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Pensando laboralmente César Puntriano César Puntriano

El Rímac en bicicleta

El famoso cantante dominicano Juan Luis Guerra lanzó a fines de los noventa la canción titulada “El Niágara en Bicicleta” la cual describe el lamentable estado del sistema de salud público de República Dominicana, interpretando a un paciente que tuvo que atravesar muchas penurias para ser atendido. Justamente la expresión “cruzar el Niágara en bicicleta” equivale, en la usanza de nuestros hermanos dominicanos, a atravesar muchas dificultades. Esta frase es aplicable a aquellos valientes que se aventuran a usar la bicicleta en nuestra capital, para quienes podemos acuñar la frase “cruzar el río Rímac en bicicleta”.

La semana pasada conocimos que el Congreso de la República aprobó en primera votación el dictamen de la “Ley que promueve y regula el uso de la bicicleta como medio de transporte sostenible”, el cual busca fortalecer el uso de la bicicleta en el sector público y privado.

El dictamen autoriza a los gobiernos regionales y locales a utilizar el mecanismo de obras por impuestos para la adecuación de la infraestructura urbana y de transporte existente y construcción de ciclovías para facilitar el uso de la bicicleta.

Señala que las entidades públicas y privadas, en un plazo no mayor de tres años contados a partir de la publicación de la Ley, desde luego si el proyecto pasa a ser Ley, adecúan sus espacios para estacionamientos de bicicletas, en una proporción de hasta el cinco por ciento del área que destinan a los vehículos automotores. Las municipalidades provinciales y distritales son las responsables de cautelar la ejecución y establecer la obligatoriedad de la aplicación de esta norma en las nuevas construcciones.

Asimismo, el dictamen dispone que  los empleadores privados y públicos incentivan en sus trabajadores el uso de la bicicleta como medio de transporte para llegar a su centro laboral a través de medidas tales como, flexibilización de la hora de ingreso, días u horas libres, facilitación de duchas al interior del centro de trabajo, entre otros. En el caso del sector estatal, los servidores públicos reciben una jornada laboral libre remunerada por cada 45 veces que certifiquen haber asistido al centro de labores en bicicleta; para lo cual, cada institución del sector público deberá formular e implementar las medidas necesarias para su desarrollo y certificación, en concordancia con las disposiciones que emita el Ministerio de Trabajo.

 

Toda iniciativa que busque incentivar el uso de medios de transporte alternativos que faciliten el desplazamiento de los ciudadanos, reduciendo el caos vehicular y la contaminación ambiental es saludable. Inclusive, el empleo de la bicicleta disminuye el sedentarismo al generar la actividad física, a diferencia de lo que ocurre cuando las personas se desplazan en auto o en transporte público.

La gran interrogante que genera esta iniciativa es si se ejecutará o quedará en buenas intenciones. Recordemos que desde octubre de 2010 está vigente la Ley No. 29593, Ley que declara de interés nacional el uso de la bicicleta y promociona su utilización como medio de transporte sostenible, la misma que también dispone la promoción de la construcción de infraestructura que facilite el uso y el estacionamiento de la bicicleta, e inclusive declara el 22 de setiembre de cada año como el Día Nacional sin Auto.

Lamentablemente se ha avanzado muy poco en la promoción del uso de la bicicleta como medio de transporte. Creemos que para ello lo primero es implementar una infraestructura adecuada, reordenando el transporte vehicular para permitir la circulación de las bicicletas por las vías públicas. No es suficiente reducir el tamaño de las avenidas para que los ciclistas circulen, perjudicando a los demás. Asimismo, generar incentivos para que las empresas adopten facilidades para el uso de la bicicleta por su personal, como reducción de arbitrios municipales o impuestos en general por metro cuadrado dedicado al estacionamiento, etc. No se puede imponer cargas al empleador sin otorgarle alguna compensación.

No basta entonces con una norma promocional como la que se pretende emitir sino que deben plantearse medidas concretas, con plazos realistas, de lo contrario no se generará el efecto querido, y nuestros pocos ciclistas continuarán pasando no el Niágara, sino el “Rímac en bicicleta”, cada vez que decidan usar dicho medio de transporte.

 

 

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