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El domingo pasado finalmente el pueblo peruano votó y decidió quienes pasaron a la segunda vuelta. Fueron semanas tensas, agotadoras y estresantes en donde las redes sociales jugaron un papel crucial y cada quien desde su trinchera apoyó al candidato de su preferencia. El día de la votación no estuvo exento de discusiones ya que en las mesas de sufragio mucha gente se quejó por el desorden y demora del proceso debido a los cambios que implementó la ONPE, cambios como la votación electrónica, la opción de elegir el lugar donde desee votar el elector y el orden alfabético en la lista de votación. Tomaré está situación como ejemplo para reflexionar sobre la adaptabilidad al cambio.

En principio todo cambio es traumático, nos afecta, esto sucede porque nuestro cerebro está acostumbrado a cierta rutina y el cambio implica un esfuerzo, es por eso que nos incomoda, más aún si sentimos que es perjudicial para nuestros intereses; en el caso en cuestión el hecho de votar electrónicamente implicaba que en lugar de utilizar la cédula de votación a la que estábamos acostumbrados por años, sufragáramos en una computadora, y encima tenías que buscar tu mesa por apellido ¡qué martirio!. En realidad nada del otro mundo, pero es un cambio y los cambios incomodan, así sean para bien. Mucha gente no había visto los reportajes de la ONPE en donde explicaban su uso y otros ni siquiera sabían de esta novedad por lo que se sintieron sorprendidos.

Estas modificaciones al sistema, que en teoría debería darnos mayor agilidad, hicieron que la votación sea más lenta. ¿Por qué? Porque algunos electores se demoraban más de lo previsto, eso incomodó evidentemente a más de uno que en pleno sol y sin nada que hacer (yo felizmente llevé un libro y aproveché este tiempo muerto para leer, pero muchas de las personas en la cola no tenían absolutamente nada que hacer por lo que estuvieron casi dos horas pensando en las musarañas) tenían que esperar estoicamente su turno.

El calor, la espera, el aburrimiento hizo que la gente empezara a buscar culpables, los más jóvenes culpaban a los viejos que no sabían usar una computadora, otros culpaban a los jóvenes miembros de mesa (por casualidad eran jóvenes que no pasaban de los 23 años) ya que pensaban que no hacían bien su trabajo, ellos se defendieron con toda justicia indicando que el problema era el nuevo sistema no ellos, otros pedían la siempre confiable cédula de votación de papel, en fin, al final todos tuvieron que apelar a la paciencia y el buen humor para esperar.

Nuestro cerebro es constantemente programado para realizar hasta la más mínima de las acciones y uno de sus objetivos es perder la menor cantidad de energía al realizar las diversas tareas del día a día, es por ello que le interesa que trabajemos en piloto automático lo más que podamos, esta mecanización puede darse con labores comunes diarias como manejar un auto o con labores con horizontes de tiempo más alejados como sufragar cada 3 ó 5 años. Aunque parezca increíble pasar de votar con papel y lapicero a votar en una computadora es un cambio que puede resultar traumático para muchas personas cuyo cerebro está programado para MARCAR CON UNA EQUIS O UN ASPA SOBRE EL ROSTRO O PARTIDO DE SU PREFERENCIA, mensaje que ha sido dado durante años en la publicidad electoral y que ahora es: PRESIONE SU DEDO EN LA PANTALLA EN EL ROSTRO O PARTIDO DE SU PREFERENCIA.

Esta misma situación problemática ocurre dentro de las organizaciones cada vez que hay un cambio, los procesos se pueden volver lentos ya que hay que desaprender y también hay una curva de des-aprendizaje. Muchos pueden perder la paciencia, y se presentan los mismos personajes, los que quieren el status quo porque ya están acostumbrados, están los jóvenes o nuevos que pierden la paciencia ante la poca predisposición de los antiguos por re-aprender, están los criticones que echan la culpa a los “inexpertos” jóvenes y están también los propios promotores del cambio que no calcularon bien el impacto en la productividad.

Al final así renieguen, pataleen o se estresen, el cambio se va a dar, porque como dice el famoso aforismo: lo único constante es el cambio, solo queda adaptarse y mientras más rápido mejor para uno y para el resto, pero ello implica que tenemos que acostumbrarnos a re-aprender y para ello no hay nada mejor como SALIR DE TU ZONA DE CONFORT. Cada cierto tiempo realicen una tarea que les sea incómoda, estudien algo nuevo, modifiquen su orden, de esa manera su cerebro se mantendrá ágil y podrán adaptarse más rápidamente a cualquier cambio que se produzca en su vida.

Por lo demás la PACIENCIA Y BUEN HUMOR siempre son bienvenidas, así todos avanzamos más rápido en la cola y también en la empresa.

 

 

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