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Hace poco más de un mes el Acuerdo Nacional y el Centro Nacional de Planeamiento Estratégico nos convocaron para discutir la visión país para 2030. Este es un elemento clave dentro del análisis prospectivo (hacia donde queremos llegar) para formular un plan de mediano y largo plazo. La invitación, los comentarios y discusión en el evento fue enriquecedora; asimismo, se constituyó en un recordatorio de la importancia del planeamiento estratégico. Lamentablemente, desde el gobierno y la sociedad se le sigue concibiendo como un instrumento para un horizonte lejano que tiene que ver poco con la gestión pública del país día a día.

La propuesta de imagen de futuro del Perú tiene cinco componentes. Se destaca que todas las personas pueden alcanzar su potencial. Se han fortalecido las alianzas para lograr el desarrollo sostenible con el respeto universal de los derechos humanos sin dejar a nadie atrás. Se ha desarrollado una gestión sostenible de los recursos naturales y tomado medidas para enfrentar al cambio climático. La sociedad es pacífica, justa e inclusiva, libre de violencia, sin corrupción, ni discriminación y con igualdad de oportunidades. Por último, todas las personas gozan de una vida próspera y plena con empleo digno y en armonía con la naturaleza, considerando reservas de recursos para el futuro. Suena razonable, pero ¿qué le puede faltar (esa era interrogante de la reunión)?

La lista fue larga: educación de calidad para todos que aproveche capacidades, habilidades y promueva potencialidades; nueva institucionalidad (pero, ¿cuál en concreto?); insistir en la sostenibilidad ambiental, el manejo adecuado e integrado del territorio (más conectividad para reducir asimetrías) logrando ecosistemas sanos y ciudades sostenibles; seguridad energética; reforzar la interculturalidad o multiculturalidad, las identidades y saberes locales. No se incorporó el objetivo de reducir la informalidad.

Faltó también mencionar la importancia de alcanzar un desarrollo productivo diversificado con adecuados encadenamientos de empleo y producción. Olvidaron nombrar a la ciencia, tecnología e innovación, para evitar como señaló Modesto Montoya llegar al bicentenario de la creciente dependencia tecnológica. Tres elementos finales: debemos plantearnos el objetivo de una sociedad sin elevadas desigualdades ya que la igualdad de oportunidades no es suficiente; la integración andina, amazónica y latinoamericana con inserción soberana al mundo y pensar que el objetivo de una visión país es clave pero insuficiente con alternativa en la unidad en la diversidad. Es importante reconocer la pluralidad nacional con visiones propias desde las regiones como se hizo a inicios de 2012. “Los buenos convivires” de Alberto Acosta puede ser un buen eslogan.

 

 

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