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RMV en debate: evidencia a la vista

El ajuste en la Remuneración Mínima Vital (RMV), como todos los años, está en debate. La última modificación se efectivizó a partir de abril de 2018, hace un año. La Ministra de Trabajo acaba de señalar que está en revisión. El titular del MEF comentó a mediados de semana que no tiene información para tomar una decisión sobre ese tema. ¿Es el único responsable en definirla? Por otra parte, el decano de la prensa nacional ya emitió dos editoriales contra la posibilidad de ajustarlo; uno se tituló justificación mínima y el otro mucho para pocos. Como siempre, lo acompañan los analistas estándar de las principales empresas consultoras del país. Se repite el argumento en contra de promover mayor informalidad. Ellos quieren combatirla reduciendo ingresos y prestaciones hacia abajo. Olvidan el fundamento constitucional de las remuneraciones mínimas. Se adscriben a la economía tradicional que señala que el único factor para contratar trabajadores son los salarios reducidos, que estos son solo costo de producción y no fuente de ingresos, demanda y producción. Confunden el análisis microeconómico con el macroeconómico donde el todo no es necesariamente la suma de las partes.

A todos los críticos habría que recordarles que el último ajuste fue hace un año y que la mayoría de las economías lo modifican con esa periodicidad (la inflación total fue 2.6%, mientras la transable 2.1% y la de no transable 2.9%). Ahora hasta el FMI reconoce conceptualmente la importancia de la RMV como orientador del resto de salarios de la economía (faro). Asimismo, se ha rehabilitado su relevancia, al igual que la sindicalización para reducir la elevada desigualdad que tiene impactos económicos, sociales y políticos negativos. Ajustar la RMV no es una política populista, ya que tiene sentido económico. Por el contrario, no ajustarlo es hacer populismo dizque a favor de los empresarios, ya que al final también los perjudica por un mercado interno más reducido. Una política internacional colectiva de reducción de la participación de los salarios en el PBI reduce el tamaño de los mercados globales impactando negativamente en el comercio internacional, por más nuevos TLC que se firmen.

Sería bueno que estos comentaristas vean lo que está haciendo nuestros vecinos y socios comerciales. México subió en 2019 el salario mínimo en 16.2% y duplicó el fronterizo, pero ya desde el último año del gobierno de Peña Nieto se ajustó al doble de la inflación. La duplicación del salario fronterizo tuvo el beneplácito de EE.UU. en la reciente renegociación del T-MEC. En Chile y Colombia con gobiernos neoliberales hay una política clara de recuperar el poder de compra de los salarios mínimos. La última norma chilena de setiembre de 2018 establece el ajuste (dos años hacia adelante) para 2019 y que el 2020 se reajustará 2.5% en términos reales; y si la tasa de crecimiento del PBI es mayor al 4% se adicionará esa diferencia íntegra a favor de salario real.

En Colombia desde 2000 a la fecha, a excepción de 2008 en que fue 0%, se tienen incrementos reales del salario mínimo. En 2018 fue del 2.7% real. Para 2019 se ha incrementado en 6%. En los otros países vecinos el ajuste es también anual. En Ecuador los salarios mínimos también se establecen por actividad económica y el último mínimo nacional unificado (para 2019) que incluye a los trabajadores de la pequeña industria, trabajadores agrícolas, de maquila, trabajadores del hogar, operarios de artesanía y colaboradores de las microempresas es de US$ 394 mensuales, superior al equivalente peruano de US$ 282 del Perú. En Bolivia la remuneración mínima a partir de 2016 se ajusta los primeros de mayo de cada año. Acaban de subirlo 3% cuando la inflación del último año fue 1.5%.

Recuperar el poder de compra de la RMV a su nivel de origen de 1962 en Lima sería equivalente a aumentarlo de S/. 930 a S/. 1,800 y para mantener el poder de compra de 1980 habría que hacerlo a S/. 2,050 mensuales. Si se pretendiera elevarlo a niveles de 1974 debería ser S/. 2,600 mensuales nominales. Hay que converger progresivamente a los montos que posibiliten cumplir la función constitucional de la RMV de satisfacer necesidades básicas, poco a poco, sin generar afectaciones a la balanza de pagos e inflación. La fórmula para ajustarla se puede diseñar sin problemas. Tenemos una gran tarea de concertación y de trabajo colectivo por delante entre empresarios, gobierno y trabajadores en beneficio de todos.

 

 

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