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Mujer, ejecutiva y trasgresora Zendy Manzaneda Cipriani Zendy Manzaneda Cipriani

El divorcio empresarial

 

Después de cuatro largos años mis amigos Josué y Américo van a dar un paso trascendental, van a concluir su actual aventura empresarial. Ambos son mis amigos desde mis épocas pre universitarias, cuando los conocí eran los mejores amigos de toda la vida. Hace unos años, lograron su gran sueño: desarrollar una plataforma web para la venta de artículos electrónicos importados del Asia. Les fue muy bien los dos primeros años, el tercero comenzó el declive de su empresa, principalmente por la aparición de una fuerte competencia y por algunos errores que cometieron ellos.

 

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Sin embargo, quizá lo que terminó de matar la empresa es que en determinado momento, ninguno estaba de acuerdo con las decisiones del otro. Cada uno tenía planes distintos para la empresa. Ambos son conscientes de que pasaban más tiempo discutiendo que tomando buenas decisiones. Para no acabar con la amistad han preferido terminar con la sociedad.
Más allá de sus errores ambos mantuvieron un orden en la administración y en las finanzas, también lograron desarrollar una marca potente. Ahora que van a dejar de ser socios se han dado cuenta que separarse no va ser nada fácil, pues tienen que resolver muchos asuntos que son bastante sensibles como por ejemplo: darle valor a cada una de las propiedades de la empresa, entre las que destacan los intangibles como la marca, los dominios web, las redes sociales y otros. Además, están los bienes de la empresa, la mercadería que aún no se ha vendido, las deudas y principalmente la cartera de clientes. Para hacer un poco más difícil la situación, Josué quiere quedarse con la empresa y comprarle su parte a Américo, pero este último también quiere lo mismo. Aún no han hablado de eso, pero yo creo que cada uno intuye lo que piensa el otro.

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El primer paso que han dado es nombrar un perito para que le dé un valor a todos los bienes de la empresa y el aporte con el que ha contribuido cada uno para desarrollar este emprendimiento. La cosa está muy tensa entre estos dos amigos porque estamos hablando de importantes sumas de dinero y porque aún no saben si uno de ellos se va quedar con la empresa o va morir definitivamente esta organización.
Américo se queja y me dice que todo lo que está pasando es por falta de previsión. Me explica que al igual que en los matrimonios donde hay acuerdos de separación de bines, lo mismo podría aplicarse a la empresa, me dice que en los documentos de constitución de la empresa, debieron incluir un capitulo en donde se señalara con exactitud qué acciones se debía tomar cuando decidieran separarse los socios y como se repartirían los bienes de la empresa.

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El gran problema que prevé Américo es que al final ninguno de los dos va estar contento con lo que le toque y siente que de todas maneras van a terminar distanciados. Le da pena, lo mismo que a Josué con quién también he hablado. Manejo y con cierta pena pienso en estos dos amigos que se alejan, debido al fracaso de su gran sueño en común. Esta idea me hace pensar en los matrimonios y entiendo porque los abogados, con mucho tino, le llaman sociedad conyugal.

 

 

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