícolas. El subíndice de agricultura de Bloomberg registró un mínimo histórico de 46,8 el mes pasado debido a las caídas en los precios del azúcar, el café, el trigo y el maíz.

Dichas condiciones no durarán para siempre. En los próximos años, la adquisición de Syngenta AG por parte de China National Chemical Corp. y las fusiones que crearon DowDuPont Inc. y Nutrien Ltd. –sin mencionar las adquisiciones pendientes o posibles de Monsanto Co. a manos de Bayer AG y de Bunge Ltd. por parte de Glencore Plc– pueden llegar a ser vistas como momentos en que administradores con visión de futuro vieron más allá de los excesos temporales de la granja para ver un porvenir más difícil y más rentable. Los inversores que valoran a Mosaic Co. y Deere & Co. con una prima respecto del S&P 500 ya parecen creerlo.

De todos modos, los eventos en los océanos tropicales y el gélido Ártico deberían ser motivo de preocupación. El coral y la cubierta de hielo pueden sobrevivir a los eventos de calentamiento siempre que las anomalías sean lo suficientemente raras para permitir que los ecosistemas se recuperen, pero cuando los golpes se presentan muy cerca unos de otros, el camino hacia la destrucción se vuelve inexorable.

La revolución verde del siglo XX en la agricultura tuvo lugar en el contexto de un clima global en un estado estable que permitió recuperaciones similares de cosechas malas, pero esas condiciones están pasando rápidamente a la historia.

Durante décadas, la humanidad ha mantenido mayoritariamente su ventaja en la carrera entre la productividad agrícola y la inanición. En el futuro, correremos más rápido solo para mantener el ritmo.

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