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Hace unos días los tres locutores del programa Levántate y Anda de Radio Oxígeno fueron despedidos por unos lamentables comentarios dichos en su programa sobre el terrible crimen de violación perpetrado durante el censo. Dichos comentarios fueron realizados en un contexto de conversación distendida y jocosa, durante máximo 30 segundos, sin embargo, no pasaron desapercibidos e inmediatamente fueron criticados duramente en facebook por lo que la radio se vio obligada a tomar medidas drásticas.

Es evidente que se equivocaron y por ello pagaron caro su error, estamos seguros que los tres son buenas personas y que aborrecen tanto ese crimen como nosotros, pero cometieron el grave desliz de trivializar y tratar de “hacerse los graciosos” con un tema sumamente serio. Tal vez el público llegó a la misma conclusión que Wolfgang Goethe cuando dijo:

“en nada muestran los hombres su carácter tan claramente como en qué cosas les parecen graciosas”

No está demás decir que este crimen es digno de condena e indignación, que algo pasa en nuestra sociedad para que ocurran este tipo de cosas, que algo debemos hacer para evitar más violencia y crímenes en contra de la mujer en nuestro país. No haré tampoco un juicio de valor sobre si fue desmedida o no la reacción de quienes juzgaron a estos locutores. Ambos casos serían tema para otros análisis y conversaciones, quiero enfocarme con todo respeto en un tema tangencial: cuáles son o deberían ser los límites del humor.

Uno de los ensayos más notables sobre humor es LA RISA del filósofo francés Henri Bergson, quien señala lo siguiente:

Lo cómico, para producir su efecto, exige algo así como una momentánea anestesia del corazón. Se dirige a la inteligencia pura

Se entiende que lo cómico se define por su efecto, la risa cómica. En ese sentido cualquier tema por más terrible o escabroso que sea, podría resultar cómico si se utilizan las herramientas y mecanismos adecuados, pues nos dice Bergson que lo cómico está dirigido a la inteligencia y no a la sensibilidad(1) . Un ejemplo de ello es el humor negro. Ello no significa que tenemos carta blanca para decir todo tipo de chistes donde sea y en el momento que sea, significa que, si solo utilizamos nuestro intelecto y no nuestra sensibilidad, no hay tema que no pueda generar la risa. Que no deba hacerse es otra cosa, ahí entramos en el campo de la ética.

Los comediantes por nuestra práctica tenemos la habilidad de hacer chistes de todo, (y cuando digo chiste me refiero a la generalización de cualquier comentario hecho con el objetivo de generar la risa de nuestros interlocutores, público u oyentes no a la típica historia breve que culmina con un remate), nuestro cerebro en automático crea líneas, frases ingeniosas, remates, etc. Es parte de nuestro trabajo y es difícil desligarnos de él. Estamos constantemente pendientes de los absurdos de la vida, de incongruencias, de palabras o hechos que pueden generar potenciales chistes. ¿Qué nos impide decir un chiste o evitarlo? Lo mismo que le impide a usted decir una frase inadecuada: El sentido común (que como dice el dicho, a veces es el menos común de los sentidos), la empatía con el que saldría herido emocionalmente ante nuestra declaración y la agilidad mental para evitar abrir la boca y decir una pachotada.

Decir lo correcto en el momento adecuado se conoce como: asertividad y es una de las principales herramientas de la inteligencia social (2). Lo contrario de asertividad podría ser la impertinencia, la cual causa, en el menor de los casos antipatía y en el peor la indignación.

Los comediantes estamos constantemente en el límite de lo permitido, no podemos ser totalmente asertivos en nuestros discursos pues ser asertivo por definición es decir lo que se espera y el humor se caracteriza, precisamente, por lo contrario: ser inesperado. Pero tampoco podemos ser totalmente impertinentes porque generaríamos incomodidad más que risas. Estamos en el límite. Vamos estirando poco a poco la cuerda hasta que está a punto de romperse, si no se rompe salimos airosos y en hombros y si se rompe caemos al precipicio de la desaprobación ¿Quién dijo que ser comediante no es riesgoso?

Ahora hablemos del uso del humor negro o humorismo que se ejerce a propósito de cosas que suscitarían, contempladas desde otra perspectiva, piedad, terror, lástima o emociones parecidas; cosas como una violación, por ejemplo. Y aquí mencionaré a Juan Carlos Siurana, filósofo español especializado en ética, quien se pregunta: ¿Es eticamente incorrecto el humor negro?

Si el objetivo es reír del sufrimiento ajeno, entonces, por supuesto es inaceptable. Pero si el objetivo es despertar las conciencias para que, a través de la risa, nos demos cuenta de la propia injusticia que hay detrás de lo relatado, entonces el humor negro podría tener una función eticamente positiva ” (3)

Entonces resumiendo llegamos a la conclusión que el uso del humor es limitado por la inteligencia social, más no por la racional. Así mismo existe una ética incluso en el humor negro dependiendo de si el objetivo final es generar conciencia o solo burlarse. El problema es que considero que la línea que los separa es muy delgada, el nivel de tolerancia es subjetivo y por ende el efecto final discutible. Es más, si exageramos el censor moral corremos el riesgo de que el humor desaparezca por completo por miedo a herir suceptibilidades.

Queda pues finalmente en manos de los humoristas y comediantes, reflexionar y estirar la cuerda lo más que se pueda, con mucho cuidado, y cuestionarse al menos, que impacto podrían tener sus chistes en nuestra sociedad pues hoy más que nunca en Perú el humor se está poniendo bien serio.

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(1) Este ensayo se escribió a principios del siglo XX y el concepto de inteligencias múltiples no existía. Recién el año 1984 el científico social Howard Gardner publica el libro que cambiaría el concepto tradicional de inteligencia. Cuando Bergson dice inteligencia pura se refiere a lo que hoy se conoce como inteligencia racional. Por otro lado, a pesar de su antigüedad este ensayo no ha perdido un ápice de vigencia en el mundo académico de estudios sobre el humor.
(2) Inteligencia Social. Karl Albretch. 2004
(3) Etica del Humor. Juan Carlos Siurana. 2015

 

 

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