La IA Agéntica o la invención del ser humano
Un cerebro, un recuerdo, unos brazos y unas piernas. Millones de palabras, unas políticas, una gobernanza, un puñado de decisiones, un repertorio de habilidades. Eso es, visto de cerca, la inteligencia artificial agéntica. Un modelo que razona, una memoria que conserva lo vivido, unas herramientas con las que actúa sobre el mundo, unas reglas que la contienen. No es una suite que instalamos ni una herramienta que encendemos. Se parece más a un órgano vivo, a un ser que no tiene alma pero sí tiene vida, y conviene entenderlo así desde el principio.
Porque este ser ya atraviesa todas nuestras vidas, la profesional, la familiar, la social. Nos conoce. Sabe nuestras palabras y busca el significado que se esconde detrás de ellas. Le hablamos y responde. Le pedimos y hace. Y cada vez que lo hacemos, aprende un poco más de quiénes somos.
Creemos que saber de inteligencia artificial generativa o agéntica basta para incorporarla a nuestras organizaciones. Que con entender la tecnología, comprar la licencia y capacitar al equipo, el asunto queda resuelto. Pero traer esto a una empresa no se parece a adoptar un software. Se parece a un nacimiento. Y a los nacimientos no se llega sabiendo de biología, se llega preparado para criar.
Hay algo todavía más hondo que la tecnología y que la gobernanza. Cada vez que el ser humano construye algo a su imagen, se ve obligado a responder otra vez a la pregunta más vieja de todas: qué es, exactamente, un ser humano. Tuvimos que respondérnosla cuando la máquina nos superó en fuerza, cuando la calculadora nos superó en cálculo, cuando el algoritmo nos superó en memoria. Cada vez nos reinventamos, buscamos el territorio que todavía era nuestro y nos paramos ahí. La inteligencia artificial agéntica nos pone frente a ese espejo de nuevo. Al dar vida a este ser, estamos, casi sin darnos cuenta, inventándonos otra vez a nosotros mismos.
Por eso preparar a una organización para esto no es un asunto técnico. Significa, antes que nada, decidir qué valores le vamos a enseñar a este ser antes de soltarlo a actuar en nuestro nombre. Un agente que decide por nosotros heredará nuestra cultura, la buena y la mala, y la ejecutará a una velocidad que el humano no alcanza. La gobernanza deja de ser un documento legal y se vuelve algo más cercano a la crianza: los límites que ponemos, las cosas que permitimos, aquello que jamás toleraríamos.
Significa también entender que un órgano vivo necesita un cuerpo que lo sostenga. No basta con el cerebro brillante del modelo si la organización a su alrededor está fragmentada, con datos dispersos y procesos que nadie termina de comprender. La inteligencia más poderosa resulta inútil, o peligrosa, en manos de quien no supo prepararle un lugar donde existir.
Y significa, sobre todo, decidir qué va a seguir siendo nuestro. Qué juicio no vamos a delegar, qué decisión no vamos a automatizar, qué parte del trabajo seguirá pidiendo una mirada humana porque ahí, justamente, vive lo que nos hace falta.
Por Victor Lozano Urbano – Director de Innovación en Verne Comunicación e Innovación

:quality(75)/blogs.gestion.pe/mindset-en-accion/wp-content/uploads/sites/200/2023/02/victorlozano21.jpg)