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Es meritorio que en el marco del Acuerdo Nacional (AN) se haya aprobado colectivamente la Visión del Perú al 2050. Esta acción refleja una preocupación por el largo plazo de los principales miembros del AN: Gobierno, Partidos Políticos, Sociedad Civil y el CEPLAN. La ceremonia de entrega formal de este resultado al Presidente de la República se llevó a cabo en Palacio de Gobierno a finales del mes pasado. Sin embargo, reconociendo el esfuerzo realizado es pertinente comentarla y evaluarla. ¿Responde a la pregunta de qué queremos llegar a ser al 2050?, ¿incorpora un propósito y valores que perduran en el tiempo partiendo desde la realidad y explorando futuros posibles? D´Alessio (2008) también señala que debe combinar los atributos de directa, clara, comprensible, atrayente al mismo tiempo de la aparente contradicción entre ambiciosa (retadora) y realista. Hay que reconocer que la construcción de una visión de país no es una tarea fácil.

La Visión tiene cuatro párrafos. El primero se orienta a la defensa de la persona humana y de su dignidad en todo el territorio nacional, declarando previamente que somos un país democrático respetuoso del Estado de derecho y la institucionalidad. ¿Eran necesarias estas declaraciones previas?, ¿qué tienen de atrayentes o transformadoras?, ¿No somos acaso un país democrático? El segundo párrafo revela el orgullo por nuestra diversidad, el respeto a nuestro patrimonio milenario y biodiversidad. El tercer párrafo alude a las características del Estado como constitucional y unitario, ético, transparente, eficiente, moderno y con enfoque intercultural. ¿Cuál es lo relevante de lo constitucional o de su característica de unitario? El cuarto párrafo se refiere a que hemos logrado un desarrollo inclusivo, en igualdad de oportunidades, competitivo y sostenible que ha erradicado la pobreza extrema y el fortalecimiento de la familia. ¿Dónde quedó el desarrollo productivo diversificado a la par de integrado (encadenado)?, ¿vamos a continuar con la misma estrategia de crecimiento a base de sectores extractivos?, ¿no sería valioso agregar mayor procesamiento y contenido tecnológico a nuestros productos?, ¿será suficiente erradicar solo la pobreza extrema al 2050?

Sólo se plantea que protegeremos nuestra biodiversidad, pero dónde quedaron los retos del presente y futuro relativos al cambio climático, crisis hídrica, nueva demografía y crisis energética. ¿No es acaso una gran tarea superar el dilema del desarrollo de las actividades extractivas con el respeto simultáneo al medio ambiente, a las comunidades y pueblos originarios? Por otra parte, ¿dónde quedo el propósito de una sociedad pacífica, justa, libre de violencia? o ¿qué las personas alcancen una vida próspera y desarrollen al máximo sus potencialidades?

La Visión no pasa el filtro de ser retadora y menos para un horizonte al 2050. Al respecto, cuando se nos convocó para discutirla se hablaba del 2030. Esa combinación de buenos deseos plausibles es de poca envergadura a la luz de los retos que se pueden vislumbrar en diversos escenarios prospectivos hacia el 2050. Se ignoran los cambios tecnológicos en robótica-inteligencia artificial, infotecnología (Big Data) y biotecnología en curso. ¿Se olvidaron de la problemática de desempleo y subempleo masivo que pueden generar?, ¿el peligro de las dictaduras digitales?, ¿cómo garantizar la libertad de elección de los individuos?, ¿cómo satisfacer las necesidades básicas en un mundo con poco empleo?, ¿dónde quedó la mayor inestabilidad social y política que se podría generar?, ¿no se requerirá de Estados Nacionales más fuertes para gravar y redistribuir el ingreso evitando un colapso económico, social y político?, ¿cómo crearemos ciudadanos resistentes a los cambios por venir?

A la visión le siguen faltando algunas palabras clave como solidaridad, ciencia y tecnología, territorio integrado, seguridad alimentaria y energética y de una nueva educación basada en el pensamiento crítico, comunicación, colaboración y creatividad (Noah Harari, 2018). Se continúa olvidando el problema de las elevadas desigualdades económicas que crecen en el tiempo y que neutralizan la igualdad de oportunidades. Tampoco hay mención alguna al reto de enfrentar la informalidad para ser sustituida por el trabajo decente para todos.

 

 

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