¿Construir colegios (COAR) o financiar oportunidades (Becas de Excelencia)?: Repensando la política educativa para estudiantes de alto rendimiento
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Autor: Sergio Bravo Orellana Profesor de ESAN Graduate School of Business
Asistente académico: Milagros Gamarra Mendoza
Resumen
El Perú enfrenta el desafío de ampliar las oportunidades educativas para estudiantes de alto rendimiento en un contexto de restricciones fiscales, brechas territoriales y crecientes demandas de calidad. En este marco, el presente artículo analiza dos mecanismos complementarios de intervención: los Colegios de Alto Rendimiento (COAR), basados en una provisión intensiva de infraestructura y servicios educativos especializados, y un modelo de Becas de Excelencia orientado a financiar el acceso de estudiantes talentosos a instituciones educativas de calidad ya existentes.
El análisis se desarrolla desde una perspectiva económica, fiscal, institucional y de gobernanza, incorporando además la dimensión temporal como un factor crítico en la formación de capital humano. Los resultados muestran que, si bien los COAR constituyen una experiencia pedagógica exitosa y un activo valioso dentro del sistema educativo nacional, su naturaleza intensiva en infraestructura y recursos permanentes limita su capacidad de expansión a gran escala. En contraste, las Becas de Excelencia permiten aprovechar capacidades instaladas, ampliar significativamente la cobertura, acelerar la implementación y utilizar los recursos públicos con mayor flexibilidad y eficiencia.
La propuesta se complementa con tres componentes estratégicos: un sistema de información transparente basado en evaluaciones y publicación de resultados que fortalece la rendición de cuentas e incentivos de calidad; un programa nacional de reforzamiento académico virtual que construye un estándar común de excelencia y reduce brechas entre instituciones educativas; y un Fondo Nacional de Becas de Excelencia, financiado con recursos públicos y privados y administrado mediante un fideicomiso que fortalece la sostenibilidad y gobernanza del sistema.
El artículo sostiene que la discusión trasciende la dicotomía entre educación pública y privada y se centra en cómo asignar eficientemente recursos escasos para maximizar el desarrollo del capital humano. Desde esta perspectiva, la educación de estudiantes talentosos provenientes de familias de menores recursos constituye una inversión estratégica y una forma de gasto corriente productivo con elevados retornos sociales y económicos. En consecuencia, las Becas de Excelencia se presentan como un instrumento complementario a los COAR que permite ampliar oportunidades, fortalecer la movilidad social basada en el mérito y acelerar la formación del talento que el país requiere para su desarrollo futuro.
I. El dilema de la política educativa
En el ámbito de la educación para estudiantes de alto rendimiento, el Perú ha desarrollado una de sus iniciativas más representativas: los Colegios de Alto Rendimiento (COAR). Este modelo ha generado resultados destacados y constituye una experiencia valiosa dentro del sistema educativo nacional, demostrando que es posible brindar educación de alta calidad a estudiantes con elevado potencial académico provenientes de diversas regiones del país.
Sin embargo, el éxito de los COAR plantea una pregunta fundamental: ¿cuál es la estrategia más eficiente para ampliar este tipo de oportunidades y beneficiar a un número significativamente mayor de estudiantes talentosos? La discusión no debe plantearse como una elección entre fortalecer los COAR o adoptar mecanismos alternativos, sino como la búsqueda de instrumentos complementarios que permitan amplificar sus resultados y extender su alcance.
Este desafío refleja una tensión clásica en el diseño de políticas públicas: la asignación de recursos entre infraestructura y servicios. La inversión en infraestructura educativa permite ampliar la capacidad del sistema, generar activos de largo plazo y consolidar la presencia del Estado. No obstante, la construcción representa solo una parte del esfuerzo, pues requiere compromisos permanentes de operación, mantenimiento y gestión que, en un contexto de restricción fiscal, pueden limitar la velocidad de expansión de la política educativa.
En este contexto, un programa de Becas de Excelencia constituye un mecanismo complementario orientado a ampliar la cobertura con menores compromisos de inversión en activos físicos. En lugar de destinar recursos a la construcción de nueva infraestructura, el Estado financia el acceso de estudiantes talentosos a servicios educativos de calidad ya existentes, aprovechando la capacidad instalada del sistema y evitando duplicaciones de inversión.
Desde una perspectiva fiscal, esta diferencia es relevante. Mientras los modelos basados en infraestructura generan elevados costos iniciales y compromisos permanentes de operación y mantenimiento, los esquemas de financiamiento de la demanda permiten asignar una mayor proporción de los recursos directamente a los estudiantes y ajustar la escala de intervención según la disponibilidad presupuestaria. Desde una perspectiva institucional, ambos enfoques requieren capacidades distintas: la infraestructura demanda procesos complejos de inversión y gestión operativa, mientras que las becas exigen capacidad de regulación, acreditación, supervisión de resultados y asignación eficiente de recursos.
En última instancia, el debate se relaciona con la forma en que el Estado puede maximizar el impacto de los recursos destinados al desarrollo del capital humano. Mientras la infraestructura educativa especializada fortalece capacidades permanentes del sistema, las Becas de Excelencia permiten ampliar oportunidades y acelerar el acceso de un mayor número de estudiantes talentosos. Cada año que transcurre sin extender estas oportunidades representa una pérdida para el desarrollo individual de los jóvenes y para el aprovechamiento de un capital humano que puede contribuir al crecimiento y bienestar del país.
II. COAR: calidad con altos costos estructurales
Los Colegios de Alto Rendimiento (COAR) cuentan con 25 sedes y han atendido aproximadamente a 7,500 estudiantes, ofreciendo un entorno académico de alta exigencia que combina educación intensiva, régimen de internado y acompañamiento especializado orientado al desarrollo del talento. Los resultados alcanzados han convertido a los COAR en un referente de educación de excelencia dentro del sistema educativo peruano.
La calidad y el carácter integral del modelo están asociados a una estructura de recursos significativamente más intensiva que la de un colegio convencional. Cada sede requiere infraestructura especializada que incluye aulas, residencias estudiantiles, comedores, espacios de estudio, instalaciones deportivas y diversos servicios complementarios. A ello se suman costos vinculados a la alimentación, el acompañamiento tutorial, el personal docente especializado, la gestión integral del servicio y los gastos permanentes de operación y mantenimiento durante toda la vida útil de la infraestructura.
Desde una perspectiva fiscal, el modelo COAR ilustra los desafíos asociados a las políticas educativas intensivas en infraestructura. De acuerdo con información del Ministerio de Educación, PROINVERSIÓN y convenios de construcción ejecutados o en proceso, el costo de inversión de una sede se sitúa aproximadamente entre S/ 90 y S/ 100 millones[1]. Adicionalmente, su funcionamiento demanda alrededor de S/ 15 millones anuales en operación y mantenimiento para atender a una capacidad aproximada de 300 estudiantes distribuidos entre tercero y quinto de secundaria.
Al anualizar la inversión en infraestructura e incorporar los costos de operación y mantenimiento, el gasto por estudiante alcanza niveles significativamente superiores a los de la educación secundaria convencional. Según el Informe Final de Evaluación del Diseño e Implementación de los COAR del MINEDU[2], el costo anual por alumno se sitúa aproximadamente entre S/ 45 mil y S/ 58 mil.
Estas cifras no deben interpretarse como una señal de ineficiencia, sino como una consecuencia del propio diseño del modelo. La combinación de internado, acompañamiento académico permanente, infraestructura diferenciada y servicios complementarios permite ofrecer una propuesta educativa de alta calidad, pero también demanda una mayor intensidad de recursos por estudiante.
La principal implicancia de esta estructura de costos no se relaciona con la calidad del modelo, sino con su capacidad de expansión. Cada nueva sede requiere inversiones significativas, largos periodos de implementación y compromisos permanentes de operación y mantenimiento. En consecuencia, la ampliación de la red depende no solo de la disponibilidad de recursos para construir infraestructura, sino también de la capacidad de sostener financieramente el servicio en el largo plazo.
En este contexto, el desafío de política pública consiste en identificar mecanismos complementarios que permitan ampliar las oportunidades educativas para un mayor número de estudiantes de alto rendimiento, preservando los estándares de calidad alcanzados por los COAR y garantizando la sostenibilidad financiera del sistema.
III. Becas de Excelencia: ampliando oportunidades a través de la capacidad instalada
Frente al desafío de ampliar las oportunidades educativas para un mayor número de estudiantes de alto rendimiento, las Becas de Excelencia constituyen un mecanismo complementario que permite extender los beneficios de una educación de calidad aprovechando capacidades ya existentes en el sistema educativo. Bajo este esquema, el Estado identifica a estudiantes con alto potencial académico y financia su acceso a instituciones educativas privadas previamente acreditadas, asegurando estándares de calidad mediante mecanismos de supervisión y evaluación permanente.
El financiamiento se realiza mediante convenios o tarifas institucionales negociadas con los colegios participantes, permitiendo acceder a condiciones más eficientes que aquellas disponibles para las familias de manera individual. De esta forma, la intervención pública se concentra en facilitar el acceso al servicio educativo y garantizar su calidad, en lugar de depender exclusivamente de la creación de nueva infraestructura para ampliar la cobertura.
Este enfoque encuentra sustento en la economía institucional desarrollada por Ronald Coase y Oliver E. Williamson[3], particularmente en la decisión entre producir directamente un bien o servicio (Make) o adquirirlo eficientemente a terceros (Buy). Aplicado al ámbito educativo, este principio plantea que el Estado no necesariamente debe expandir su capacidad de provisión directa cuando existen instituciones capaces de ofrecer servicios de calidad bajo estándares previamente establecidos y supervisados. En consecuencia, el rol del Estado se orienta principalmente hacia la identificación de beneficiarios, la acreditación de instituciones, la supervisión de resultados y la asignación eficiente de recursos.
Un antecedente de este modelo se encuentra en programas como Beca 18 en educación superior, donde el Estado financia el acceso de estudiantes talentosos a instituciones seleccionadas bajo criterios de calidad. De manera similar, las Becas de Excelencia permiten ampliar oportunidades educativas utilizando la capacidad instalada existente sin requerir nueva infraestructura para cada estudiante adicional.
Este esquema presenta tres ventajas principales. En primer lugar, permite una expansión más rápida de la cobertura al incorporar estudiantes en vacantes disponibles de instituciones acreditadas. En segundo lugar, genera economías de escala mediante la contratación institucional de vacantes, permitiendo condiciones económicas más favorables. En tercer lugar, introduce incentivos de mejora continua, dado que las instituciones participantes deben mantener estándares de desempeño y resultados para conservar su participación en el programa.
Como resultado, el costo por estudiante puede reducirse significativamente respecto de modelos intensivos en infraestructura sin renunciar necesariamente a estándares adecuados de calidad. Desde una perspectiva fiscal y operativa, se configura un mecanismo más flexible y escalable, que permite adaptar la magnitud del programa a las necesidades y disponibilidades presupuestarias. En este sentido, las Becas de Excelencia representan una herramienta moderna de política pública orientada a maximizar la formación de capital humano, complementando iniciativas especializadas como los COAR y permitiendo que un mayor número de estudiantes talentosos acceda a oportunidades educativas de excelencia.
IV. Cobertura y costo: una diferencia estructural
La diferencia más significativa entre ambos enfoques se refleja en su capacidad de cobertura. Mientras los COAR concentran recursos en un servicio educativo altamente especializado e intensivo, atendiendo aproximadamente a 6,300 estudiantes a nivel nacional con un presupuesto cercano a S/ 450 millones anuales, un esquema de Becas de Excelencia podría extender oportunidades educativas a un número considerablemente mayor de estudiantes utilizando un nivel similar de recursos.
A modo ilustrativo, una beca promedio de S/ 800 mensuales permitiría que un presupuesto equivalente al destinado a la red COAR financie aproximadamente 53 mil becas en todo el país[4]. Si bien ambos modelos responden a niveles de intensidad educativa diferentes y, por tanto, no son estrictamente comparables, el ejercicio permite dimensionar la magnitud de la diferencia en términos de alcance potencial.
Esta diferencia no obedece necesariamente a una mayor eficiencia pedagógica de un modelo sobre otro, sino a la distinta naturaleza de su estructura de costos. Mientras los COAR incorporan infraestructura especializada, internado y servicios complementarios, las Becas de Excelencia aprovechan capacidades educativas ya existentes y concentran una mayor proporción de recursos directamente en el acceso del estudiante al servicio.
La mayor capacidad de cobertura del modelo de becas responde a tres factores principales: evita nuevas inversiones en infraestructura para cada beneficiario adicional, permite obtener economías de escala mediante convenios institucionales con colegios acreditados y mantiene una estructura de gasto predominantemente vinculada a la atención efectiva de los estudiantes, otorgando mayor flexibilidad para ampliar o ajustar la cobertura según las prioridades presupuestarias.
En consecuencia, una misma cantidad de recursos públicos puede traducirse en un número significativamente mayor de beneficiarios. Sin embargo, ello no implica que un modelo sea superior al otro, sino que responden a objetivos complementarios: los COAR maximizan la intensidad y profundidad de la experiencia educativa, mientras que las Becas de Excelencia permiten ampliar el acceso a oportunidades educativas de calidad a una escala significativamente mayor.
El verdadero desafío de la política pública consiste, por tanto, en encontrar el equilibrio adecuado entre intensidad y cobertura, considerando las restricciones fiscales existentes y la necesidad de acelerar la formación de capital humano. En un contexto de alta demanda por educación de excelencia y recursos limitados, la combinación de ambos instrumentos puede permitir que un mayor número de estudiantes talentosos desarrolle plenamente su potencial.
V. Tiempo: el costo invisible de la política pública
Además de las diferencias en cobertura y estructura de costos, existe un factor frecuentemente subestimado en el diseño de políticas públicas: el tiempo de implementación. En educación, el tiempo tiene un valor especialmente relevante, pues las oportunidades de aprendizaje perdidas durante etapas críticas de la formación difícilmente pueden recuperarse. Por ello, la velocidad con la que una política logra llegar a sus beneficiarios puede ser tan importante como su costo o su calidad.
En el caso de los COAR, la ampliación de cobertura requiere la construcción y puesta en operación de nuevas sedes, proceso que involucra estudios de preinversión, expedientes técnicos, contratación, ejecución de obras, equipamiento y puesta en funcionamiento. Incluso bajo esquemas eficientes de participación público-privada, estos procesos pueden demandar entre cuatro y cinco años; bajo mecanismos tradicionales de obra pública, los plazos pueden extenderse significativamente, llegando en algunos casos a acercarse a una década[5].
Durante ese período, varias promociones de estudiantes talentosos concluyen su etapa escolar sin haber accedido a oportunidades educativas equivalentes. Surge así un costo de oportunidad que normalmente no aparece en los análisis presupuestarios: el valor del capital humano que deja de desarrollarse mientras la capacidad del sistema se encuentra en proceso de expansión.
En contraste, un sistema de Becas de Excelencia puede implementarse en plazos significativamente menores, incluso dentro de un mismo año escolar, ya que su despliegue depende principalmente de la identificación de beneficiarios, la acreditación de instituciones y los mecanismos de financiamiento y supervisión. De esta manera, las oportunidades educativas pueden alcanzar a las generaciones actualmente matriculadas y no solo a aquellas que ingresarán al sistema en el futuro.
Esta dimensión temporal encuentra respaldo en la literatura económica sobre formación de capital humano. James Heckman[6], Premio Nobel de Economía, demostró que los retornos de las intervenciones educativas dependen significativamente del momento en que se realizan y que su impacto disminuye cuando estas se postergan. En este sentido, el tiempo de implementación constituye una variable central en la evaluación de una política pública.
Desde esta perspectiva, la evaluación de una intervención educativa no debería considerar únicamente su costo, cobertura o calidad, sino también la velocidad con la que logra generar resultados efectivos. Una política que llega tarde, aun cuando sea técnicamente sólida, puede producir un menor impacto que otra que, manteniendo estándares adecuados de calidad, actúa de manera oportuna sobre la población objetivo.
VI. Gobernanza: del riesgo concentrado al riesgo distribuido
Las diferencias entre ambos modelos también son relevantes desde la perspectiva institucional y de gobernanza del gasto público. El modelo COAR, al sustentarse en la construcción, equipamiento y operación de infraestructura educativa especializada, requiere procesos complejos de inversión pública que incluyen estudios y expedientes técnicos[7], contratación de obras, supervisión de la ejecución y posterior operación y mantenimiento de los activos. Como ocurre en cualquier proyecto de infraestructura de gran escala, estos procesos concentran riesgos asociados a modificaciones de alcance, ampliaciones de plazo, disponibilidad presupuestaria, calidad constructiva y controversias contractuales.
La experiencia de diversos proyectos COAR demuestra que estos riesgos no son únicamente teóricos. En el caso del COAR Junín se produjo un arbitraje relacionado con la elaboración del estudio de preinversión y expediente técnico, vinculado, entre otros aspectos, a observaciones de la Contraloría General de la República[8] sobre valorizaciones aprobadas que permanecieron pendientes de pago debido a restricciones presupuestarias. En el COAR Moquegua[9] se registraron observaciones relacionadas con la calidad de materiales y el cumplimiento de especificaciones técnicas durante la construcción. Asimismo, los COAR de Áncash[10], Lambayeque[11], Puno y Tacna[12] enfrentaron retrasos asociados a conflictos sociales, controversias sobre terrenos, dificultades de coordinación institucional y restricciones administrativas.
Estos casos no constituyen una debilidad particular del modelo COAR, sino que reflejan riesgos inherentes a cualquier estrategia intensiva en infraestructura. No obstante, evidencian que una parte importante del riesgo de expansión se concentra en un número reducido de proyectos de alta complejidad técnica, contractual e institucional, donde una contingencia puede retrasar significativamente la incorporación de nueva capacidad educativa.
En contraste, el modelo de Becas de Excelencia presenta una estructura de gobernanza diferente. Al financiar directamente el acceso al servicio educativo, los recursos se distribuyen entre múltiples instituciones y beneficiarios, reduciendo la dependencia del éxito de proyectos individuales de gran escala. Los riesgos de gestión, supervisión o desempeño no desaparecen, pero pasan a estar más diversificados, con efectos potencialmente más acotados sobre el conjunto del programa.
Esta estructura permite que la gobernanza se concentre menos en la gestión de activos físicos y más en la acreditación de instituciones, la supervisión de resultados, la transparencia del uso de los recursos y el seguimiento de los beneficiarios. La naturaleza descentralizada del modelo fortalece la trazabilidad del gasto, facilita la aplicación de mecanismos correctivos —como la suspensión o exclusión de instituciones que no cumplan con los estándares establecidos— y mejora la capacidad del sistema para introducir ajustes en función del desempeño alcanzado.
En consecuencia, el enfoque de Becas de Excelencia transforma una parte importante de los riesgos asociados a grandes proyectos de infraestructura en riesgos más distribuidos, transparentes y gestionables. Desde la perspectiva de la política pública, ello permite que los esfuerzos institucionales se orienten principalmente hacia el objetivo central del sistema: asegurar que los recursos públicos se traduzcan efectivamente en mayores oportunidades educativas y en una mejor formación del capital humano.
VII. Información como mecanismo de calidad
Uno de los componentes más innovadores del modelo propuesto es la utilización de la información como un instrumento activo de aseguramiento de la calidad educativa. Tradicionalmente, la supervisión del Estado se ha basado principalmente en mecanismos administrativos, contractuales y regulatorios, los cuales, si bien son necesarios, pueden presentar limitaciones para medir de manera permanente la calidad efectiva del servicio. La propuesta los complementa mediante un sistema de evaluación, generación y difusión de información objetiva, transparente y comparable sobre el desempeño de las instituciones participantes.
Bajo este enfoque, el programa incorpora evaluaciones periódicas de los estudiantes, la publicación de resultados académicos y la comparación del desempeño entre instituciones educativas. La información deja de ser únicamente una herramienta de control interno y se convierte en un mecanismo de gobernanza que reduce las asimetrías entre proveedores y usuarios del servicio educativo, permitiendo que las familias tomen decisiones más informadas respecto de las alternativas disponibles.
Este mecanismo genera incentivos permanentes para la mejora continua. Las instituciones con mejores resultados y un desempeño consistente tienden a atraer una mayor demanda de estudiantes beneficiarios, mientras que aquellas con resultados insuficientes enfrentan incentivos para fortalecer sus procesos educativos. De esta manera, la calidad deja de depender exclusivamente de la supervisión estatal y se fortalece mediante mecanismos de transparencia, reputación y elección informada.
Desde una perspectiva institucional, este enfoque complementa los mecanismos tradicionales de regulación con una lógica de rendición de cuentas basada en resultados. La supervisión del Estado continúa siendo fundamental, pero se combina con sistemas de información que permiten orientar la asignación de estudiantes y recursos hacia instituciones con mejor desempeño.
En consecuencia, el sistema evoluciona desde un modelo basado predominantemente en la supervisión centralizada hacia un esquema donde la transparencia, la evaluación de resultados y la participación informada de las familias contribuyen activamente a elevar la calidad educativa. La información se convierte así en un activo estratégico para mejorar la eficiencia del gasto público y fortalecer el impacto de la política de formación de capital humano.
VIII. Un componente clave: reforzamiento académico nacional
El modelo de Becas de Excelencia puede fortalecerse mediante la incorporación de un programa nacional de reforzamiento académico virtual orientado a complementar la formación recibida en las instituciones educativas participantes. Su objetivo es construir un estándar común de excelencia académica que reduzca las diferencias existentes entre colegios y regiones, garantizando que todos los beneficiarios accedan a oportunidades homogéneas de desarrollo.
El programa se sustentaría en la participación de docentes de alto nivel académico, seleccionados por su excelencia profesional, experiencia pedagógica y resultados demostrados, quienes impartirían clases simultáneamente a estudiantes de todo el país mediante plataformas virtuales. El contenido se enfocaría en competencias estratégicas como matemática, comprensión lectora, ciencias y razonamiento lógico, incorporando además preparación para el ingreso a universidades e institutos de alta exigencia académica.
La tecnología permite superar una de las principales limitaciones de los modelos tradicionales: la dificultad de extender la calidad de los mejores docentes a gran escala. Mientras que en un esquema convencional la excelencia académica suele concentrarse en determinadas instituciones, un modelo virtual permite que miles de estudiantes, independientemente de su ubicación geográfica, accedan a los mismos contenidos y metodologías de enseñanza.
La principal fortaleza de este componente radica en su capacidad de combinar calidad, cobertura y equidad territorial. Un mismo contenido académico de alto nivel puede llegar simultáneamente a estudiantes de diferentes regiones, generando economías de escala y reduciendo los costos marginales por beneficiario. De esta manera, la tecnología se convierte en un instrumento de democratización del conocimiento y de reducción de brechas educativas.
En consecuencia, el programa no solo fortalece los conocimientos de los estudiantes, sino que actúa como un mecanismo de convergencia académica nacional. Al proporcionar una base formativa común bajo estándares de excelencia, potencia el impacto del sistema de Becas de Excelencia en términos de desarrollo de capital humano, movilidad social y ampliación de oportunidades educativas.
IX. Un nuevo modelo institucional: fondo mixto
La propuesta incorpora una innovación institucional relevante: la creación de un Fondo Nacional de Becas de Excelencia destinado a financiar el acceso de estudiantes de alto rendimiento a oportunidades educativas de calidad. A diferencia de los esquemas sustentados exclusivamente en recursos del Gobierno Nacional, el fondo se plantea como un mecanismo de financiamiento mixto y de largo plazo que articula la participación del Estado, los gobiernos subnacionales, el sector educativo privado y otras fuentes complementarias alrededor de un objetivo común: la formación de capital humano de alto potencial y la promoción de la movilidad social basada en el mérito.
Más que una fuente de financiamiento, el fondo constituye un instrumento institucional que distribuye el esfuerzo entre distintos actores, reduce la dependencia de una única fuente presupuestaria y fortalece la sostenibilidad del programa frente a futuras restricciones fiscales. Bajo este enfoque, la formación del talento deja de ser una responsabilidad exclusiva del Gobierno Nacional y se convierte en un objetivo compartido, reconociendo que el desarrollo del capital humano genera beneficios económicos y sociales para el conjunto del país.
Desde la perspectiva financiera, el fondo podría nutrirse de recursos del presupuesto del sector educación, aportes de los gobiernos regionales provenientes del canon y sobrecanon, contribuciones del sector educativo privado equivalentes a un porcentaje de sus ingresos —por ejemplo, 2.5%— y fuentes adicionales como cooperación internacional, donaciones o programas de responsabilidad social empresarial.
La participación de los gobiernos regionales resulta especialmente relevante, pues permite transformar parte de la riqueza generada por la explotación de recursos naturales en inversión directa en capital humano dentro de las propias regiones. De igual forma, la participación del sector educativo privado fortalece un esquema de corresponsabilidad en el que las instituciones no solo pueden actuar como proveedoras del servicio educativo, sino también como contribuyentes al financiamiento de una política orientada a ampliar oportunidades para estudiantes de alto rendimiento provenientes de familias de menores recursos.
El fondo podría ser administrado mediante un fideicomiso, separando las decisiones de política pública de la gestión financiera de los recursos. Este mecanismo fortalece la transparencia, la trazabilidad del gasto y la aplicación de reglas objetivas de elegibilidad, financiamiento, supervisión y rendición de cuentas, otorgando mayor estabilidad institucional y confianza a los participantes del sistema.
Un elemento central del diseño es que los colegios privados que contribuyen al fondo puedan participar como proveedores del servicio educativo, siempre que cumplan con estándares de acreditación, desempeño y calidad previamente establecidos. De esta manera, se genera un círculo virtuoso en el que el sector privado contribuye a financiar la ampliación de oportunidades y, simultáneamente, compite por atraer beneficiarios a través de la calidad de sus resultados educativos.
En consecuencia, el modelo alinea los incentivos de los distintos actores públicos y privados hacia un objetivo común: maximizar el impacto educativo, económico y social de los recursos destinados a la formación de talento.
X. Conclusión: hacia una política de capital humano más eficiente
El análisis desarrollado sugiere que el Perú tiene la oportunidad de complementar su estrategia de educación para estudiantes de alto rendimiento bajo un enfoque más eficiente, escalable y compatible con las restricciones fiscales e institucionales del país. Los COAR han demostrado ser una experiencia pedagógica exitosa y constituyen un activo valioso del sistema educativo nacional; por ello, su continuidad y fortalecimiento resultan plenamente justificables. Sin embargo, su naturaleza intensiva en infraestructura y en recursos permanentes limita su capacidad de expansión como principal mecanismo para ampliar oportunidades educativas a escala nacional.
Frente a este desafío, las Becas de Excelencia surgen como un instrumento complementario que permite extender los beneficios de una educación de calidad a un número significativamente mayor de estudiantes. Al aprovechar capacidades ya existentes en el sistema educativo, este enfoque permite ampliar cobertura, acelerar la implementación, reducir costos por beneficiario y disminuir parte de las complejidades de gestión asociadas a modelos basados en infraestructura. Más que sustituir a los COAR, las becas permiten ampliar su alcance y multiplicar su impacto sobre la formación del talento.
La propuesta se fortalece mediante mecanismos institucionales que aseguran calidad, sostenibilidad y resultados. Un sistema de información transparente y comparable transforma la evaluación en un mecanismo permanente de mejora; el reforzamiento académico nacional permite construir un estándar común de excelencia y reducir brechas entre instituciones; y el Fondo Nacional de Becas de Excelencia aporta una estructura de financiamiento y gobernanza capaz de articular recursos públicos y privados bajo principios de transparencia, corresponsabilidad y sostenibilidad de largo plazo.
En conjunto, estos elementos configuran una política moderna de formación de capital humano orientada a resultados. El éxito de la intervención deja de medirse exclusivamente por la cantidad de infraestructura construida y se orienta hacia su capacidad para identificar, desarrollar y potenciar el talento de un mayor número de estudiantes.
En última instancia, la discusión trasciende el ámbito educativo. Se trata de determinar cómo asignar recursos escasos para maximizar el desarrollo del capital humano, el principal activo de cualquier nación. Más que elegir entre infraestructura y becas, o entre lo público y lo privado, el verdadero desafío consiste en diseñar una combinación inteligente de instrumentos que permita que el talento encuentre oportunidades, independientemente del lugar donde haya nacido.
[1] De acuerdo al Diario Digital de Construcción: “OxI acelera ejecución de COAR”, Noticias del MINEDU sobre inversiones para construcción para colegios COAR al 29 de enero del 2026
[2] Informe Final del MINEDU sobre del diseño e implementación de los colegios COAR (Página 50)
[3] “Markets and Hierarchies” (1975) y “The Economic Institutions of Capitalism” (1985). Artículo: ¿Por qué existen empresas y no solo mercados? Repensando a Ronald Coas
[4] Con la Beca Excelencia se cubriría 6.57 veces la cantidad de alumnos que el Sistema Actual cubre.
[5] De acuerdo a las consultas CUI del Sistema de Seguimiento de Inversiones (SSI).
[6] Heckman, James J. (2006). “Skill Formation and the Economics of Investing in Disadvantaged Children.” Science, 312(5782), pp. 1900–1902.
[7] COAR Junín (Arbitrajes por Estudios y Obras): Expediente 008-2024-SP/ORD
[8] Informe de Control Concurrente N.°059-2025-OCI/5341-SCC.
[9] Informe de Hito de Control N°5: 15849-2023-CG/APP-SCC
[10] Defensoría del Pueblo. Reportes Mensuales N.° 238 (diciembre 2023), N.° 245 (julio 2024) y N.° 247 (septiembre 2024).
[11] El COAR Lambayeque sigue funcionando en un local prestado perteneciente al Colegio Nacional de San José, mientras el proyecto de inversión con código N° 2319179 permanecía en proceso de actualización por parte del PRONIED
[12] Para el COAR Tacna existió una demora en Puesta en Operación.

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