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The Campaign Will Ferrell Zach Galifianakis (1)

Estamos en plena campaña electoral y como ya es costumbre vemos a los candidatos hacer de todo con tal de llamar la atención de los votantes, desde practicar el Thalia Challenge hasta “casarse” con la honestidad. Estas campañas pintorescas aunque no lo crean no son exclusivas de nuestro país, en todos lados se cuecen habas, desde La India, en donde un candidato se disfrazó de hombre araña y escaló edificios, hasta Estados Unidos en donde Barack Obama no tuvo reparos en aparecer en un sketch cómico de Saturday Night Live (SNL). Se dice que la risa es la menor distancia entre dos personas, y es esa sensación de cercanía con el pueblo la que ambiciona todo candidato, sin embargo hay una línea muy delgada que diferencia una campaña creativa y divertida, de una ridícula y esperpéntica.

En esta publicación no me referiré al humor político sino a la posibilidad de hacer una campaña política teniendo al humor como uno de los valores de marca-candidato. Si me dedicara al marketing político lo primero que haría sería un estudio de imagen del candidato para ver cuáles son sus fortalezas y debilidades, y en base a ello definir cuál será el estilo de comunicación de la campaña, que debería representar la forma como se comunica el candidato. Si es una persona que se caracteriza por ser divertida, graciosa, punzante, entonces una campaña con tintes humorísticos no sorprenderá negativamente, pues simplemente será una extensión de la forma de ser del candidato. Por el contrario si es una persona seria de pocas palabras, que no se caracteriza precisamente por su chispa, entonces mejor hacer una campaña conservadora y sin riesgos. El problema de los intentos humorísticos en campañas locales es que son absolutamente burdos y además tratan de volver simpáticos a candidatos que tienen la gracia de una piedra y el ingenio de una tortuga.

Cualquier analista político dirá que un candidato acartonado no tiene futuro, si toma su carrera en serio debe demostrar su sentido del humor, pero teniendo mucho cuidado de no convertirse en un hazmerreir, en ese sentido la ironía y el sarcasmo son armas valiosas para cualquier político, quien las sepa utilizar con agudeza, agilidad y criterio, demostrará su inteligencia. Hay casos emblemáticos como Winston Churchill o Ronald Reagan quienes con una frase filosa podían dejar sin piso a cualquier opositor. Pero no todos tienen esa habilidad, menos aun en nuestro pobre escenario político por lo que lo único que les queda es esperar que algún cómico los imite, hacer videos chabacanos o alguna metida de pata del contrincante para hacer un meme, es por ello que las redes sociales se han convertido en el principal campo de batalla. Los videos, memes y troleadas están a la orden del día. Me llamó la atención especialmente un video del año 2015 en donde el periodista César Hildebrandt califica a Urresti de la siguiente manera: es un chiste, una anécdota, un bufo, un Melcochita con autoridad, que debería hacer shows de stand-up comedy en lugar de dedicarse a la política (reconozco que el uso peyorativo de estos términos me molesta un poco), esa entrevista se realizó hace 3 años, y ahora ese bufo, como lo calificó Hildebrandt, está primero en las encuestas. Podríamos discutir sobre las diversas razones de su actual posición sin embargo creo que nadie podría dudar que su personalidad campechana, chispeante, divertida ha sido una constante en su carrera política y que ha sabido sacar provecho de ello. Hay otros candidatos que por el contrario en su intento por ser divertidos se dispararon al zapato, y en este caso me refiero a Belmont y su cosita o el partido del PN (léase pe ene) con su invitada estrella Monique Pardo incluyendo su respectivo caramelo.

Si hablamos de humor y política no podemos dejar de mencionar el extraordinario caso del presidente de Guatemala, Jimmy Morales, quien fue durante años un reconocido comediante de su país. En ese caso durante su campaña el humor era una debilidad pues su pasado lo condenaba, tenía que demostrar que era un hombre preparado y serio, capaz de gobernar un país, empero ello durante sus discursos no faltaron los chistes, los que utilizaba para demostrar siempre algún punto de vista o burlarse de sus opositores.

Conclusión: No hay que subestimar el poder del humor ni menospreciar a los comediantes sino recuerden que Sócrates fue condenado a muerte por una tendenciosa comedia escrita y dirigida por Aristófanes. En política el humor es como un cuchillo, puede servirte tanto como una herramienta como un arma, pero si no sabes utilizarla puedes causarte mucho daño.

 

 

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