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A mal palo se arrimarían

La cumbre de presidentes del Mercosur ya tiene seis meses de postergaciones y la fotografía de los presidentes cada vez se ve más lejana. Una historia diferente es la de la Alianza del Pacífico, cuya próxima cita de mandatarios es este mes.

La cumbre de presidentes del Mercosur ya tiene seis meses de postergaciones y la fotografía de los presidentes cada vez se ve más lejana. Una historia diferente es la de la Alianza del Pacífico, cuya próxima cita de mandatarios es este mes.

Sin embargo, la semana pasada los países miembros de este último acuerdo cedieron a la iniciativa de Chile y decidieron invitar a los integrantes del Mercosur para que se incorporen al grupo, aunque las declaraciones posteriores de los cancilleres no fue lo suficientemente clara de cómo será el proceso.

El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, ha mencionado, en más de una oportunidad, que es mejor consolidar la alianza antes de incluir a nuevos miembros; pero el gobierno de Michelle Bachelet considera que la integración latinoamericana no debe ir separada y, por lo tanto, debe haber una propuesta de convergencia de la Alianza del Pacífico con el Mercosur.

La última reunión resultó muy satisfactoria para Chile, pues se dio un primer paso a su intención. Aunque la canciller Eda Rivas haya declarado posteriormente que no se ha pensado en una vinculación inmediata con el bloque del Mercosur.

El tema fundamental es la política económica que está detrás de ambos acuerdos. Por un lado México, Colombia, Perú y Chile ya tienen tratados de libre comercio con varios países y apuestan a un comercio sin barreras arancelarias.

En la otra orilla, Brasil, Bolivia, Argentina, Uruguay, Venezuela y Paraguay tienen un esquema proteccionista, que incluso empantana sus propias negociaciones. Pese a que Uruguay muestra interés en abrirse más al mercado, lo cual está lejos de decirse del gobierno de Nicolás Maduro, por ejemplo.

Por eso, es clave que no se repita la experiencia de la fracasada Comunidad Andina, de forzar una integración de países con distinta visión y política y que por ahora, dada la orientación de sus gobiernos, resultan irreconciliables.

Es más, si se considera la desacelaración del crecimiento económico en la región, se proyecta que los países de la Alianza del Pacífico podrán alcanzar una expansión de más de 3% este año, mientras que en el caso del Mercosur no superará el 1.5%.

Mientras el paso dado en México para una reunión de los ministros de Comercio Exterior sea informativa no habrá problemas. En ese sentido, será importante la cumbre de los jefes de Estado del próximo 20 de junio, pues allí Enrique Peña Nieto, Ollanta Humala, Michelle Bachelet y Juan Manuel Santos deberán ser muy explícitos en la política de incorporación de otros países.

Además, no debe dejarse de lado que la presencia de Santos en el cónclave de mandatarios puede ser la última, ya que el próximo 15 de junio será la segunda vuelta en su país y es probable que Óscar Zuluaga gane los comicios y con ello probablemente altere también la línea de acción de la Alianza del Pacífico.

En buen romance, es necesario que cualquier nación que se adhiera asuma ciertos compromisos, el principal de ellos: la convicción de que no deberá retrocederse en el libre comercio.

 

 

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