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‘‘Yo he sido nombrado por el presidente de la República, pero para permanecer en el cargo requiero constitucionalmente la confianza del Congreso”, fueron las palabras del ministro de Economía, Alfredo Thorne, al cierre de su presentación en el pleno del Congreso el pasado viernes por el audio de la reunión que sostuvo con el contralor de la República y que fuera grabada subrepticiamente. Estas palabras son correctas como cuando expresó que ‘‘una persona honorable no puede seguir en mi cargo si las decisiones de la mayoría parlamentaria no muestran el mismo compromiso”. La mayoría parlamentaria mantiene su intención de censura si es que el titular del MEF no renuncia. Thorne ahora es parte del juego entre el Gobierno y la oposición del Congreso.

La Constitución otorga al Poder Legislativo la facultad de fiscalizar y ejercer el control político del Ejecutivo. Sin embargo, este derecho debe ir acompañado de responsabilidad. Por eso, invitar con premura a un ministro de Estado como se intentó hacer el jueves no está bien, más aún cuando se iba a presentar al día siguiente en la Comisión de Fiscalización. El titular del MEF fue maltratado innecesariamente. Hay que reprocharle al Parlamento que no ha tenido la misma actitud con el contralor Édgar Alarcón, que también es parte del audio en cuestión. En Gestión discrepamos de la política económica actual, pero reconocemos en el actual titular del MEF su calidad profesional y su buen talante para dialogar.

Ahora bien, los errores del Parlamento no eximen los errores del ministro de Economía, que sí los tuvo. Ni su trayectoria profesional ni su integridad estaban en discusión. Su presencia ante el pleno no era para ser juzgado por delitos sino por razones políticas y allí el ministro sí se equivocó al no reconocer al menos en el hemiciclo que cometió el error de mencionar al presidente en una conversación, lo cual generó la controversia.

Sin embargo, como el propio Thorne señaló ayer en un tuit, no se debe generar incertidumbre sobre la gestión de la economía y eso es una responsabilidad tanto del Ejecutivo como del Congreso. En esa línea, el rol que cumple el MEF es fundamental. En los últimos 27 años ha sido clave, aun con sus altibajos para el país, ya que impulsó la buena marcha de la política macroeconómica y las reformas que se necesitaban. Por eso, al mismo tiempo que se resuelve la crisis política que aún vivimos, debe pensarse que el MEF no puede perder el papel que tiene. En la medida que se prolongue la crisis, la incertidumbre paralizará aún más al Estado y también las decisiones empresariales.

Ya antes del caso del audio había críticas al titular del MEF. Esta es la oportunidad de repensar varios aspectos de la política económica, como ya lo han dicho tirios y troyanos. También de rearmar un equipo que retome el liderazgo en los cambios y las reformas que se requieran. Puede ser el momento para incorporar a profesionales con mayor experiencia en la gestión pública en el equipo del MEF, que sepan enfrentar las presiones, sobre todo que tengan un manejo político de los problemas y, asimismo, decir ‘no’ cuando sea necesario al propio presidente de la República.

 

 

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