Logitech expande su juego corporativo
Cuando pienso en Logitech, inevitablemente recuerdo mis primeras partidas con periféricos que parecían diseñados para resistir batallas épicas: ratones que sobrevivían a maratones de StarCraft, teclados mecánicos que acompañaban mis columnas nocturnas y headsets que convertían Silent Hill en un viaje sonoro imposible de olvidar. Esa es la imagen que muchos tenemos de la marca: un referente gamer. Pero hoy la historia se amplía. Logitech está acelerando su apuesta corporativa en Perú y lo hace con un plan ambicioso: duplicar su negocio B2B en el mediano plazo.
El dato es contundente. El 80% de su operación local sigue siendo consumo masivo, mientras que el 20% corresponde al segmento corporativo. Sin embargo, ese 20% es el que más promete. En los dos primeros trimestres fiscales crecieron más de 20% frente al año anterior y la expectativa es mantener el doble dígito. En un contexto donde las empresas buscan soluciones de videocolaboración, trabajo híbrido y gestión de espacios, Logitech quiere ser protagonista.
La estrategia tiene un símbolo claro: el nuevo Experience Center en San Isidro. Son 150 m² diseñados para que las compañías prueben en escenarios reales cómo se siente una sala de reuniones equipada con videocolaboración, cómo fluye el trabajo híbrido y cómo se configuran espacios personales con tecnología. La inversión fue de US$50 mil junto a Igarashi, y más allá de la cifra, lo relevante es el concepto: que las empresas vivan la experiencia antes de decidir.
En mi recorrido por este espacio, conversé con Sandro Ruju, Country Manager Perú de Logitech, quien me hizo un tour detallado por cada ambiente. Su mensaje fue claro: “Las empresas están transformando sus espacios de trabajo y demandando soluciones que les permitan colaborar de manera más sencilla, eficiente y flexible”. Esa visión se siente en cada sala del Experience Center, donde la tecnología deja de ser un accesorio y se convierte en parte de la narrativa corporativa.
Lo interesante es que no se quedan en Lima. Provincias están en el radar y eso habla de un cambio de escala. Gobierno, educación, banca y minería ya demandan estas soluciones, y replicar el formato fuera de la capital puede marcar un antes y un después. Como comunicador digital, me gusta ver cómo el discurso pasa de “equipos para conectarse” a “soluciones integradas para colaborar”. Es un giro cultural: no se trata de hardware aislado, sino de ecosistemas que reducen problemas técnicos, administran espacios de manera centralizada y mejoran la experiencia de los colaboradores.
La narrativa empresarial de Logitech se cruza con la tecnológica: inteligencia artificial, administración remota de dispositivos y salas inteligentes. Es el mismo espíritu que vimos en gaming cuando pasaron de vender periféricos a construir experiencias inmersivas. Ahora trasladan esa lógica al mundo corporativo. Y ahí está la clave: entender que la oficina también puede ser un espacio narrativo, donde la tecnología no solo conecta, sino que transforma la forma en que trabajamos.
Como periodista que ha seguido a Logitech desde sus audífonos Astro hasta sus teclados mecánicos, me resulta inevitable pensar que este movimiento corporativo es parte de una evolución natural. La marca aprendió a seducir al consumidor final y ahora quiere replicar esa experiencia en las empresas. No es solo negocio: es cultura digital aplicada al trabajo.

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