Módulos Temas Día

Síntesis legislativa José Ignacio Beteta Bazán José Ignacio Beteta Bazán

Prendan la luz... Estamos ciegos.

Al estado peruano no le falta ni dinero ni gente. Lo que falta son personas que sepan gestionarlo y quieran servir al emprendedor, que es el que mueve al país hacia adelante.

Al presidente Vizcarra, por ende, no le faltan recursos ni mano de obra. Tiene más de 1 millón de trabajadores. Pero, ¿cómo pedirle a alguien que gestione bien un dinero que no es suyo? ¿Cómo pedirle que lo use eficientemente cuando no se le da ningún bono por hacerlo? ¿Cómo pedirle al presidente que además de la reforma política se dedique a sacar adelante las reformas más importantes, aquellas que tienen que ver con la competitividad, la informalidad y la productividad?

Prendamos la luz un segundo, porque nos están dejando ciegos.

Sector Salud. Mientras el presidente, bastante mal asesorado, empieza a arremeter contra el sector privado, la ejecución presupuestal del sector es paupérrima. A mayo 2019, Salud solo ha ejecutado el 32.5% de sus recursos. Ojo que el monto es bastante engañoso porque las transferencias al SIS alcanzan casi el 70% desde enero, llegando a 88.6% en mayo, y eso sube el ”devengado” global del sector. El Ministerio de Salud como pliego sólo tiene 25.9% de ejecución, y en las categorías de “Compra de Bienes”, “Productos Farmacéuticos”, y “Medicamentos” apenas se ha ejecutado 21.2%, 14.8%, y 17% respectivamente. Penoso.

Si tomamos en cuenta que 8 de cada 10 unidades de medicamentos son distribuidas por el estado; que es el estado el comprador del 90% de las medicinas del mercado; y que todas las encuestas confirman que los pacientes no tienen acceso oportuno a las mismas en las farmacias del estado… Estado, estado, estado. Caramba, vale la pena preguntarse, ¿qué hace Vizcarra enfocándose en las farmacias privadas cuando el problema está en el sistema estatal de salud? Primero que ordene su casa, porque es ahí donde se atienden los más pobres, aquellos que el llama “las amplias mayorías”.

Canon de la industria extractiva. Las cifras son patéticas. No solo la Asociación de Contribuyentes, también la Sociedad Nacional de Minería, la de Hidrocarburos, y otros varios actores han denunciado el tremendo desperdicio de estos recursos. Para que se hagan una idea, en los últimos 3 años, solo Arequipa, Tumbes y Piura han recibido más de 3,700 millones de soles por canon, sobrecanon y regalías (incluyo aquí canon minero y petrolero). En promedio, el 40% de este dinero se aplicó a gasto corriente, compra de combustibles, consultorías menores de 30 mil soles, canchas deportivas, parques, veredas, jardines, servicios de mantenimiento, sueldos de asistentes en las calles…

¿Agua y saneamiento? Nada. ¿Desarrollo productivo? Casi nada. ¿Educación, salud? Menos aún. Alguno dirá que dado que la minería y el petróleo tienen larga vida, las autoridades regionales y locales tienen “derecho” a usar estos recursos en sus gastos ordinarios… No estoy seguro de ello. Pero si fuera así, entonces lo que debemos exigir son 3 cosas: 1. que el gasto esté vinculado a una planificación correcta; 2. que sea fiscalizado por el mismo estado, por el Ministerio de Economía y Finanzas y por la Contraloría, y 3. que el estado acompañe la inversión extractiva en vez de darle la espalda, porque si supuestamente cuenta con esos recursos en los siguientes 30 años (para gasto corriente), en vez de enterrar la cabeza, debería salir a poner el pecho por la industria extractiva formal y responsable. Qué tal cuero, Dios mío.

Ni qué decir de la informalidad y el subempleo, de la parálisis de los proyectos de infraestructura, de nuestros tímidos avances en innovación, gobierno digital, simplificación administrativa, y eliminación de barreras burocráticas. Todo esto se mueve gracias a algunos náufragos en el sistema estatal y al empuje de la sociedad civil y el sector privado.

Voy terminando. La culpa la tenemos nosotros, no Vizcarra, no Del Solar, no Oliva. Por dos razones principalmente.

1. No nos interesa la Política Pública. Nos interesa la “política” con “p” minúscula. Y si el estado es paternalista y le pega a los ricos, bien hecho. Y si el estado le pega a los venezolanos que nos quitan el trabajo, bien hecho. Pero no es así. Los venezolanos no tienen la culpa de que falte trabajo. La culpa de que no haya trabajo la tiene el estado porque no promueve la inversión privada que es la que da trabajo. El estado no tiene dinero para ser paternalista, querido amigo sindicalista o agremiado, el dinero lo tiene la inversión privada que es la que produce riqueza. Pero esto no lo sabemos o no lo queremos aceptar, y entonces aplaudimos al presidente popular, víctima de los grandes grupos de poder.

2. Nunca legitimamos el modelo de libre mercado con ética y compromiso. Más allá de esfuerzos aislados y loables, el empresariado, grande, mediano y pequeño, fue inmediatista, desconectado de la realidad, lobista; preocupado en apagar incendios o prevenir leyes o regulaciones que afecten su bolsillo, nunca tuvo la intención honesta de formar jóvenes y trabajadores que creyeran en la libertad económica. ¿Pensaban que de eso se debía encargar el estado? ¿Ese que no sabe usar el dinero y no entiende de libertades porque vive del control?

Entonces, ¿cómo hacerle entender al ciudadano de a pie que alrededor del presidente hay un grupo con una agenda clara que nos está manteniendo a pan y circo con los cuentos de los venezolanos delincuentes, el control de precios de medicamentos, la bendita reforma política, los blindajes, las promesas de 40 o 50 hospitales, y otras tantas mentiras, medias verdades o ilusiones? ¿cómo hacerle entender al ciudadano que solo la inversión privada trae riqueza, desarrollo y trabajo, no el estado, no la burocracia? Aún no tengo la respuesta, pero tengan por seguro que así como la Asociación de Contribuyentes, ya hay muchos que están buscando el interruptor, porque hay que prender la luz. Nos están dejando ciegos.

 

 

Leer comentarios ( )