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Cadenas globales de valor ¿Cómo participar?

La participación de las MyPE en las cadenas globales de valor permite que aprendan a trabajar bajo estándares, accedan a tecnología y mejoren su productividad.

Uno de los objetivos con el que se suscribió el Acuerdo Marco que dio lugar a la Alianza del Pacífico, fue usar este instrumento comercial para impulsar cadenas globales de valor, entendidas estas como el conjunto de actividades sucesivas que permiten producir un producto o servicio.

La idea detrás de este objetivo es crear encadenamientos productivos entre los socios comerciales, los cuales pueden luego aprovechar los acuerdos comerciales que se tienen con los distintos mercados de destino.

El ejemplo más sencillo puede ser el de las confecciones, según el cual uno de los países produce la materia prima o la tela, y, otro la confecciona y realiza la exportación a un mercado con el cual se tiene preferencias arancelarias. Este caso se puede replicar en otras industrias como la metalmecánica, la de productos químicos, sanitarios, y para el cuidado personal, entre otros.

Los países con mayor experiencia en la participación en las cadenas globales de valor forman parte de sectores de alta tecnología, producción de autos, trenes, productos electrónicos y servicios, y, gracias a ello, las firmas pequeñas de esos países se asocian con grandes multinacionales para optimizar las estrategias de negocio de estas últimas, en tanto las MyPE aprenden a trabajar bajo estándares, acceden a tecnología y mejoran su productividad.

Un reciente documento publicado por ONUDI y la OCDE, titulado Integrating Southeast Asian SMEs in global value chains: Enabling linkages, destaca la importancia de aprovechar la inversión extranjera para lograr este propósito y da luces sobre la forma de crear condiciones para que estas cadenas se concreten. La experiencia de los países del sudeste asiático es relevante porque de acuerdo a la UNCTAD, Singapur y Malasia están en los cinco primeros lugares como países que participan en las cadenas globales de valor exportadoras.

Esto tiene que ver con el hecho cierto que la inversión extranjera tiene impactos directos e indirectos en las economías receptoras. De forma directa, implica un ingreso de capital financiero, pero también permite que las empresas que llegan a esos países impulsen el mercado local de insumos, se influya en prácticas de producción más sostenibles, se transfiera conocimiento para mejorar productos, innovar, reducir costos y aumentar productividad, lo cual repercute en su capacidad de internacionalizarse. Singapur y Malasia están beneficiándose de esos impactos.

La única condición para que esto funcione es que las MyPE locales posean las capacidades que las hagan atractivas para que los inversores quieran vincularse a ellas, que se produzca el encuentro entre unas y otras, y se generen las externalidades positivas para ambas partes.

Cuando esa inversión es entre los países que son miembros de un bloque comercial, como ocurre con la Alianza del Pacífico, las MyPE pueden contactarse con las cadenas de valor regionales y que eso contribuya a su crecimiento.

¿Qué puede hacer el Estado para crear las condiciones para que se materialicen las cadenas globales de valor en la Alianza del Pacífico y qué se puede aprender de los países del sudeste asiático?

El documento de ONUDI y la OCDE pone énfasis en lo que denominan “un entorno propicio” para atraer inversión que promueva el establecimiento de vínculos con la economía local.

Ese entorno debe tener, entre otras cosas:

  1. Una administración de justicia confiable o que existan buenos mecanismos de resolución de disputas.
  2. Eventuales esquemas de incentivos fiscales a empresas que desarrollen habilidades y capacidades de las MyPE.
  3. Zonas Económicas Especiales integradas en estrategias de desarrollo de clusters o corredores económicos que no solo sirvan para atraer inversiones sino también contribuyan a la creación de capacidades de las MyPE.
  4. Fondos para la capacitación de proveedores y una agencia que promueva la articulación entre las empresas inversoras y las MyPE.

Crear estas condiciones para atraer inversiones, exige una mezcla de decisión política, una estrategia para implementar reformas y la creatividad suficiente para diseñar los instrumentos adecuados para concretarlas.

El beneficio inmediato se refleja en el número de empresas que se articulan a las cadenas de valor y empleos y ventas que estos vínculos crean.

El gobierno actual ha mostrado que tiene iniciativa para avanzar en lo que tiene que ver con las reformas en la administración de justicia, pero está lejos de tener claro lo que hay que hacer en los otros tres aspectos.

Por ejemplo, cuando se compara lo que ocurre en nuestro país, respecto a Chile, Colombia y México solo en el caso de las Zonas Económicas Especiales, es posible advertir lo que nos estamos perdiendo.

Mientras en el Perú, los Ceticos y Zofratacna (35 empresas instaladas, entre industriales y call center con USD 318 millones en ventas por año) no terminan de reformarse y repotenciarse como herramientas para atraer inversiones, en Chile, las zonas francas de Iquique y Punta Arenas tienen juntas más de 4 mil usuarios y ventas mayores a USD 5 mil millones en el mismo periodo.

México tampoco se queda atrás, y su programa IMMEX (maquila) da cobertura a más de 6 mil empresas manufactureras y no manufactureras que elaboran, transforman o reparan mercancías o servicios para exportar y venden más de USD 180 mil millones.

Finalmente, en Colombia, las empresas que se instalan en las zonas francas tienen un impuesto a la renta de 15%, no pagan IGV, no pagan aranceles, ni se les aplica el IGV a las materias primas, insumos y bienes terminados que adquieran en el territorio nacional. Actualmente, hay 69 zonas francas del tipo uni-empresariales y tiene 43 multiempresas donde figuran 932 empresas instaladas.

¿Qué nos está faltando?

Tenemos que impedir que lo urgente, que surge todo el tiempo, le quite la atención a aspectos importantes como liderar el avance en la integración de la Alianza del Pacífico, en la medida que eso repercutirá en favorecer que las MyPE peruanas participen en las cadenas de valor. Mientras eso ocurre, hay que insistir en asegurarnos como bloque que EE.UU acepte el origen acumulativo para las exportaciones procedentes de la Alianza del Pacífico, dado que actualmente si el producto exportado forma parte de una cadena de valor creada entre nuestros países, no hay acumulación de origen.

Pero, también está pendiente la inconclusa modernización, reestructuración o reorganización de Proinversión, los cambios legislativos para que los CETICOS y Zonas Especiales puedan ser gestionadas por privados, los programas de desarrollo de proveedores y los fondos que permitan crear capacidades en las MyPE, entre otros.

Los beneficios potenciales para las MyPE merecen ponerle atención a este tema.

 

 

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