Nota sobre la relación entre la inteligencia artificial (IA) y la inteligencia humana según el Vaticano
El Papa Francisco analizó la IA en diversas oportunidades durante los últimos años de su mandato. Sin embargo, no hubo un documento oficial sobre el tema hasta la aparición de esta nota aprobada por él a finales de enero de 2025. Fue elaborada por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe y el Dicasterio para la Cultura y la Educación, pero desafortunadamente no tuvo mucha difusión.
El objetivo de la nota, según el Vaticano, es analizar las cuestiones antropológicas y éticas planteadas por la IA, ya que una de sus funciones es imitar la inteligencia humana que la ha diseñado con un nivel de velocidad y habilidad que, con frecuencia, igualan o superan las capacidades humanas, suscitando, por tanto, preocupación por su posible impacto en la creciente crisis de verdad en el debate público.
Además, como tal tecnología está diseñada para aprender y adoptar determinadas decisiones de forma autónoma, se derivan problemas sustanciales de responsabilidad ética y de seguridad, con repercusiones amplias para toda la sociedad. Esta situación llevaría a la humanidad a cuestionarse su identidad y su papel en el mundo. https://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_ddf_doc_20250128_antiqua-et-nova_sp.html
Importancia
El Vaticano señala que la IA marca una nueva y significativa fase en la relación de la humanidad con la tecnología, situándose en el centro de lo que el Papa Francisco ha descrito como un cambio de época. Su influencia se hace sentir a nivel global en una amplia gama de sectores, incluidas las relaciones personales, la educación, el trabajo, el arte, la sanidad, el derecho, la guerra y las relaciones internacionales.
Con la nota se exhorta a cuantos tienen el encargo de transmitir la fe (padres, enseñantes, pastores y obispos) a dedicarse con cuidado y atención a esta cuestión urgente. Si bien está dirigido a ellos, el documento es accesible a un público más amplio, es decir, a aquellos que comparten la exigencia de un desarrollo científico y tecnológico que esté al servicio de la persona y del bien común.
Inteligencia Humana (IH)
En el pensamiento cristiano, aunque profundamente arraigada en una existencia corpórea, la persona humana trasciende el mundo material a través de su alma. Asimismo, según el Vaticano, los seres humanos por su propia naturaleza están ordenados a la comunión interpersonal, teniendo la capacidad de conocerse recíprocamente, de donarse por amor y de entrar en comunión con los otros, como parte de la comunión con Dios.
Por tanto, la IH no es una facultad aislada, al contrario, se ejercita en las relaciones, encontrando su plena expresión en el dialogo, en la colaboración y en la solidaridad. Se aprende con los otros, aprendemos gracias a los otros.
Por otra parte, la IH es un don de Dios otorgado para captar la verdad. Esta permite a la persona acceder a aquellas realidades que van más allá de la mera experiencia sensorial o de la utilidad, ya que el deseo de verdad pertenece a la naturaleza misma del hombre. Yendo más allá de los datos empíricos, aunque la Verdad en sí misma excede los límites del intelecto humano está irresistiblemente atraído hacia ella.
Visión integral
Según el Vaticano, la IH se muestra como una facultad que es parte integrante del modo en el que toda la persona se involucra en la realidad. Un auténtico involucrarse implica abarcar la totalidad del ser: espiritual, cognitivo, corporal y relacional.
Una correcta concepción de la IH no puede reducirse a la mera adquisición de hechos o a la capacidad de realizar determinadas tareas específicas; sino que implica la apertura de la persona a las cuestiones ultimas de la vida y refleja una orientación hacia lo Verdadero, lo Bueno y lo Bello, más allá de cualquier utilidad particular. La IH es capaz de acceder a la totalidad del ser, es decir, de considerar la existencia en su integridad que no se agota en lo mensurable, captando así el sentido de lo que ha llegado a comprender.
Límites de la IA
El Vaticano anota que, aunque la IA procesa y simula ciertas expresiones de la inteligencia, permanece fundamentalmente confinada en un ámbito lógico-matemático, que le impone ciertas limitaciones inherentes. Mientras que la IH se desarrolla continuamente de forma orgánica en el transcurso del crecimiento físico y psicológico de una persona y es moldeada por una infinidad de experiencias vividas en el cuerpo.
La IA carece de la capacidad de evolucionar en este sentido. Aunque los sistemas avanzados pueden aprender mediante procesos como el aprendizaje automático, este tipo de formación es esencialmente diferente del desarrollo de crecimiento de la IH, ya que está moldeada por sus experiencias corporales: estímulos sensoriales, respuestas emocionales, interacciones sociales y el contexto único que caracteriza cada momento.
Estos elementos configuran y modelan el individuo en su propia historia personal. En cambio, la IA, al carecer de cuerpo físico, se basa en el razonamiento computacional y el aprendizaje a partir de vastos conjuntos de datos que comprenden experiencias y conocimientos recogidos, en cualquier caso, por los seres humanos.
Comprensión e implicación
La IH no consiste, principalmente, en realizar tareas funcionales, sino en comprender e implicarse activamente en la realidad en todos sus aspectos, y también es capaz de sorprendentes intuiciones.
Se puede aprender tanto de una enfermedad, como de un abrazo de reconciliación e incluso de una simple puesta de sol. Tantas cosas que se experimentan como seres humanos abren nuevos horizontes y ofrecen la posibilidad de alcanzar una nueva sabiduría. Ningún dispositivo, que sólo funciona con datos, puede estar a la altura de estas experiencias.
Establecer una equivalencia demasiado fuerte entre la IH y la IA conlleva el riesgo de sucumbir a una visión funcionalista, según la cual las personas son evaluadas en función de las tareas que pueden realizar. Sin embargo, según el Vaticano, el valor de una persona no depende de la posesión de capacidades singulares, logros cognitivos y tecnológicos o éxito individual, sino de su dignidad intrínseca basada en haber sido creada a imagen de Dios.
Una IA ética
El Vaticano reconoce con gratitud como la tecnología ha remediado innumerables males que dañaban y limitaban al ser humano. Sin embargo, no todas las innovaciones tecnológicas representan en sí mismas un auténtico progreso. Por ello, la Iglesia se opone especialmente a aquellas aplicaciones que atentan contra la santidad de la vida o la dignidad de la persona.
Como cualquier otra empresa humana, el desarrollo tecnológico debe estar al servicio del individuo y contribuir a los esfuerzos para lograr más justicia, mayor fraternidad y un más humano planteamiento en los problemas sociales. Asimismo, llama la atención sobre la importancia de la responsabilidad moral basada en la dignidad y la vocación de la persona.
Por otra parte, tanto los fines como los medios utilizados en una determinada aplicación de la IA, así como su visión global, deben evaluarse para garantizar que respetan la dignidad humana y promueven el bien común.
IA, relaciones humanas y Sociedad
Según el Vaticano, si la IA es usada para favorecer contactos genuinos entre las personas, puede contribuir positivamente a la plena realización de la persona; por el contrario, si se sustituyen las relaciones por los medios tecnológicos, se corre el riesgo de sustituir la auténtica relacionalidad por un simulacro sin vida.
En lugar de replegarnos en mundos artificiales, nos llaman a implicarnos de manera seria y comprometida con la realidad, hasta identificarnos con los pobres y los que sufren, para consolar a quien está en el dolor y crear lazos de comunión con todos. Asimismo, la IA debe ser utilizada para promover el desarrollo humano integral. También podría ayudar a identificar a las personas que se encuentran en estado de necesidad y a contrarrestar los casos de discriminación y marginación. De ésta y otras formas similares, la IA podría contribuir al desarrollo humano y al bien común.
IA, economía y trabajo
Una primera crítica, según el Vaticano, se deriva de la posible concentración de la oferta en unas pocas empresas que se beneficien del valor creado por la IA y no de los que la utilicen. En segundo lugar, entregar la economía y las finanzas por completo en manos de la tecnología digital significaría reducir esta variedad y riqueza, de modo que muchas soluciones a los problemas económicos podrían dejar de ser viables en un mundo dominado por procedimientos y proximidades sólo aparentes.
Asimismo, la IA tiene el potencial de aumentar las competencias y la productividad, ofreciendo la posibilidad de crear puestos de trabajo, permitiendo a los trabajadores concentrarse en tareas más innovadoras y creativas. Sin embargo, pueden paradójicamente desespecializar a los trabajadores, someterlos a una vigilancia automatizada, relegarlos a tareas rígidas y repetitivas. Por otra parte, Si se utiliza para sustituir a los trabajadores humanos en lugar de acompañarlos, existe el riesgo sustancial de un beneficio desproporcionado para unos pocos a costa del empobrecimiento de muchos.
Por todo esto, está bien recordar siempre que el orden real debe someterse al orden personal, y no al contrario. El trabajo es parte del sentido de la vida, camino de maduración, de desarrollo humano y de realización personal, por lo que no debe buscarse que el progreso tecnológico reemplace cada vez más el trabajo humano, con lo cual la humanidad se dañaría a sí misma.
IA, sanidad y educación
La responsabilidad por el bienestar del paciente y las decisiones relacionadas que afectan a su vida constituyen el núcleo de la profesión sanitaria. Asimismo, el uso de la IA para determinar quién debe recibir tratamiento, basándose principalmente en criterios económicos o de eficacia, es un caso de paradigma tecnocrático que debe rechazarse; por otra parte, no debe amplificar las desigualdades.
la IA presenta tanto oportunidades como desafíos en la educación. Si se utiliza con prudencia, dentro de una auténtica relación entre maestro y alumno y ordenada a los auténticos fines de la educación, puede convertirse en un valioso recurso educativo, mejorando el acceso a la educación, ofreciendo apoyo personalizado y retroalimentación inmediata. Por otra parte, una tarea esencial de la educación es formar el intelecto para razonar bien en todas las materias, para proyectarse hacia la verdad.
Desinformación, privacidad y otras
Se debe evitar que la IA genere contenidos ficticios; por otro lado, existe el problema aún más preocupante de su uso intencionado para la manipulación. Asimismo, no es justificable su uso con fines de control para la explotación, para restringir la libertad de las personas o para beneficiar a unos pocos a expensas de muchos. El respeto fundamental por la dignidad humana postula rechazar que la singularidad de la persona sea identificada con un conjunto de datos.
Por último, se debe intensificar la IA en cuanto a prometedoras aplicaciones para mejorar nuestra relación con la casa común que nos acoge. El uso bélico de la IA puede ser muy problemático, al permitir armas autónomas que reduzcan responsabilidades, faciliten guerras y puedan generar un riesgo existencial de autodestrucción.
Colofón
El Vaticano termina señalando la necesidad de un desarrollo en responsabilidad, valores, conciencia. Asimismo, es esencial saber valorar críticamente las distintas aplicaciones de la IA en los contextos particulares, con el fin de determinar si estas promueven, o no, la dignidad y la vocación humana, y el bien común.

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