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Realmente nunca imaginé estar tan cerca de nuestra bella Amazonia y cuando digo cerca, me refiero no a estar presente, sino a olerla, tocarla, sentirla y VIVIRLA junto a un grupo de amigos y familias.

A fines del 2017 un grupo de esta organización viajó a Tambopata para vivir la experiencia y ser parte de la jornada organizada por L+1 en el lugar, aprovechando que uno de los miembros era dueño del Lodge Rainforest Expeditions e iba acompañarnos, por lo cual mi asistencia era infaltable ¡no podía desaprovechar esta oportunidad única!

Al llegar a Madre de Dios nos transportamos en uno de los típicos botes del lugar y luego nos sirvieron el tradicional almuerzo selvático envuelto en hojas de plátano.
El trayecto fue muy tranquilo y lo único que pudimos divisar fueron los ronsocos que se asomaban con toda tranquilidad.

Al llegar al lugar de hospedaje nos dimos con la sorpresa que las instalaciones no contaban con una pared, lo que significaba que durante la noche podía visitarnos cualquier animal lugareño. Debo reconocer que al principio, a pesar de que dormíamos con mosquiteros, fue difícil cerrar del todo los ojos pero eso cambió luego del silencio maravilloso y la espectacular brisa que me animaron a no preocuparme más y dormir hasta amanecer, el que al llegar se tradujo en cantos de monos declarando su amor o llamando desesperadamente a su pareja jugando así el papel de despertador perfecto para animarnos a madrugar y no perdernos nada de lo que la naturaleza nos podía ofrecer.

Iniciábamos las caminatas a las 5:00 am, pues era la mejor hora para visualizar las especies y mejor clima para dar inicio a las travesías. Si bien es cierto, todos habíamos ido preparados -aunque unos más que otros- siempre estábamos pendientes de lo que los demás podían necesitar. La primera visita fue al Lago Tres Chingadas donde tuvimos la suerte de ver una gran cantidad de lobos marinos que se escondían con el más mínimo sonido. A nuestro lado estaba además un bote con fotógrafos canadienses que esperaron por varios días la salida de estos animales que andaban en manadas y se asomaban sigilosamente para internarse en el río.

Tras esta primera excursión, nos estacionamos para aventurarnos en la pesca de pirañas y nada sorprendió más que Siena, una niña de apenas 5 añitos que logró pescar. Fue increíble su soltura y poco temor ¡No le tenía miedo a nada! Ese mismo día en la noche un grupo con linterna en mano -entre los que estaba yo- nos internamos en plena selva para ver diferentes insectos, vegetaciones, árboles, hongos, etc; todo ello por supuesto con un guía que nos dirigía y explicaba con claridad lo que en el camino íbamos encontrando.

Al día siguiente con la misma forma de despertar que detallé, subimos de madrugada a una torre con peldaños muy estrechos que se movían al más mínimo contacto, sin embargo el entusiasmo hacía que olvidáramos toda preocupación. Al llegar a la cumbre había una perspectiva impresionante de vegetación, río y paisaje donde de repente empezaron a aparecer diversos tipos de guacamayos de colores impresionantes que nos retenían con su imponente belleza.
Además de alimentarnos con el gran atractivo panorámico también tuvimos tiempo para la capacitación sobre las comunidades y sus actividades, así como momentos de distracción con grandes y chicos.

Finalmente y ya de regreso a Madre de Dios nos detuvimos para conocer el mariposario que alberga a miles de estas especies que iluminaban el espacio con sus brillantes colores.

Este viaje de contacto con la naturaleza en nuestra bella Amazonia amerita que cada uno de nosotros invite a más personas a incursionar en esta increíble aventura en familia.

¡Gracias a Rainforest por habernos acogido con tanto cariño!

Por Ofelia Harten, miembro del Comité de Comunicaciones L+1

 

 

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