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®Evolución digital Oscar Ugaz

La educación que está dejando de funcionar

Algunos de los trabajos que se requerirán en el 2018 hoy no existen y las nuevas habilidades y conocimientos que se requieren para ellos no se enseñan hoy en colegios ni universidades. 


Algunos de los trabajos que se requerirán en el 2018 hoy no existen y las nuevas habilidades y conocimientos que se requieren para ellos no se enseñan hoy en colegios ni universidades. 

 
 
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Hace 5 años casi nadie hablaba de gestionar comunidades online y extraer información y negocios relevantes a partir de ellas. Hoy es un perfil que muchas empresas necesitan (y no estamos hablando del tan manido “commmunity manager” que se dedica a publicar “posts” en Facebook o Twitter con mayor o menor fortuna). 
 
 
 
 
Para algunos esto puede  sonar extraño ¿Qué tiene que ver esto con todos los ingenieros de minas que estamos formando en las universidades? ¿Qué tiene que ver con los administradores, abogados y economistas que llenan las facultades? ¿Qué pasa con los que estudian una carrera técnica rápida y muy especializada para salir a producir lo más rápido posible?
 
 
El problema de saber excavar una mina,  conocer las leyes o poder cuadrar un balance es que no necesariamente permite comprender la realidad a nivel profundo y encontrar soluciones mutuamente satisfactorias y que generen más beneficios. Ser un técnico no siempre ayuda a tomar decisiones complejas más allá de nuestras habilidades. Y el mundo es un sitio muy complejo.
 
 
Cuando todo el saber humano se puede organizar en un unos pocos discos duros, los conocimiento técnicos cambian cada poco tiempo y empiezan a ser gestionados por software y la información no es un bien escaso sino que se ha vuelto excesivo, cabe preguntarse ¿Cuál es el papel que tiene la educación? ¿Cómo educar y sobre qué educar?
 
 
La sociedad de la información, con su capacidad de producir y distribuir información y datos a gran velocidad,  ha roto irremediablemente un sistema educativo que hacía ese mismo  trabajo sobre una base memorística, un  proceso de repetición y la transmisión de arriba hacia abajo. El problema es que lo hacía sobre un volumen de información limitado  que hoy ya no existe. 
 
 
Las soluciones que ha propuesto el sistema educativo ante las nuevas tecnologías no han atacado el problema. No se trata de enseñar a usar una computadora o una tableta. Tampoco de aplicar el mismo método educativo y el mismo contenido  usando estas nuevas herramientas. El sistema educativo no sólo tiene que enseñar las nuevas tecnologías sino que tiene que cambiar completamente para preparar a sus estudiantes a un entorno que está siendo modificado constantemente por esas mismas tecnologías.
 
 
Una opción muy válida es volver a la raíz de la educación: enfocarnos menos en la memoria y más en aprender a pensar; en saber cómo elegir información y cómo acometerla para generar conocimiento y una visión crítica de lo que nos rodea.  La escuela y la universidad deben acometer esta tarea y exigirse así mismas. Esto pasa por reconocer que el acceso a las nuevas tecnologías las han superado y sus alumnos ya se han dado cuenta. 
 
 
En el mundo de hoy, el proceso educativo tiene que abarcar toda nuestra vida y para ello debemos tener herramientas que nos permitan estar en una actitud de aprender constantemente. No se trata de saber muchas cosas sino tener la capacidad para aprenderlas en el momento en  que nos sea necesario hacerlo; y, sobre todo, tener la capacidad de desaprender constantemente y ser crítico con lo que se sabía porque puede ser que en el mediano plazo ya no sea útil, necesario o relevante. 
 
 
No debe sorprendernos que esto sea lo que el mundo laboral empieza a requerir. El título académico sigue siendo importante porque da una idea de un nivel de recursos y de habilidades, pero lo que se pide es una persona que esté en condiciones de aprender, de trabajar en equipo, capaz de cambiar de idiomas y de cultura, etc. La empresa ya se encargará de enseñarle lo específico que requiere el trabajo porque quizás nadie se lo haya enseñado.
 
 
Esto es acuciante en países donde el fracaso escolar abunda y donde sólo un porcentaje sobrepasa las pruebas mínimas de lectura y escritura. Pero esto es otro problema y requiere otras soluciones. Sin embargo,  si aquellos que superan este injusto corte y llegan al escalafón máximo del sistema educativo se convierten en individuos sin capacidad de adaptación e iniciativa para generar nuevo conocimiento y mayor valor, pues es poco lo que podemos esperar. Si es así, las nuevas tecnologías se habrán convertido en una maldición en lugar de una oportunidad.

 

 

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