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El año pasado, las exportaciones peruanas tuvieron resultados récord. En el 2012, se había alcanzado US$ 46,359 millones. En el 2018, ascendieron a US$ 47,702 millones, registrando un crecimiento por tercer año consecutivo, aunque las expectativas del Ministerio de Comercio Exterior eran alcanzar los US$ 50,000 millones, pero la guerra comercial entre Estados Unidos y China, así como los altibajos en las cotizaciones de los metales, no lo permitieron.

También se registró un récord de las exportaciones no tradicionales que totalizaron US$ 13,214 millones. Resultado que significó el segundo mayor incremento entre los principales países de la región. En el Perú, la expansión fue de 13%, mientras que Chile obtuvo el 13.4%. Destacaron las ventas al exterior de los productos agropecuarios que rozaron los US$ 6,000 millones.

Todos estos logros no solo reflejan el impacto de los acuerdos de libre comercio, que se iniciaron hace diez años con la firma del TLC con EE.UU. y que en más de una década se han extendido a más países, sino también una respuesta a quienes los cuestionaron y todavía los critican.

Asimismo, son la evidencia, sobre todo en el caso de las exportaciones no tradicionales, de que la legislación que permitió incentivar, por ejemplo, la agroexportación fue positiva. Es indudable que en este último caso se puede mejorar la norma, pero lo que no se debe hacer es dar marcha atrás.

¿Y ahora qué? Los retos pendientes del Mincetur son varios y tienen que estar vinculados a las políticas de competitividad que se presentarán en seis meses. Por ejemplo, el actual titular del sector, Édgar Vásquez, ya anunció en  Gestión, semanas atrás, que próximamente se pondrá en marcha un plan piloto para reducir los costos logísticos. Se han identificado cinco de ellos con el apoyo de un estudio del Banco Mundial y este mes se seleccionará uno para adoptar medidas orientadas a reducir costos.

Otra de las tareas pendientes es potenciar la promoción comercial, lo cual significa retomar con mayor impulso la labor de las oficinas comerciales en el exterior, que puede llevar a algunos cambios y renovaciones.

Pero toda la agenda pendiente no podrá avanzar si es que no se incorpora en los beneficios del impacto exportador a más empresas. De diez pequeñas y medianas compañías que empiezan a vender al exterior, en un año solo quedan de pie la mitad, y en diez años apenas una. Es allí donde el esfuerzo gubernamental también debe enfocarse, empezando por la reducción de trámites con una sola ventanilla que en el Gobierno se han propuesto iniciarla en el transcurso de este año.

En esa misma línea, los planes de exportación elaborados en consenso con las diversas regiones del país deben dejar de ser un documento de escritorio para pasar a su implementación. El inicio de un nuevo periodo de autoridades en el interior es propicio para esa tarea.

En el segundo semestre del año quedará el camino expedito para vender quinua en China. Justamente, ese es otro de los puntos de la agenda central para aprovechar mejor los acuerdos de libre comercio que ha firmado el país.

El esfuerzo de la última década no debe detenerse y eso es uno de los logros que el Gobierno de Vizcarra tiene al alcance de sus manos.

 

 

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