La hamburguesa que McDonald’s no pudo digerir
Las crisis de reputación ya no siempre empiezan con un error grave.
A veces empiezan con un gesto pequeño.
Hace unos días comenzó a circular en redes sociales un video del CEO de McDonald’s probando una hamburguesa frente a cámara. La escena parecía diseñada para transmitir algo muy básico en cualquier marca de consumo masivo: confianza. Si diriges la cadena de hamburguesas más grande del mundo, aparecer probando una debería ser casi un gesto natural. Una señal sencilla de que crees en lo que vendes.
Pero internet no consume escenas. Las interpreta.
En cuestión de horas, miles de usuarios comenzaron a comentar que el CEO no parecía disfrutar realmente la hamburguesa. Algunos hablaron de incomodidad. Otros de una expresión poco convincente. La escena empezó a circular acompañada de memes, comentarios y análisis improvisados de lenguaje corporal.
No importaba si la interpretación era justa o exagerada. Importaba que la narrativa ya estaba en marcha.
En la economía digital de la atención, la percepción se mueve más rápido que cualquier explicación corporativa. Un gesto de tres segundos puede activar una conversación global que millones de personas observan, reinterpretan y amplifican.
Eso fue exactamente lo que ocurrió con el video del CEO de McDonald’s.
Lo interesante no fue el video en sí. Fue la velocidad con la que el ecosistema digital reaccionó. Burger King y Wendy’s detectaron la oportunidad casi de inmediato. En lugar de ignorar la conversación, decidieron entrar en ella. Con humor corporativo y mensajes indirectos insinuaron —sin mencionarlo explícitamente— que ellos sí disfrutan sus hamburguesas.
En pocas publicaciones lograron algo que millones en marketing buscan constantemente: subirse a una tendencia cultural en el momento exacto. La escena dejó de ser solo sobre McDonald’s. Se convirtió en una conversación sobre marcas.
Este episodio revela algo importante sobre cómo funciona hoy la reputación empresarial. Durante décadas las marcas construyeron su imagen a través de campañas cuidadosamente diseñadas, mensajes controlados y comunicación institucional. Hoy gran parte de esa narrativa se construye en espacios mucho menos previsibles: redes sociales, memes, videos virales y conversaciones espontáneas que ninguna empresa controla completamente.
Las audiencias no solo escuchan lo que una marca dice. Observan lo que sus líderes representan.
Cuando un CEO aparece frente a una cámara, ya no es solo un ejecutivo comunicando confianza. Se convierte en símbolo de la empresa. Cada gesto, cada reacción, cada expresión facial se interpreta como señal cultural sobre la autenticidad de la marca. En ese contexto, incluso un momento aparentemente trivial puede transformarse en un episodio reputacional.
Sin embargo, no es la primera vez que ocurre. En 2017, Pepsi lanzó una campaña protagonizada por Kendall Jenner que intentaba conectar la marca con el clima de protestas sociales en Estados Unidos. La reacción fue inmediata: millones de personas interpretaron el anuncio como una banalización del activismo. La empresa retiró la campaña en menos de 24 horas.
Años después, Elon Musk protagonizó un momento viral cuando fumó marihuana durante una entrevista en el podcast de Joe Rogan. El episodio generó titulares globales, cuestionamientos de inversores y una caída inmediata en el precio de las acciones de Tesla.
Incluso Mark Zuckerberg experimentó algo similar cuando presentó el metaverso de Meta. El video en el que mostraba su avatar virtual fue objeto de burlas virales que terminaron moldeando la percepción pública del proyecto durante meses.
La lógica es siempre la misma.
En la era de las redes sociales, la reputación ya no se construye únicamente con campañas de marketing. También se construye —y se erosiona— a partir de momentos virales que condensan una narrativa sobre la marca.
Por eso el caso del CEO de McDonald’s resulta interesante. No se trata de un error estratégico ni de una crisis corporativa clásica. Se trata de algo más sutil: una conversación digital que empezó a construir una historia sobre autenticidad.
Y lo más llamativo es que, hasta ahora, la compañía no ha respondido públicamente.
En la lógica tradicional de comunicación corporativa, puede parecer una decisión razonable. No amplificar un episodio menor suele ser una estrategia válida cuando el ciclo mediático es predecible. Pero las redes sociales no funcionan como un ciclo mediático. Funcionan como un ecosistema narrativo.
Las tendencias no esperan comunicados. Las narrativas se consolidan en cuestión de horas. Cuando una conversación digital alcanza cierta velocidad, el silencio también comunica. Puede interpretarse como incomodidad, desconexión o simplemente falta de reacción.
Mientras tanto, otros actores ocupan ese espacio. Eso es exactamente lo que hicieron Burger King y Wendy’s. No necesitaban atacar directamente a McDonald’s. Solo necesitaban aparecer en la conversación. En el mundo del marketing contemporáneo, participar en una tendencia cultural en el momento adecuado puede ser más efectivo que lanzar una campaña multimillonaria semanas después.
Ese cambio redefine también el papel de los líderes empresariales. Durante décadas el impacto de un CEO se medía principalmente por decisiones estratégicas: expansión, adquisiciones, resultados financieros. Hoy también se mide por su capacidad de representar la marca en un entorno donde cada aparición pública puede convertirse en contenido global.
El liderazgo corporativo vive dentro de una cámara permanente. Cada gesto puede ser interpretado, cada reacción puede ser editada, cada escena puede convertirse en tendencia. Eso no significa que los CEOs deban comportarse como influencers. Significa algo más complejo: entender que la reputación ya no se construye únicamente en salas de directorio. También se construye en espacios donde millones de personas observan, comentan y reinterpretan la historia de una marca.
En ese escenario, los competidores no necesitan lanzar campañas agresivas. Solo necesitan estar atentos. Porque cuando aparece una grieta narrativa —aunque dure tres segundos— alguien siempre está listo para ocuparla. Tal vez esa sea la verdadera lección detrás de esta hamburguesa viral. Las empresas pueden invertir millones en marketing, branding y posicionamiento. Pero en la economía digital de la atención, la reputación también se juega en momentos pequeños, espontáneos y difíciles de controlar.
Momentos que duran segundos, pero pueden alimentar una conversación durante días.
Soy Jorge Lazo Arias y cada miércoles encontrarás aquí información sobre marketing, a partir de analizar campañas buenas y también las no tan buenas… porque todo nos suma para conocer las novedades en el mundo del marketing y contar con aprendizajes que podemos aprovechar y aplicar en nuestro día a día.

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