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Síntesis legislativa José Ignacio Beteta Bazán José Ignacio Beteta Bazán

¿Cuándo dejaremos de ser "el mundo al revés"?

petroleoperu-imagen ¿Qué pensarían si les contara el final de la historia de la Revolución Francesa al revés? Imaginen que capturada la familia real, sus verdugos burgueses en vez de condenarlos, los sentasen nuevamente en el trono para negociar con ellos algunos beneficios rogándoles no ser condenados por haber iniciado una de las revueltas más famosas de la historia.

Imaginen que les cuento, también al revés, el final de la Guerra del Pacífico. Ya ocupando victoriosamente Lima, Lynch procede a reunirse con Iglesias, y le pide que tenga misericordia de su ejército, que lo deje retirarse al sur y le ofrece una indemnización por todos los saqueos, daños y destrucción causada en los últimos 4 años.

Imposible. En cualquier contexto histórico, en cualquier país, sería imposible. Pero no aquí. Aquí hay muchos a los que les gusta que el Perú pierda y están bien arriba en la jerarquía.

Les cuento rápidamente una historia “al revés” pero real…

El 27 de noviembre de 2018 un grupo de “protestantes” saboteó el oleoducto nor-peruano en Loreto y cercó la zona para que nadie ingrese a repararlo. ¿Saben por qué? Querían que el Jurado Nacional de Elecciones declare inválidos los resultados, simplemente porque no ganó el candidato que apoyaban.

Entre el 27 y el 28 de aquel mes, los medios más importantes cubrieron este tema, pero obviamente nadie fue al fondo del asunto. La noticia se calentó un par de días y se apagó. Teníamos un referéndum cerca. Las peleas entre Vizcarra y sus agonizantes contrincantes seguían dándole gasolina popular. Escenario perfecto para dejar que el petróleo se siga derramando sin que nadie diga algo.

Después de días, las empresas petroleras dejaron de trasladar petróleo, la selva se seguía contaminando, las pérdidas económicas crecían y Loreto terminaría en negativo por este incidente, pero ni la Presidencia del Consejo de Ministros, ni el Ministerio Público, ni el Ministerio del Ambiente hicieron nada relevante.

En este contexto, y como era de esperarse, otra comunidad aprovechó la debilidad del estado. La comunidad Chapi detuvo la operación en el lote 192 el día 7 de diciembre, solicitando que el estado vaya a atender “sus reclamos” (casi todos económicos y casi todos inventados). Pidieron que vaya el mismo Vizcarra, nadie más. Además, decidieron que ellos mismos debían ser contratados para reparar el oleoducto (obviamente).

¿Nada nuevo? Les resumo la historia. Estamos 5 de febrero (han pasado 68 días) y todo sigue igual: oleoducto roto, zona tomada, comunidades en protesta, pérdidas económicas enormes.

Recién hace 15 días, no por urgencia evidentemente, el primer ministro César Villanueva decidió poner el tema en su agenda. No viaja él “por mal tiempo”, pero envía una delegación de 24 emisarios a la zona. ¿Qué ocurre entonces? Los 24 emisarios son secuestrados por la “comunidad” rebelde.

¿Qué hizo el premier, entonces? No le queda otra. Por fin viaja a Loreto el 16 de enero. Logra liberar a los delegados e instala una mesa de “diálogo”.  Sí. Pero, ¿saben para qué? (cito literalmente el comunicado): para generar un “dialogo consensuado” y atender los “reclamos” de las comunidades. Luis XVI regresa al trono. Chile se rinde en 1883. El estado peruano se pone de rodillas.

Reflexionemos sobre nuestro mundo al revés:

Primero, ¿alguien hizo algo para detener este sabotaje? Sí. Petroperú envió cartas avisando a las autoridades competentes de la amenaza de boicot del oleoducto, en noviembre, con la anticipación debida, pero nadie quiso hacer nada. ¿Para qué hacer algo si puedes enterrar la cabeza?

Segundo. El premier no viaja para investigar y procesar a los delincuentes que han saboteado el oleoducto, o para procesar a quienes han mantenido la zona cerrada para que nadie pueda repararlo, o para procesar a quienes mantuvieron en cautiverio a 24 delegados del estado. No. Villanueva viaja para “dialogar” y atender “reclamos”. Podría haber separado la paja del trigo, pero no lo hizo. Dejó que la impunidad lo derrote.

Tercero. ¿Quiénes son los saboteadores? No son indígenas por si acaso. No son poblaciones vulnerables. No se crean el cuento ni lo quieran contar. Son sujetos golondrinos, foráneos, líderes anti-inversión, ex – trabajadores descontentos, agitadores, delincuentes… Aquí no ha habido responsabilidad empresarial. Tampoco ha habido responsabilidad del estado. Las comunidades nativas que buscan el desarrollo no hacen estas cosas. Las empresas formales no fomentan esta violencia.

En el 2012, la inversión en petróleo llegó a 1900 millones de soles. Sí, durante el gobierno del “rojo” Ollanta Humala. En el 2018, no pasó de 500. ¿Por qué? Porque en Perú las historias terminan al revés.

 

 

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