Especial CES: lo retro nunca muere
Luego de recorrer los pasillos futuristas del CES 2026, decidí dedicar un día completo al pabellón retrogamer y simuladores. Fue como entrar a un espacio paralelo dentro de la feria tecnológica más grande del mundo: mientras en otros stands se hablaba de inteligencia artificial, pantallas flexibles y gafas inmersivas, aquí la conversación giraba en torno a píxeles grandes, controles cuadrados y melodías de 8 bits.
Las pequeñas máquinas arcade fueron las protagonistas. Con títulos como Megaman 3 y Street Fighter II, se convirtieron en puntos de encuentro entre generaciones. Los más jóvenes se acercaban con curiosidad, intentando comprender cómo un juego tan “simple” podía ser tan desafiante, mientras los veteranos celebraban que sus memorias gamer ahora eran parte del mainstream tecnológico. La escena era clara: la nostalgia no es un accesorio, es una tendencia que se mantiene viva y rentable.
Más allá de las consolas miniaturizadas, lo que llamó la atención fueron los controles diseñados para replicar la experiencia original. Joysticks rígidos, botones con resistencia, incluso adaptaciones modernas que permiten conectar estos periféricos a consolas actuales. La industria entiende que la experiencia física es tan importante como la digital, y que el mercado está dispuesto a pagar por revivir sensaciones que parecían olvidadas.
Y en medio de todo, brillaban las máquinas de pinball. Con sus luces intermitentes, sonidos metálicos y tableros decorados con temáticas clásicas y modernas, recordaban que este género nunca desapareció, solo se transformó. El pinball es un símbolo de la cultura arcade, un juego que combina habilidad, reflejos y azar, y que sigue generando filas de jugadores dispuestos a gastar fichas por la emoción de mantener la bola en juego. En el CES, las nuevas versiones mostraban cómo la nostalgia puede convivir con la innovación: tableros digitales, sensores de precisión y conectividad online para competir con jugadores de todo el mundo.
El área de simuladores ofreció otro ángulo de esta mezcla entre pasado y futuro. Cabinas de conducción con volantes clásicos, sistemas de vuelo que combinaban hardware retro con interfaces modernas, y propuestas híbridas que demostraban que la inmersión física sigue siendo clave en un mundo cada vez más digital. Pero también hubo espacio para la nueva generación de simuladores, especialmente en juegos de vuelo, donde la precisión de los controles y la calidad de las pantallas envolventes ofrecían una experiencia cercana a la realidad.
Uno de los dispositivos más comentados fue el chaleco háptico, diseñado para shooters. Este accesorio genera pequeñas cargas eléctricas y vibraciones en el cuerpo del jugador, simulando impactos y aumentando la sensación de inmersión. La propuesta es clara: llevar el gaming a un nivel donde la experiencia no solo se vea y se escuche, sino que también se sienta. Aunque algunos lo consideran extremo, la reacción del público fue de asombro y curiosidad, confirmando que la industria busca constantemente nuevas formas de conectar al jugador con la acción.
¿Por qué importa?
El CES confirmó que lo retro no es un accesorio marginal, sino un motor cultural y comercial. La nostalgia genera comunidad, conversación y negocio. En Las Vegas, se celebró como un triunfo gamer: lo retro sigue de moda, y su vigencia redefine cómo entendemos la innovación. Al mismo tiempo, los simuladores y accesorios de nueva generación muestran que la industria no se conforma con revivir el pasado, sino que busca expandir los límites de la inmersión.
La prueba personal
Lo más interesante fue ver cómo la emoción se compartía entre generaciones. Mientras algunos buscaban revivir la precisión de un joystick cuadrado, otros se sorprendían con la simpleza de títulos que, pese a los años, siguen siendo desafiantes. Y en las máquinas de pinball, la escena era aún más clara: adultos que recordaban tardes enteras en salones recreativos y jóvenes que descubrían por primera vez la magia de un juego que no necesita gráficos hiperrealistas para ser emocionante. En los simuladores de vuelo y con el chaleco háptico, la conclusión fue distinta pero complementaria: el futuro del gaming también se construye con experiencias sensoriales que van más allá de la pantalla.
En un CES dominado por pantallas gigantes y dispositivos de realidad aumentada, el pabellón retrogamer y simuladores nos recordó que la innovación no siempre está en lo nuevo, sino en la capacidad de reinterpretar lo que ya conocemos. Lo retro nunca muere, y en Las Vegas se celebró como un triunfo cultural y comercial que seguirá marcando la industria.

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