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Sector privado: la bisagra más importante...

articulo-bisagra En medio de tanto ruido, varios eventos pasaron desapercibidos. El 24 de mayo María Isabel León de Céspedes, primera mujer al mando de CONFIEP, viajó a Lambayeque para generar alianzas con emprendedores y pequeños empresarios. El mensaje más llamativo de este encuentro nació de ella misma. “Su papel dentro de la Confiep -afirmó- será el de ser una gran bisagra entre la Pyme y la gran empresa, pero también lo serán con el Estado para darles luces de los puntos que tenemos que destrabar para que la visión empresarial sea conducida sin ningún tropiezo”.

Y aquí me detengo porque al leerlo, surgieron en mi mente dos reflexiones, alineadas con la actual coyuntura, que no quisiera dejar pasar.

Primera. Es genial que León de Céspedes hable de una bisagra entre la pequeña y la gran empresa. En un contexto en el que un ministro de Justicia habla de empresas estatales (ya había propuesto un proyecto de ley para que el estado sea propietario de los meteoritos y cuerpos celestes que caen del cielo), la izquierda partidaria e ideológica quiere reformar toda la constitución, algunos ministerios no han avanzado nada en su ejecución de proyectos de inversión, y el presidente y el primer ministro siguen en campaña mediática, el empresariado tiene que estar unido para defender la libertad económica, la propiedad privada, el modelo de libre mercado y no permitir que les metan grasa o hueso en la reforma. Ojo con esto. Es notoria la cercanía de muchos asesores y burócratas con ideas trasnochadas y populistas.

Pero la unidad debe empezar en casa. La gran empresa hoy se demora en promedio 87 días para pagar facturas (Gestión, 5 de mayo 2019). Y evidentemente los que sufren esto son los pequeños. ¿Quieren que el Congreso, como en Chile, les regalé una ley para obligarlos a pagar en 30 días? No creo. ¿Qué esperan? Ahí funciona la bisagra. Hagan algo para generar unidad. Si no, serán los pequeños empresarios los que, como es usual, se refieran a la “gran empresa” como si fuera “otro”.

Otro ejemplo. La mayoría de pequeñas empresas no tienen políticas de desarrollo sostenible o sostenibilidad. No insertan aún en su cultura elementos que hoy son indispensables si se quiere ser competitivo. La gran empresa tiene mucho que enseñar, pero es responsabilidad de la mediana y la pequeña querer aprender. Ética, compliance, buen gobierno corporativo, transparencia, enfoque de derechos humanos, transformación digital, cuidado del medio ambiente… ¿Para cuándo?

Segunda. Sin embargo, hace falta con urgencia una bisagra entre la empresa y la sociedad civil. Y no me refiero a la bisagra “modo Indecopi”: dame un buen servicio, quién es tu jefe de atención al cliente, cuáles son tus canales de reclamos. No.

Hoy en día, la gran mayoría de peruanos “odia” a la gran empresa y este elefante en la sala tiene tiempo. La batalla de las ideas ha sido ganada hace tiempo por la izquierda y los progresistas. Del rechazo izquierdista hacia la propiedad privada y la libre competencia, no es necesario dudar. Pero lamentablemente el progresista, teniendo agendas legítimas en cuando a libertades y derechos sociales, nunca estuvo ni está interesado en las libertades económicas. Y, aunque él no lo crea, sin libertades económicas, no hay libertades sociales. Primero se crece, después se cubren derechos. Los derechos cuestan y alguien los paga.

¿No sería un gran proyecto que la gran empresa invierta recursos concretos en defender las libertades económicas en colegios, universidades y foros académicos, y no solo en eventos de traje oscuro? ¿No sería genial empezar a ver empresarios que salen a “evangelizar” a esos millones de peruanos que piensan que el empresario es tan corrupto como el político, que el liberalismo es sátrapa, y el capitalismo es el demonio? Pareciera que el empresario no entiende aún que el que elige, el que respalda, el que agita, es el ciudadano de a pie; ese que cuando vota, primero cree en la promesa populista antes que en la libertad empresarial o la propiedad privada.

¿Las pequeñas empresas tienen algo que hacer en este sentido? Claro que sí. Si constituyen el 99.5% del sector empresarial, dando trabajo a más de 9 millones de personas, ¿qué están haciendo para promover los valores de la libertad económica entre sus trabajadores y familias? ¿Cómo combaten el paternalismo y el populismo que lamentablemente existe en varios de sus líderes y gremios?

Si vamos a hablar de una “nueva cultura empresarial”, busquemos empresarios, de cualquier tamaño, que se quitan la corbata, salen al campo y se comprometen con ese peruano que no está de su lado. Esa sería una bisagra histórica.

 

 

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