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Una de las heroínas de Pasamayo

Perú necesita más heroínas como Astrid que se dediquen a ayudar a que el talento de peruanos que no tuvieron la oportunidad de acceder a educación formal sea reconocido en el mercado de trabajo.

En memoria de Astrid Sánchez.

Roberto, nació en Lambayeque, tiene 33 años, es casado con una hija y desde hace 17 años, se dedica a realizar acabado de puertas de madera, oficio que aprendió trabajando con su padre quien también es pintor de productos de madera. Hace dos años obtuvo un diploma que certifica su competencia en la Unidad de Acabado de Madera en CiteMadera. Cuando lo recibió, Roberto describe que sintió como si se hubiera graduado de la Universidad, mucha satisfacción personal y seguridad sobre lo que sabe hacer. Esto lo impulsó a inscribirse en un programa para adultos en la Universidad para aprender a administrar mejor su negocio de pintado de puertas.

Historias como las de Roberto en una diversidad de sectores (turismo, construcción, saneamiento, textil y confecciones, madera y muebles, entre otros) fueron posible gracias a funcionarias como Astrid Sánchez, quien  desde el Ministerio de Trabajo y Promoción del Empleo (MTPE) aprobaba mapas funcionales, autorizaba Centros de Certificación por Competencias, acreditaba evaluadores, aprobaba perfiles ocupacionales y sus correspondientes instrumentos de evaluación, entre otros. Astrid Sánchez fue una de las 52 personas que murieron en la tragedia de Pasamayo el 2 de enero pasado.

La certificación de competencias laborales como la que obtuvo Roberto permite que una persona que conoce un oficio pueda comprobar su desempeño, conocimiento, habilidades y actitudes obtenidas a lo largo de su experiencia laboral, de acuerdo a un perfil ocupacional determinado.

Cuando un trabajador toma la decisión de certificar sus competencias en uno de los perfiles ocupacionales, sabe que deberá comprobar sus habilidades en alguna de esas ocupaciones, las cuales han sido definidas por los propios actores del sector. Como resultado de ello, al final del proceso, independientemente de que logre o no certificarse, se le entrega un documento que recibe el nombre del plan de empleabilidad, donde se destaca aquellas competencias en las que está muy bien y aquellas en las que necesita seguir capacitándose para mejorar su desempeño en la misma ocupación o estar en condiciones de ampliar su ámbito de trabajo.

Una costurera experta en remallado o costura recta de Gamarra puede certificar sus competencias, un carpintero especialista en instalar parquet o escaleras puede también obtener un documento que acredite que sabe hacerlo, los trabajadores de las empresas de servicios de agua potable y alcantarillado también lo hacen y lo mismo ocurre con los trabajadores de distintos perfiles ocupacionales del sector turismo.

La bondad de que esto ocurra es que todos ganan. El trabajador mejora sus condiciones de empleabilidad porque tiene un certificado que mostrar de lo que sabe hacer y para los empleadores, el proceso permite contar con una oferta laboral mejor capacitada y, por lo tanto, con mayor productividad.

En 2016, gracias al programa The Lab de la OIT, y con el apoyo de CINTERFOR, Astrid lideró la organización de un taller internacional para metodólogos del sector público y privado con el fin de que mejoren sus capacidades en la elaboración de perfiles de competencia para que estos contribuyan a la mejora de la productividad de los sectores económicos del país.

Hoy, son los colegas de Astrid los que  tienen el reto de continuar el esfuerzo por mejorar las competencias laborales de los trabajadores de los sectores productivos.

Lo que ha ocurrido en Pasamayo, como bien recrea Marcelo Rochabrún en su artículo Peru Bans Buses From Road Where Bus Plunged, Killing 51, en el New York Times, es un caso más que pone en evidencia la profunda desigualdad que existe en el Perú, donde el transporte público, por el que se movilizan los más pobres, transita por la vía cercana a los precipicios que dan al mar, mientras los autos privados van por la vía más segura.

Las autoridades de gobierno pueden con sus acciones acrecentar o reducir esta desigualdad de la que habla el New York Times. Perú necesita más heroínas como Astrid que se dediquen a ayudar a que el talento de peruanos que no tuvieron la oportunidad de acceder a educación formal sea reconocido en el mercado de trabajo.  Y también necesita menos Ministros que aprueben automáticamente prorrogar normas que incrementen el número de horas de trabajo permitido para los choferes de transporte interprovincial que transitan por rutas tan inseguras como las de Pasamayo. Descansa en paz, Astrid.

 

 

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