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Mujer, ejecutiva y trasgresora Zendy Manzaneda Cipriani Zendy Manzaneda Cipriani

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La humildad y el buen humor son dos elementos claves para poder ser un buen líder, según he podido constatar en mi carrera profesional. He tenido todo tipo de jefes, los mejores han sido los que han dejado escuela y nos han mostrado cómo se debe gerenciar, cómo se debe tratar a los colaboradores, cómo se deben manejar las crisis entre otros aspectos que llevan a la excelencia. También he tenido jefes mediocres, que hacían lo necesario para lograr sus metas y no más,  algunos eran carismáticos, otros no. No faltaron los jefes que se creían soberanos y maltrataban al personal, gritaban, exigían pero nada daban. De ellos también se aprende y mucho, como por ejemplo que no puedes ser un líder, si eres malhumorado porque no vas a poder sobrellevar las crisis, no vas a poder alentar y motivar a tus colaboradores, no vas a saber cómo llegar al corazón de tu equipo para que den lo mejor de sí mismos.

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Un líder no es aquel que ordena y manda a sus “empleados”, en realidad es una persona que tiene la humildad necesaria para saber que tiene que poner sus servicios para facilitar el trabajo de sus colaboradores. Un líder es aquel que hace lo necesario para que sus analistas, asistentes, operarios, secretarios, entre otros puedan desempeñar de la mejor manera sus labores.
Se me viene a la mente, Don Alberto, un periodista de larga data que llegó a ser uno de mis primeros jefes en un agencia de Relaciones Públicas. Hasta que lo conocí había tenido jefes a los que tenía que preguntarles que necesitaban, pero él hizo la gran diferencia, en los primeros días de trabajo, le preguntó a mis supervisor si tenía todo lo necesario para poder hacer mis labores.  Luego se sentó a mi lado y me explicó qué es lo que necesitaba que yo hiciera. Sus directivas eran claras, pero nunca dejó de resaltar que si no sabía cómo hacer algo, tenía dudas o llegaba a un punto dónde mis gestiones se estancaban, entonces tenía el derecho de ir a su despacho a pedirle ayuda y consejo para superar el escollo.

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En los seis meses que trabajé con Don Alberto nunca dejó de preguntarme si necesitaba algo para poder hacer mejor mi trabajo. Pero él no se quedaba en ese punto. Él siempre estaba monitoreando las labores de todos, para lo cual establecía una comunicación abierta con todos sus colaboradores. Para nosotros era como un ángel de la guarda que  acudía en los momentos necesarios.
Y como el líder pregona con el ejemplo, los mandos intermedios, también hacían lo mismo, de tal forma que se creó un clima colaborativo en la oficina.  Don Alberto nos conocía todos y cada uno, de tal forma que sabía qué tarea encargarnos a cada uno. Cuando las gestiones se estancaban, él mismo destrababa esos procesos. Nos enseñó que el papel de un líder principalmente es hacer que las cosas sucedan y para ello hay que darle las herramientas al equipo, para que sea eficiente; nos señaló el camino. Todo ello sumado a su excelente humor, nos hizo entender que un líder es el principal colaborador de las personas que tiene a su cargo.

 

 

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