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¿CAFÉ con “aroma” de autogravamen?

Somos el segundo productor y exportador de café orgánico del mundo, pero estamos lejos de tener una cadena productiva sostenible y, lo que está en juego es la fuente de subsistencia de decenas de miles de familias.

Costa Rica, con 4,8 millones de habitantes camina hacia ser un país carbono neutral el 2021, y ya en 2011 certificó el primer café carbono neutral del mundo. Colombia, que ocupa el tercer lugar como productor de café en el mercado mundial, después de Brasil y Vietnam, tiene una Federación Nacional de Cafeteros de Colombia que agrupa a sus 560 mil productores y que es responsable de la inversión de los recursos del Fondo Nacional del Café, al que cada productor aporta y que sirve para investigación en mejoras de cultivo y tecnificación, la promoción en el exterior con la marca Juan Valdez, el servicio de ingenieros agrónomos para los productores, los subsidios del Banco Agrario y la garantía de compra. Hoy en día su café es protegido como Denominación de Origen, Marca de Certificación en diversos países y tiene 326 tiendas en el mundo bajo la marca Juan Valdez, de las cuales más de 100 están en cerca de 20 países fuera de Colombia.

Alguien puede decir que las historias, problemáticas y prioridades de esos países son distintas a las nuestras o que sus estrategias no necesariamente son perfectas, pero lo que sí es verdad es que en nuestro país, estamos lejos de tener un horizonte tan claro como el de esos países respecto a lo que tenemos que hacer con el café, y el problema con que esto sea así es que hay pocos cultivos del cual dependen tantas decenas de miles de peruanos como ocurre con el café.

Tenemos 426 416 hectáreas con más de 220 mil familias involucradas en su producción en 17 regiones, aunque cinco concentran el 87% de área (IV CENAGRO y Central Café y Cacao). Estas hectáreas produjeron en 2016, unas 278,8 mil toneladas con un Valor Bruto de Producción de S/. 1335,6 millones a precios de 2007 (segundo cultivo en importancia después de la papa) por lo que genera un gran número de jornales.

Todos estos datos determinan la importancia que tiene lo que pase o no con este cultivo. Más aún si el arduo trabajo de los peruanos involucrados con el mismo de forma individual o colectiva (en asociaciones o cooperativas) nos ha llevado a ocupar el segundo lugar a nivel mundial como país productor y exportador de café orgánico y el mercado internacional nos reconoce como un referente en cafés especiales, estos últimos tienen características especiales en acidez, sabor y calidad de taza.

Precisamente, ese trabajo ha permitido que hoy en día estemos en el Top Ten como país productor /exportador mundial de café según la Organización Internacional del Café (ICO). No en vano, el café ha sido durante muchos años nuestro principal producto de agroexportación.

Sin embargo, contra lo que pudiera pensarse, estamos lejos de tener una cadena productiva de café orgánico consolidada y competitiva.

  • Hay por lo menos unas 100 mil hectáreas afectadas por roya amarilla de las que fueron identificadas en 2013.
  • Buena parte de los productores carecen de recursos para tener un control fitosanitario preventivo o suficiente conocimiento para aplicar plaguicidas, pero sobre todo capacidad para renovar plantas con cafetales más resistentes a la roya, lo cual los hace más vulnerables con sus plantaciones antiguas.
  • Los niveles de producción son entre 10 y 13 quintales /ha promedio.
  • Entre el 60% y el 70% de plantaciones tienen más de 20 años de antigüedad.
  • Existen más de 60 gremios que reclaman representación regional/nacional que agrupan a productores aunque solo un aproximado de 30% de productores afirma participar en algún gremio, a los cuales hay que sumar los que representan a comercializadores y exportadores.

¿Qué nos falta?

Existen numerosos estudios que dan cuenta de lo que tenemos que hacer, entre los cuales quiero destacar el documento de Cafés Especiales: camino a la excelencia, de la Central de Café & Cacao, con el apoyo de Innovate Perú, en la medida que forma parte de esa gestión de conocimiento que a veces no hace el Estado para tomar sus decisiones de política.

Si bien la lista puede ser larga, hay algunas cosas básicas por las cuales se debe empezar y que suponen tareas para el sector privado, el Estado y para ambos en conjunto.

Ambos

  • Investigar para desarrollar variedades de calidad excepcional y que además, tengan buenos niveles de productividad.
  • Valorar la conveniencia de empezar a gestionar la huella ambiental del café que hacia futuro liderará el mercado de cafés certificados.
  • Llegar a un acuerdo sobre hasta dónde queremos llegar con los cafés especiales, porque la forma en que se está invirtiendo la matriz de variedades, tiende a privilegiar el volumen -por el uso de variedades resistentes a la roya- lo cual tendrá un impacto en el café 100% arabica que podamos ofertar hacia futuro.
  • Reflexionar sobre las posibilidades de encontrar un espacio en el mercado si se acercan los eslabones de la cadena tostador-productor.

Estado

  • Tomar en cuenta que los efectos del cambio climático pueden incrementar la incidencia de plagas y hacerlas más virulentas.
  • Desarrollar sistemas de alerta de plagas con el fin de realizar control fitosanitario preventivo.
  • Trabajar una identidad del café del Perú.

Productores

  • Reconocer que es importante que los productores aprendan a reconocer la calidad del café que producen, de lo contrario, no tienen un marco de referencia para mejorar.
  • Buscar controlar aquello que está en nuestras manos: labores culturales, la fertilización, el manejo de suelos y el uso de variedades de alta calidad, respecto a cosas que no se pueden controlar como la variabilidad de los precios internacionales.

¿Cómo hacerlo?

La tarea no es sencilla. Para poder avanzar en esta lista se necesitan recursos y bajo la óptica que tienen muchos de nuestros gobernantes, el Estado no debe elegir ganadores y se debe limitar a ofrecer instrumentos transversales para que el resto sea hecho por los privados, pero el caso del café es distinto porque ya es un ganador: ya somos el segundo productor y exportador de café orgánico del mundo.

¿Qué mejor señal que esa para que el Estado le de más que una mano y se involucre en su futuro?

Lo que se necesita en este caso no son solo medidas como los créditos de Agrobanco para la renovación de los cafetales luego de la incidencia de casos de roya en 2013, sino que estas tengan un horizonte más estratégico que tenga en cuenta qué matriz de cafés se quiere tener hacia futuro para contar con una oferta exportable atractiva para los mercados internacionales.

Una medida que ya se ha deslizado en distintos espacios de discusión es la posibilidad de que se cree un autogravamen que se nutra de la contribución que se pague por cada quintal o kilos de café orgánico y cafés especiales exportado y que permita realizar investigación científica y tecnológica, brindar asistencia técnica a los productores y hacer labores de promoción y comercialización.

Es difícil estar en desacuerdo respecto a la posibilidad de crear un fondo de aportes de privados para poner en marcha una estrategia que permita asegurar la sostenibilidad del café peruano y construir una identidad para el mismo a partir de una apuesta por la diferenciación en el mercado. Sin embargo, lograr llegar a que esto se concrete no es sencillo, y durante mucho tiempo los gobiernos se han resistido a este tipo de medidas parafiscales.

Además, el sector privado tampoco tiene una organización que represente a todos los productores que pueda ser la contraparte del Estado, y el gestor de dicho fondo, sino más bien hay una gran atomización de organizaciones, asociaciones, cooperativas y otras modalidades de gremios de segundo piso que haría difícil la accionabilidad del fondo.

Más allá de si ha llegado o no la hora del café con aroma a “autogravamen”, resulta fundamental que el Estado haga suya una agenda básica de trabajo para asegurar la sostenibilidad de esta cadena productiva de la que depende la subsistencia y el trabajo de decenas de miles de peruanos.

No hay que permitir que con el café ocurra lo que ha pasado con el algodón.

 

 

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