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Síntesis legislativa José Ignacio Beteta Bazán José Ignacio Beteta Bazán

El APRA nunca muere, pero...

Alan-Garcia_09 Después de casi 100 años de existencia, el Partido Aprista Peruano (PAP) llega al culmen de una nueva crisis, en Semana Santa providencialmente, en Viernes Santo por si fuera poco. Y aunque estos días están plagados de misterio, para nadie lo es que toda crisis es una oportunidad y una etapa de cambios, renovaciones o confirmaciones. Todo tiembla.

Así, entretejer la crisis política del partido de la estrella con estos días de reflexión, parece obligatorio. La muerte de Alan, quien para casi todos (amigos o enemigos) fue el líder político más hábil, capaz y sólido del país, es un acontecimiento original y complejo.

¿Qué pierde el APRA con la partida de Alan García?

El partido pierde a su líder, pierde su poder en los ámbitos empresarial, social y político dentro del país. Pierde su fama, simpatía y contactos en círculos políticos internacionales importantes. Pierde su personalidad, su inacabable capacidad para aparentar estar siempre en lo cierto, mirando fijamente, sin temblar; su plenamente aceptada, odiada o admirada, presencia imponente, soberbia, indolente, por encima de las cosas. Tenía 70 años, le sobraba energía. Es triste, y es una gran pérdida.

¿Qué gana el APRA con la partida de Alan García?

La muerte no es el fin y el Triduo Pascual así lo demuestra. Si el grano de trigo no se destruye, no da fruto, dicen. Pues bien, en primer lugar, la partida de García le da al PAP la oportunidad de convertirse en una institución y dejar de ser una masa de militantes detrás de un líder espiritual de barro. Ese es el fruto que se espera.

No sabemos si la segunda fila de líderes será capaz de mirar el horizonte, más arriba, pero es lo que toca. ¿Recibiría el APRA ayuda internacional, de otros partidos o fundaciones? Probablemente. Pero para resucitar como institución, necesitará orden, planificación, profesionalización de procesos, decisiones eficientes, mantenerse unido, tener fe, creerle al ideal y no a la persona.

En segundo lugar, García liberó a los apristas del propio García: uno de los políticos más odiados del Perú, siempre presente en las encuestas, pero cada vez más abajo y con menos apoyo. Odiado especialmente por esta elite progresista joven, no tradicional, que hoy copa la prensa, las redes y no pocos espacios universitarios y empresariales. Es una elite amelcochada y blandengue, a la cual García retaba en todo sentido. Así, Alan liberó al partido de su propia carga, de una mochila pesada que ya no le otorgaba el valor idóneo en este contexto histórico.

En tercer lugar, el APRA se liberó de su “caso de corrupción” más grande. Los que siguen siendo investigados, Cornejo por ejemplo, Nava, mencionen a quien quieran, no son vistos ni como apristas y menos de primera línea. Pero Alan era Alan. Era la presa a cazar. Murió inocente, y eso le duele a muchos. Librarse del investigado más importante del país, al que todos los fiscales, periodistas amigos de fiscales, jueces, ex-ministros, y una gran cantidad de políticos querían humillar, avergonzar, encarcelar y verlo demacrarse como Alberto Fujimori, ha sido definitivamente una victoria.

Finalmente, el APRA ha ganado también la oportunidad de regresar a las bases, de repensar y consolidar una doctrina y transmitirla entre sus militantes. Si bien sus bases hoy son pequeñas, débiles y poco compactas; el PAP sigue siendo el segundo partido mejor organizado del país. Todo dependerá de la segunda línea de líderes, nuevamente. El “imperio aprista” hoy no tiene emperador y es algo a lo que nunca estuvo acostumbrado. ¿Podrá resucitar de otra forma?

Muerte y Resurrección son los dos componentes de un binomio que en el caso de Cristo, es inseparable. Pero Cristo es Cristo, y el APRA, nunca muere, pero…

¿Qué ocurrirá en adelante? No lo sabemos. Lo que me atrevo a afirmar es que Alan hizo este análisis costo – beneficio mucho antes que yo, y mucho antes que cualquiera. Su decisión, aún siendo dramática fue perfecta. La carta que dejó, impecablemente escrita, así lo demuestra.

En su última decisión, de manera inusitada, única y extraña, coincidieron sus siempre prioritarios intereses individuales con los de su partido; su beneficio personal con el beneficio colectivo de los militantes; sus sueños de gloria con los de aquellos que quieren seguir luchando por el APRA. Que de Dios goce y que su familia y seres queridos reciban el consuelo y la fortaleza necesarios para seguir adelante. El grano de trigo, de alguna u otra forma, dará fruto.

 

 

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