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El Ministerio de Economía se prepara a lanzar esta semana un conjunto de medidas para que este año el crecimiento sea mayor al 4% y así contrarrestar el efecto Odebrecht.

Una de las palancas será llevar a cabo un agresivo programa de construcción de viviendas que, como hoy adelanta el ministro del sector a Gestión, será masivo. Otra de las palancas será un shock de inversión pública por cerca de S/ 2,000 millones, y la tercera un programa de expansión crediticia.

Hasta aquí todo muy bien, siempre y cuando el monitoreo del Ejecutivo sea constante para que las medidas se implementen rápidamente y el mayor gasto fiscal se concrete.

Los resultados de la economía en diciembre revelan que el crecimiento del PBI no primario (2.1%) estuvo ligeramente por encima de noviembre (1.5%), aunque el PBI primario sigue sosteniendo la expansión de la economía. Pero hay algunas señales que pueden indicar que el momento actual puede ser oportuno para las medidas que se anuncian.

Por ejemplo, en el sector de la manufactura no primaria, la producción de bienes de consumo masivo en diciembre aumentó 1.4%, mostrando un resultado positivo por segundo mes consecutivo. En tanto, que la industria vinculada a los bienes de capital apenas descendió 0.3% el último mes del 2016, registrando una mejor performance que las caídas de los meses previos. Asimismo, la construcción, si bien tuvo una caída, fue mucho menor que las de noviembre y octubre pasados. También se observó una recuperación en la actividad comercial, aunque por debajo aún de los niveles que se tenían hace dos años.

Estos datos muestran que más de una actividad ha dejado de caer y, por tanto, un adecuado estímulo puede ser clave para mitigar el efecto Odebrecht. Sin embargo, las tres palancas que el Gobierno planea mover no resultarán suficientes si no se retoma el dinamismo de la confianza empresarial y de los consumidores que se tenía hasta hace seis meses.

La otra palanca importante que hay que mover, y que está muy vinculada a la anterior, es la recuperación de la inversión privada. Este año, ProInversión planea otorgar en concesión proyectos por US$ 4,000 millones. La capacidad de atraer inversionistas y sobre todo postores de primera línea será la primera prueba de fuego de Álvaro Quijandría al mando de esta entidad, más aún cuando la asociaciones público-privadas se encuentran bajo fuego cruzado. Lo peor que puede hacer el Gobierno es ignorar las lecciones que dejó la adenda para el aeropuerto de Chinchero del Cusco, como tampoco puede pasar por alto las controversias que se han generado con la designación de algunos funcionarios de los comités de ProInversión. La próxima designación de los tres directores independientes será la primera señal si se ha entendido que lo que se requiere es evitar cualquier conflicto de intereses.

Este primer trimestre estará más impactado por todo el ruido generado por los escándalos de corrupción, la lenta respuesta del Gobierno y la pérdida de confianza. Pero abril bien puede ser el punto de inflexión, lo cual debe obligar al Gobierno a tener un Gabinete más cohesionado y una respuesta rápida, de la que hasta el momento adolece.

 

 

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