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El dilema de Salvador

del-solar-premier El análisis político soporta muchas concesiones en favor de la polarización. La polarización vende.

Si Daniel Salaverry llama a los dirigentes fujimoristas “cúpula”, algunos opinólogos dirán que lo hizo a propósito para ofenderlos y darles un tinte de organización criminal; otros simplemente dirán que los fujimoristas son muy susceptibles, que hacen ruido por las puras, o que se lo merecen. Ambas posiciones tendrán un espacio en la televisión o la redes y alimentarán la parrilla de los medios. No hace falta anular alguna de las opciones. Pueden convivir.

Con respecto a la designación de Salvador del Solar como primer ministro, pasa exactamente lo mismo.

No son pocos los analistas que aducen que se le ha elegido principalmente por su “pinta”. Para mantener a Vizcarra encima del 60%. Con Pantaleón no hay pierde. Su carisma, su claridad suave, educada y hasta culta al hablar, y su solidez en el meta-lenguaje forjada por años como espada toledana frente a las cámaras y en los más diversos tinglados, serían garantía de que tanto Vizcarra como su nuevo gabinete tendrán en él al mejor escudo, al mejor edecán, al mejor “frontman” del concierto. Salvador del Solar sería el nuevo Fredy Mercury de la política peruana.

Otros sin embargo, ven en Del Solar la expresión de lo que pronto sería una nueva generación de políticos peruanos. Salvador del Solar, además de todas sus cualidades comunicativas y artísticas, se licenció en Derecho en 1996 por la Pontificia Universidad Católica (PUCP). Egresó con mención sobresaliente. Tiene una maestría en Relaciones Internacionales, con especialidad en Comunicación y Negociación Intercultural por la Universidad de Syracuse, Nueva York, y ha sido Ministro de Cultura. Hace ya un tiempo que quiere entrar en la carrera política de ligas mayores y es un perfil muy interesante.

Por ello, la clave no está en el diagnóstico. Hay que superar cualquier ánimo de polarización que surja a su alrededor y dar un paso más atrás.

¿Dónde se resuelve el dilema de Salvador? ¿Tenemos acaso que optar por una u otra postura?

La respuesta es fácil y se resume en la popular, famosa y extremadamente realista frase bíblica: por sus frutos los conoceréis. La solución al dilema de la designación de Salvador no pasa por diagnosticarlo, pasa por analizar qué logra hacer de verdad, en la cancha, sin actuación ni buena pinta.

Si se convierte solamente en el “salvador” de la imagen de Vizcarra, entonces, no solo tendrán razón sus detractores, sino que de alguna forma (yo, al menos) confirmaré mis dudas con respecto a esos perfiles “especiales” que dicen tener algo de público, algo de privado, algo de técnico, algo de político, pero que al final terminan siendo gente bastante egocéntrica y claro, más de lo mismo. Progresistas, la mayoría, para ser honesto.

Pero si Del Solar hace su tarea y camina sector por sector, ministerio por ministerio, gremio por gremio, región por región, y se pone como meta trabajar en las reformas económicas que el país necesita, ahora, ya mismo, entonces, las cosas serán no solo más positivas para Vizcarra y para él, sino para todo el país. Además, ideológicamente, los conservadores de derecha (siempre desatinados y apurados para el juicio metafísico) recibirán una lección contundente.

No hay ningún dilema. Tampoco hay punto medio. El Perú va muy lento. Estamos muy atrás en la carrera del desarrollo. Así que… Por sus frutos lo conoceremos. Y como en cualquier carrera política, su cronómetro ya empezó a correr.

 

 

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