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Síntesis legislativa José Ignacio Beteta Bazán José Ignacio Beteta Bazán

Mensaje al MINSA: "no te rindas, comisión sectorial"

ministrasaludzulemaUn milagro en Navidad. el Ministerio de Salud, en un arrebato de inspiración que agradecemos, tomó conciencia de las varias reformas que requiere la Ley de productos farmacéuticos (Ley Nº 29459) y su reglamento. Necesita ser actualizada y mejorada a tono con los cambios que el mundo de la tecnología sanitaria presenta. Se trata de simplificar, de mejorar procesos, de optimizar el acceso universal a productos farmacéuticos de calidad, en forma oportuna y equitativa. Claro, después de la penosa ejecución presupuestal de esta partida en el 2018, nada menos podía hacerse.

Para ello creó una Comisión Sectorial integrada por miembros del Ministerio de Salud – MINSA, la Dirección General de Medicamentos – DIGEMID, el CENARES (órgano de compra del MINSA) y el Instituto Nacional de Salud – INS. En ella participan como invitados la Cámara de Comercio de Lima, la Asociación de Industrias Farmacéuticas Nacionales – ADIFAN, la Asociación de Laboratorios Farmacéuticos del Perú – ALAFARPE, el Colegio de Químicos Farmacéuticos y el INDECOPI.

Hasta un milagro puede ser negado. Pero si hay algo que he podido constatar en el tiempo que vengo analizando el sistema de salud peruano, es que la cantidad de intereses contrapuestos “no declarados” que existen entre sus “jugadores” es lamentablemente enorme y aunque todos juegan en el mismo equipo, parece que no entienden que la mejor forma de lograr que cada uno gane, es logrando que todos ganen. Se los explico mejor con estas tres consideraciones:

Primera. Aunque estén estrechamente vinculados, una cosa es un dispositivo médico y otra un medicamento. Y una cosa es un medicamento biológico y otra uno genérico o uno bio-similar. El sistema de compras del sector no puede tratar a todos de la misma forma. Esto no implica dispersar, implica organizar. La cancha debe estar plana para todos los jugadores de acuerdo al aporte que traen y el aporte que traen se debe evaluar de forma científica, no política.

En este sentido, el principal aporte que tanto el “evaluador” como el “comprador” deben considerar es la innovación. Gracias a ella, realmente se logran mejores resultados, se ahorran muchos recursos, se empodera al ciudadano, se le quita poder al sindicato o al burócrata, se desplaza al hospital y se lleva la salud a donde está el usuario.

Si este enfoque no es aceptado en la Comisión, entonces estamos en problemas. La regulación debe renovarse de acuerdo a la modernización del mercado, no el mercado detenerse debido a los retrasos de la regulación. Apostar por la tecnología y la innovación, finalmente, disminuye el riesgo de que se prioricen intereses particulares, sindicales, políticos o mercantilistas.

Segunda. Los sindicatos o gremios estatales y algunos “foros de salud” no tienen, discúlpenme la incorrección política, una formación técnica, económica ni de política pública adecuada como para promover esta innovación de la que hablamos. ¿Cómo podrían si justamente la innovación, la tecnología y el aporte del sector privado son “el enemigo” que les quita poder y plazas ociosas en el aparato estatal? No se puede generar reformas bajo la sombra del miedo, con un grupo minoritario apuntándote a la cabeza, solo para mantener una cuota de poder irracional o detener cualquier cambio a costa del bienestar y el dinero de los pacientes.

Tercera. Tenemos decenas de expertos en evaluación de tecnologías sanitarias y en compras, que han hecho inmejorables propuestas: más transparencia, más criterios técnicos de evaluación, más centralización en los procesos, menos dispersión, menos discrecionalidad por parte de funcionarios y profesionales en salud, más fiscalización y mayores sanciones a los corruptos o mercantilistas. Existen entidades internacionales que hacen las cosas bien hace décadas en ambos temas. ¿Para qué mirarnos el ombligo? ¿Para qué engordar nuestra maraña regulatoria? Limpiemos la mesa. Borrón y cuenta nueva. Tenemos presupuesto, hay recursos. Ojalá, entonces, que en 30 días las conclusiones y reformas tomen en cuenta la voz científica, la voz técnica, la voz del sector privado y la ciudadanía, no la voz del miedo y la corrupción.

No te rindas, Comisión Sectorial. No te rindas.

 

 

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