El futuro del turismo es pet friendly
Hace algunos años decidí inaugurar en este espacio una sección dedicada a los vehículos eléctricos. Corría el 2018 y era un tema que apenas empezaba a ganar terreno en el Perú. La pandemia interrumpió ese ciclo, pero también abrió otra puerta inesperada: después de casi 25 años pude volver a tener mascotas. Rescatar y adoptar a Dobbie y Nébula cambió mi vida y, como suele ocurrir con las decisiones que nacen del corazón, también transformó la manera en que entiendo los viajes, el descanso y la experiencia de compartir momentos especiales.
Este aniversario de matrimonio fue distinto. Con pocos días libres por el trabajo, decidimos que la celebración no podía excluir a quienes ya forman parte de nuestra familia. Así nació la idea de probar por primera vez la experiencia pet friendly del hotel Aranwa de Paracas, un lugar que solemos visitar con frecuencia, pero que hasta ahora no habíamos disfrutado con nuestros perros. El resultado fue tan gratificante que merece convertirse en la primera columna doglover de este espacio.
Desde el inicio, la diferencia fue evidente. El check-in no solo fue para nosotros: Dobbie y Nébula también tuvieron su propio registro, con foto incluida y cartillas personalizadas. Ese gesto, que puede parecer sencillo, marca la pauta de un servicio que entiende que las mascotas no son acompañantes ocasionales, sino miembros plenos de la experiencia. Al ingresar a nuestra suite, la sorpresa fue aún mayor: además de la cama con vista al mar y la piscina, nos esperaban camas para ellos, platitos de comida y bolsitas para sus necesidades. No tuvimos que bajar del auto con nuestros propios implementos; el hotel ya había pensado en todo.
El costo de estadía para las mascotas es de 42 dólares diarios, que cubre limpieza especial y servicios básicos, con la salvedad de que no incluye travesuras extremas. El reglamento es claro: peso máximo de 18 kilos, comportamiento adecuado (como se exige también a los huéspedes humanos) y uso de correas fuera de la habitación, salvo en el área de agility. Este último detalle merece mención aparte: Aranwa Paracas es el primer hotel en contar con un espacio agility para perros, un verdadero diferencial que convierte la estadía en una experiencia completa.
Las reglas se complementan con un acceso amplio a los espacios públicos. Dobbie y Nébula pudieron pasear por las áreas comunes y acompañarnos en la terraza del restaurante principal. El housekeeping se realiza únicamente cuando las mascotas están fuera de la habitación con sus dueños, lo que garantiza tanto la limpieza como la seguridad. Todo está diseñado para que la convivencia sea armoniosa y respetuosa, sin perder la esencia de un hotel de lujo.
Pero más allá de las normas y los servicios, lo que realmente distingue la experiencia es la emoción de compartir un viaje de aniversario con nuestras mascotas. La amabilidad del personal, siempre atentos y cariñosos con Dobbie y Nébula, nos dio la confianza de estar tranquilos. La felicidad de ellos, al poder acompañarnos en un viaje y en un hotel, es una sensación que solo un doglover puede comprender. Y si aún no la conoce, debería hacerlo.
La distancia cercana de Lima a Paracas permite que el viaje sea manejable en auto, lo que refuerza la idea de un plan perfecto: escapada corta, celebración especial y compañía completa. Al regresar, Dobbie y Nébula mostraban la misma mezcla de cansancio y emoción que yo sentía cuando volvía de vacaciones en mi infancia. Esa imagen resume lo que significa incluir a las mascotas en nuestras experiencias.
Aranwa Paracas ha entendido que el verdadero lujo hoy no se mide únicamente en vistas al mar o piscinas, sino en la posibilidad de compartir esos privilegios con quienes forman parte de nuestra vida cotidiana. La visión de abrir sus puertas a las mascotas, con reglas claras y servicios pensados para ellas, es un ejemplo de cómo la hotelería puede adaptarse a nuevas demandas y sensibilidades.
Esta primera columna doglover no busca solo contar una anécdota personal, sino subrayar una tendencia que crece en el mundo y que empieza a consolidarse en el Perú: los hoteles que integran a las mascotas como parte de la experiencia.

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