Enero 2026 y el cerebro del hombre peruano
Aclaremos algo desde el inicio, para que nadie se sienta injustamente aludido (aunque igual se van a sentir):
no hablo de los hombres.
Hablo de EL HOMBRE.
Una construcción cultural muy peruana, muy trajeada, muy junta ejecutiva, muy “no exageres”.
Hoy estuve en una reunión. De esas serias. Balance anual, números, proyecciones, sacrificios incluidos —como mis fiestas de diciembre, por ejemplo—. Yo exponía. Ellos escuchaban. O eso creí.
Porque mientras hablaba de resultados, dos ejecutivos parecían más interesados en mi escote que en el estado financiero de la empresa. No fue paranoia, no fue inseguridad, fue esa certeza incómoda que tenemos las mujeres cuando sabemos perfectamente cuándo una mirada deja de ser casual y se vuelve costumbre.
Al final de la exposición, sentí que solo el dueño del negocio había prestado atención. Claro, es su empresa. Los demás estaban ocupados procesando… otra cosa.
Y entonces hice lo impensable. Me acerqué a mis “compañeros”. A los de la mirada graciosa. Y les pregunté, así nomás, sin PowerPoint:
—¿A sus mujeres les gusta que les estén mirando el pecho a otras?
La respuesta fue una joya sociológica digna de archivo nacional:
“Ay, Zendy, no te lo tomes a mal… mirar no es pecar.
Además, ya estamos viejos para renegar por estas cosas.
Debes estar acostumbrada.
Y bueno… eres guapa y lo sabes, ¿no?”
Ahí entendí todo.
El cerebro del hombre peruano no cree que esté haciendo nada malo
Porque mirar no es pecar.
Porque es un halago.
Porque ya deberíamos estar acostumbradas.
Porque si eres guapa, te toca.
Y ojo: dicho con una sonrisa. Con esa condescendencia que no grita machismo, pero lo susurra con una palmadita en el hombro.
Soy consiente que para algunas mujeres puede ser halagador
Pero como mujer ejecutiva, como profesional, como alguien que estaba ahí por su cerebro y no por su anatomía, la situación me llegó profundamente al huevo que no tengo.
¿Hasta cuándo la pachotada?
Esa es la pregunta.
¿Hasta cuándo las mujeres tenemos que:
-
aguantar la mirada,
-
sonreír para no incomodar,
-
callar para no ser “intensas”,
-
normalizar para no ser “problemáticas”?
Porque cuando una se queja, mágicamente se convierte en:
-
exagerada,
-
amargada,
-
feminazi (con z, porque ni para insultar se actualizan).
Y el espíritu de cuerpo masculino aparece como reloj suizo:
“no fue para tanto”,
“no lo dijo con mala intención”,
“así somos”.
No. Así aprendieron a ser. Y no han desaprendido.
El problema no es el deseo, es la falta de filtro
Nadie está pidiendo hombres sin deseo, sin mirada, sin pulsión.
Estamos pidiendo hombres con contexto, con educación emocional, con la capacidad mínima de distinguir entre:
-
una junta ejecutiva
y -
una fantasía privada.
El cerebro del hombre peruano enero 2026 todavía cree que puede coexistir la admiración profesional con la cosificación sin consecuencias. Spoiler: no puede.
2026: escribirlo todo
He decidido que este 2026 voy a escribir más sobre esto.
Porque callar cansa más que hablar.
Porque incomodar también educa.
Porque si seguimos “acostumbrándonos”, nada cambia.
No escribo para que me den la razón.
Escribo para que se miren al espejo.
Y si les incomoda… tal vez por ahí va el aprendizaje.
Nos seguimos leyendo.
El 2026 recién empieza. mientras tannnntoo ZENNNN

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