Hace algunos días se desarrolló Nexos+1 en Lima, evento inspirador que impulsa el emprendimiento, la generación de negocios y la innovación en torno a la sostenibilidad. Uno de los espacios generados allí, invitaba a los asistentes a explorar las oportunidades de invertir en Infraestructura Verde, como parte del mecanismo de Obras por Impuestos. Muchas personas se mostraron interesadas en el tema, pero uno de los resultados del debate fue que a nivel local aún no está claro qué es la Infraestructura Verde y cuáles son las oportunidades de invertir en este tipo de proyectos.

Para la Comisión Europea una “infraestructura verde” es una red de zonas naturales y seminaturales y de otros elementos ambientales, que presta una extensa gama de servicios ecosistémicos. El concepto “servicio ecosistémico” implica todos los servicios que nos brinda la naturaleza a partir de los ecosistemas. Pueden ser, por ejemplo, los que brindan los pantanos o humedales en las afueras de Lima, tanto al norte en Ventanilla y al sur en Villa. Estos son espacios naturales que, aparte de ser refugios naturales para cientos de aves, funcionan como una planta de tratamiento de agua, ya que reciben por el subsuelo el desagüe de los asentamientos humanos vecinos y limpian esta agua “gratis”. El costo aproximado de una planta de tratamiento de aguas residuales (son costos relativos porque dependen del tamaño de planta, tecnología, disponibilidad de terreno) se estima en S/. 200,000 por cada litro/seg que se trate. Valorizar económicamente el servicio que brinda el pantano sería clave para optimizar la conservación de estos espacios.

En esa línea, los proyectos de infraestructura verde generan beneficios ecológicos, económicos y sociales mediante soluciones naturales que ponen en valor los beneficios que la naturaleza proporciona a las personas y moviliza inversiones para sostenerlos y reforzarlos.

Para ejemplificar la diferencia entre proyectos de infraestructura verde y proyectos de infraestructura gris, podemos usar uno los casos más difundidos que es la problemática del agua de lluvia en las ciudades. Un proyecto de infraestructura gris solucionaría el tema implementando sumideros o canales que trasladen el agua a la red de alcantarillado. Entre tanto, un proyecto de infraestructura verde buscaría captar la lluvia a través de áreas verdes, bosques o áreas mixtas (suelo semi permeable) que retengan el agua para su propio sostenimiento y que el agua restante pueda entrar a un proceso de recirculación o reutilización en piletas u otros sistemas de riego.

El principio base para que un proyecto sea considerado como infraestructura verde es que brinde servicios ecosistémicos de provisión, mantenimiento o regulación, o servicios culturales. Vamos a tomar como ejemplo un “bosque urbano” para ejemplificar la provisión de servicios ecosistémicos. Los humanos podemos obtener madera de este bosque, así como frutos para la alimentación de animales y microorganismos, y biomasa para la generación de energía. Estos beneficios se consideran servicios de provisión. Pero adicionalmente, el bosque genera sombra, refresca y limpia el aire por evapotranspiración, entre otros servicios que consideraremos entre los de mantenimiento y regulación. Además, puede ser un lugar sagrado para una comunidad, o un espacio de recreación para los niños, o tener una alta apreciación estética para los turistas, proveyendo así de servicios culturales. En esta línea la infraestructura verde “bosque urbano” tiene una serie de beneficios para la naturaleza y las personas.

Los proyectos de infraestructura verde se pueden desarrollar en diferentes escalas y espacios geográficos. Por ejemplo, en una escala menor, podemos identificar a los techos verdes, jardines verticales y plazas. En una escala mediana a humedales, bosques urbanos, parques zonales, corredores ribereños, etc. Y a gran escala, áreas de conservación regional, reservas paisajísticas, parques nacionales, entre otros.

En muchos países ya se han desarrollado experiencias interesantes como los Huertos Urbanos del Plan Buit de Barcelona, el Proyecto Pumlumon en Gales, el Ecoducto en el parque nacional Banff en Canadá, el Bosque Mersey en Inglaterra, entre otros. Muchos de estos proyectos ya han demostrado su rentabilidad no sólo económica sino también social. No obstante, otros como el High Line de Nueva York, han tenido impactos colaterales no deseados como procesos de gentrificación, usualmente vinculados a un insuficiente análisis del entorno social, procesos de participación ciudadana defectuosos, o escasa protección gubernamental a poblaciones vulnerables.

Los diversos mecanismos de inversión público-privada, son una gran oportunidad para desarrollar proyectos de infraestructura verde que el país necesita. Un valor adicional a tener en cuenta es que los indicadores de estos proyectos (vinculados a la provisión de servicios ecosistémicos) son indicadores de impacto principalmente; algo que es fundamental para cualquier proyecto de inversión pública.

En el marco de reconstrucción con cambios, la crisis vivida en el país a comienzos del año 2017 con los huaycos, podría ser prevenida a través de proyectos de infraestructura verde. Una iniciativa interesante en esta línea fue lanzada hace algunas semanas bajo el nombre de “Fábricas de Agua” por el MINAM, para promover la inversión privada en acciones de conservación, recuperación y uso sostenible de los ecosistemas, a través de la recuperación de especies nativas, el uso de materia orgánica, el desarrollo y mantenimiento de andenería, entre otros espacios disponibles para la inversión.

Al cierre del evento en Nexos+1 la representante del Sernanp comentó que tienen una cartera de proyectos disponibles para invertir en esta línea… ¿quién se anima?

 

 

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