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Síntesis legislativa José Ignacio Beteta Bazán José Ignacio Beteta Bazán

Suicidio sin asistencia

hector-becerril-se-inhibe-de-participar-en-comisio-830396-jpg_604x0 Los reportes que diversos medios han publicado mostrando la paupérrima calidad de la producción legislativa son abundantes. Por ejemplo, según un reciente informe de El Comercio, en el último año se duplicaron las leyes declarativas (de 31 a 68) pero solo se aprobó una ley para combatir la corrupción.

En la Asociación de Contribuyentes del Perú monitoreamos diariamente el trabajo de nuestros padres de la patria. Las iniciativas “reprobadas” son la gran mayoría. Desde asuntos tan celestiales como declarar propiedad del Estado los meteoritos que caen del espacio, hasta asuntos tan impíos como obligar a los centros comerciales a entregar gratuitamente el papel higiénico, encontramos de todo en esta “viña del señor” en la que todos los talentos se desperdiciaron: unos cayeron al lado del camino y otros entre espinas.

Sin embargo, lo que parece digno de estudio psiquiátrico y justifica el título de este post (me disculpo por su uso, nunca escribiría sobre temas que no entiendo), es esa “insensibilidad inconsciente”, “pérdida de ubicación crónica”, o “mentira existencial” en la que deben estar sumidos nuestros congresistas para aprobar una ley tan polémica como la que modifica el régimen de pago de la CTS a un grupo de trabajadores de la Seguridad Social. Me explico.

En primer lugar, la  aprobación del Congreso con las justas y llega al 12%. El 76% de la población no quería que el fujimorismo vuelva a presidir su mesa directiva y el 82% piensa que los congresistas solo velan por los intereses de grupos particulares.

Por otro lado, la aprobación de Vizcarra se levanta (49% en promedio y 56% en Lima) y en el marco de las fiestas patrias, se arma de valor y lanza la súper popular idea de convocar a un referendum. La población aplaude. Le gustó que Vizcarra se ponga los pantalones. No importa para qué. Y como mencioné en otra entrega, ahora el #Referendum parece incuestionable. Buscar que los congresistas no se reelijan y que se dividan en dos cámaras es discutible, por no decir populista. Sin embargo, ¿con qué cara puede criticar algo este Congreso cuando el 67% de la población avala la idea del presidente?

Finalmente, aunque el fujimorismo trata de rearmar sus piezas y Kenji guarda un inteligente silencio, el 81% desaprueba a su líder. Y entonces, se confirma lo que sospechábamos en agosto del 2016. Keiko se equivocó (quizás no tenía nada más que hacer) al aglomerar a su alrededor a más de 50 invitados sin un nivel educativo adecuado, varios con acusaciones muy gruesas, y para colmo poco leales. Su sed de venganza, su radical alejamiento de su hermano, todo le está pasando la factura con intereses.

¿Vistas las cosas así, quién en su sano juicio no pondría un poco de empeño en mejorar su trabajo? Y aún en este contexto de agonía, a punto de subirse a la barca de Caronte, el 16 de agosto, el Pleno del Congreso aprueba esta ley que les menciono, y que le va a costar a EsSalud 700 millones de soles.

Con esos 700 millones de soles, querido lector, se podrían construir 14 hospitales regionales como el de Cañete o ampliar 8 veces la capacidad de atención ambulatoria del Instituto Nacional de Enfermedades Neoplásicas – INEN. Con ese dinero, se debería comprar decenas de medicamentos que en este momento no están en stock y capacitar a doctores y administrativos para que brinden un mejor trato a los pacientes.

Así debería ser. Pero no. Para bloquear iniciativas inteligentes de inversión y malgastar nuestro dinero, tenemos al Congreso. Por un lado sigue sin proponer ninguna reforma importante, y por otro, confecciona su propia guillotina sin la necesidad de contratar verdugo. ¿Por qué no entienden que están haciéndole mucho daño a la institucionalidad y a su propia reputación? No lo sabemos. Llamen a un psiquiatra por favor.

 

 

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