Especial CES: Experiencia en La Esfera
En el CES 2026, entre pantallas flexibles, autos eléctricos y gadgets que prometen cambiar la rutina, hubo un espacio que eclipsó cualquier innovación: la Esfera de Las Vegas. No es solo un recinto, es un manifiesto tecnológico que redefine lo que entendemos por espectáculo.
La estructura, visible desde kilómetros de distancia, es un planeta artificial incrustado en el desierto. Su piel está compuesta por más de 1,2 millones de LEDs capaces de proyectar imágenes en resoluciones que superan los 16K, envolviendo al espectador en un universo visual sin precedentes. Dentro, la experiencia se multiplica: la pantalla interna curva alcanza los 15.000 m², convirtiendo cada asiento en un portal hacia otra dimensión.
Pero lo que realmente sorprende es la sincronía multisensorial. No hablamos solo de ver y escuchar: los asientos vibran con precisión quirúrgica. Una pisada de elefante en pantalla se traduce en un golpe seco bajo el cuerpo; un trueno hace temblar el respaldo; una ráfaga de viento se acompaña de corrientes de aire que recorren la sala. Es un lenguaje físico que convierte al público en parte activa de la narrativa.
La Esfera es un sí o sí en Las Vegas. No basta con describirla: hay que vivirla. Y nosotros lo hicimos en un concierto de Gwen Stefani, donde la artista se transformó en protagonista de un espectáculo que ya no depende solo de su voz o presencia, sino de la alianza con la tecnología. Cada canción se desplegaba en un entorno distinto: un bosque digital que respiraba al ritmo de la música, una ciudad futurista que se desmoronaba con los acordes, un océano que nos sumergía en sus profundidades.
La experiencia fue aún más especial porque estuve acompañado de mi esposa, quien disfrutó tanto como yo cada detalle del show. Y en medio de la multitud nos encontramos con nuestro gran amigo Arturo Goga, feliz como pocas veces lo he visto, porque No Doubt es una de sus bandas favoritas desde hace más de veinte años. Ese encuentro reforzó la sensación de que la Esfera no solo es un espectáculo tecnológico, sino también un espacio de comunidad y celebración compartida.
Hubo instantes en que la hipnosis sensorial me soltaba, apenas por unos segundos, y en ese respiro me descubrí imaginando cómo sería probar mis videojuegos dentro de la Esfera. Pensar en mundos digitales proyectados en 16K, con asientos vibrando al ritmo de cada batalla o exploración, me hizo entender que este recinto no solo revoluciona los conciertos: también abre una puerta a experiencias gamer que podrían redefinir la manera en que jugamos y sentimos los videojuegos.
La conclusión es inevitable: después de la Esfera, los conciertos tradicionales parecen insuficientes. Incluso imaginar a Radiohead en un estadio clásico genera dudas. ¿Podría un escenario convencional transmitir la misma intensidad, la misma inmersión, la misma capacidad de hacer vibrar literalmente al público? La Esfera plantea un nuevo estándar, y lo hace con tal contundencia que obliga a repensar la industria del entretenimiento.
Más allá del espectáculo, la Esfera es también un laboratorio de posibilidades. Su sistema de audio direccional permite que cada asiento reciba un sonido calibrado, eliminando ecos y distorsiones. La arquitectura misma está diseñada para que la acústica sea perfecta, sin importar la ubicación. Y la combinación de visuales hiperrealistas con estímulos físicos abre un campo inexplorado para narrativas inmersivas: desde conciertos hasta conferencias, pasando por experiencias educativas o simulaciones científicas.
En un CES donde la palabra “inmersión” se repite como mantra, la Esfera es la materialización más radical de esa promesa. No es un gadget, no es un prototipo: es una realidad tangible que redefine lo que significa estar presente. Y en ese sentido, Las Vegas ya no es solo la ciudad de los casinos y las luces de neón, sino el epicentro de un nuevo paradigma cultural.
Salir de la Esfera es como despertar de un sueño lúcido. La ciudad sigue ahí, con su ruido y su exceso, pero uno ya no es el mismo. Porque después de sentir cómo un elefante pisa a tu lado, cómo un océano te envuelve, cómo la música se convierte en vibración física, cualquier otro espectáculo parece incompleto.
La Esfera no es solo un recinto: es el futuro del entretenimiento. Y haberla vivido en el CES 2026, junto a mi esposa y compartiendo la emoción con amigos, es confirmar que la innovación no siempre cabe en un chip o en un algoritmo. A veces, se construye a escala monumental, para recordarnos que la tecnología también puede ser arte.

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