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Mujer, ejecutiva y trasgresora Zendy Manzaneda Cipriani Zendy Manzaneda Cipriani

Aprender es Emprender

Siempre he creído que la mayor fortaleza de una mujer es su educación. En un país con tantas desigualdades entre varones y mujeres, en un país machista como el Perú, el emprendimiento más necesario e impostergable es la educación. Necesitamos ser mujeres educadas y preparadas para la vida, para poder hacernos respetar, para poder salir de la pobreza, para conseguir oportunidades que nos hagan crecer como personas, para ser líderes, en fin para conquistar el mundo o tan solo para vivir una vida plena y feliz.
Pienso que la educación es un emprendimiento porque muchas niñas peruanas deben vencer una serie de barreras, tan solo para llegar a la escuela y acabar la educación primaria o secundaria. Un emprendimiento porque muchas peruanas deben trabajar para sobrevivir e invertir en su preparación. Es un emprendimiento porque tan solo 3 de cada 10 mujeres mayores de 25 tienen estudios de educación superior, según el INEI. Además, solo el 2,4% de las mujeres peruanas son empleadoras, es decir dan trabajo; mientras que el 36,7% son trabajadoras independientes; 16,2% tienen un empleo familiar, el 5,2% son trabajadoras del hogar y ganan poco.
Es probable que sin educación, una mujer en el Perú pueda salir adelante, pero creo que la educación podría potenciar mucho más sus posibilidades de ser exitosa en todos los ámbitos de su vida.
La educación no es un emprendimiento fácil de realizar para las mujeres. Sostengo con firmeza esta idea porque para mí no fue fácil. Para mí una mujer limeña, de clase media, que contaba con el apoyo de sus padres. Encontré muchas piedras en el camino, entonces imagínense cuán difícil debe ser para una mujer andina o de la selva con menos recursos y posibilidades.
De muy joven inicié una carrera de modelo para apoyar a mis papás con los gastos de mi educación. No lo voy a negar, el modelaje me abrió muchas puertas, pero también me quería cerrar otras. Todo el tiempo mis colegas de pasarela y productores me decían: “¿para qué estudias, si eres bonita? No lo necesitas”. Qué equivocados estaban. Las modelos como los futbolistas tienen una carrera mientras la juventud y el físico se lo permitan. Una vez que terminé la universidad, veía el fastidio de los productores cuando les decía que tenía un examen o clases de maestría. “Ya no estudies tanto, mejor dedícate a ti, consigue un esposo”, se quejaban. No les hice caso y en la actualidad cuento con un par de maestrías, un MBA y trabajo en una empresa multinacional. no fue fácil.
Una vez que te pones a trabajar, te das cuenta que el ámbito laboral es un mundo de hombres, dónde tú eres la intrusa. Es ahí cuando te das cuenta que tu única oportunidad para destacar, en ese mundo de machos, es el estudio. Da pena constatar que muchos hombres piensan que las mujeres somos bobas y no podemos liderar nada. Qué equivocados están.
Una vez más vuelvo a pensar: si para mí fue difícil, ¿cómo será el acceso a la educación para aquellas mujeres que son madres solteras, para aquellas chicas que no tienen los recursos y viven en zonas de extrema pobreza?
Es sabido por todos que la educación pública en nuestro país no pasa por buenos momentos y la educación privada en muchas ocasiones es inaccesible. En una coyuntura de este tipo gastar el poco dinero que ganas en estudiar realmente es un gran logro, una gran muestra de liderazgo. Me saco el sombrero por las mujeres que en estos momentos lo están haciendo. Ya decía el gran Mahadma Gandhi: “educas a un varón y educas a una persona; educas a una mujer y educas a una familia”.

 

 

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