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Con menores vientos de cola

El Ministerio de Economía se encuentra “muy confiado” de poder superar este año la tasa de crecimiento de 4%, expresó el titular del MEF el jueves pasado en conferencia con la prensa extranjera. Un día después el Fondo Monetario Internacional (FMI) redujo su proyección de expansión del PBI para el Perú en el 2019. Ahora estima 3.8%, meses atrás proyectaba 4.1%.

Por cierto, los nuevos guarismos del FMI no solo se dieron para el Perú, sino también para Colombia, aunque mantuvo su expectativa para Chile. En tanto, que tiene menos confianza de lo que pueda suceder en Brasil, México y Argentina.

La reducción se debe en primer lugar a los riesgos que enfrenta la economía global. Estados Unidos, a través de su secretario de Comercio, acaba de señalar que superar sus diferencias con China se encuentra por el momento a “millas y millas” de distancia. El otro factor esgrimido por el Fondo para reducir sus previsiones se debe a una creciente incertidumbre política, que podría desalentar las inversiones y afectar las perspectivas de crecimiento.

Indudablemente que Venezuela es el caso más crítico en la región, al punto tal que el Fondo Monetario considera que hoy su economía es menos de la mitad de lo que era en el 2013 y que, por tanto, no hay nada que pueda considerarse para que la caída del PBI de 18% en el 2018 sea menor en el 2019.

Para Perú la situación está lejos de ser como Venezuela, pero se mantiene la preocupación de que nuevamente se sume otro año en que no se pueda remontar la trampa de los ingresos medios, mientras que la administración Vizcarra marcha con pies de plomo para emprender reformas que permitan elevar el crecimiento potencial del país. Cada vez un mayor número de analistas advierte que el mandatario mira la evolución de su popularidad en las encuestas para tomar decisiones.

Si bien el ministro Carlos Oliva subraya que se debe dejar de depender poco a poco de las materias primas, todavía no se tienen los pasos concretos que se darán en esa dirección.

Por lo pronto, se ha reiterado de que en seis meses se tendrán medidas específicas para poner en marcha los lineamientos del plan de competitividad.

A lo anterior hay que agregar la preocupación por el protagonismo que semana a semana van ganando los gobernadores regionales más radicales, y que tienen la voz cantante en la asamblea que los reúne y, por tanto, en las reuniones del Gore que periódicamente convoca el Ejecutivo.

Sus propuestas ya causan más de una preocupación, pues más de uno de ellos están a cargo de regiones vinculadas a importantes actividades extractivas. Por el momento, el Gobierno mantiene una actitud cauta.

Mientras tanto el ruido político continúa marcando el paso de la agenda del país, principalmente con el caso Lava Jato y las próximas diligencias que se hagan en Brasil con los que fueron ejecutivos de Odebrecht en el país.

Si el Gobierno no toma una actitud proactiva, como lo hace en el caso de las reformas políticas y judiciales, los vientos de cola del exterior pueden tener un mayor impacto. Y la economía peruana, gracias a su fortaleza macroeconómica lograda en el pasado, continuará aún creciendo entre 3% y 4%, lejos de lo que se requiere.

 

 

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