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El Ministro de Relaciones Exteriores y el decano de la prensa nacional parecieran en campaña para acelerar el Tratado de Libre Comercio (TLC) con la India. Hasta se preguntan si se podría aplicar un Fast-Track. El tema es de cuidado; debe servirnos para reflexionar. Se identifican tres posiciones en relación a este tipo de acuerdos: en un extremo quienes sin dudas ni murmuraciones señalan que todo sería positivo (aquí están los economistas neoliberales, los últimos gobiernos y la mayoría de gremios empresariales); en el otro quienes solo ven todo lo malo y en el medio quienes resaltamos elementos positivos, pero también negativos; donde la situación inicial, proceso (etapas), políticas complementarias y negociación son claves para que un TLC sea exitoso.

Los enemigos de los TLC tienen muchos elementos veraces que destacar. Son promovidos desde los organismos financieros multilaterales luego que la contraparte tiene la capacidad para incursionar en los mercados internacionales, después que aplicaron políticas de protección interna por décadas o siglos. Se basan en un esquema teórico de ventajas comparativas, que asume competencia perfecta, cuando ellos aplicaron una noción de ventajas competitivas dinámicas (que se crean con base al aprendizaje y experiencia). Se reproduce el mismo patrón de comercio donde ellos colocan bienes de mayor contenido y procesamiento tecnológico mientras que nosotros, si nos va bien, nos llenamos de importaciones y exportamos más alrededor de lo mismo de antes. Destacan el grave olvido de las asimetrías y de las políticas de apoyo productivos que ellos aplican, que no necesariamente hay fuerzas naturales que nos lleven a especializarnos y que los TLC solos no sirven para crecer y menos desarrollarnos.

Hay quienes somos menos escépticos porque creemos que no podemos aislarnos del mundo, que pueden abrirse algunas ventanas para nuevos productos y de otros que pueden ser convenientes para el aparato productivo interno (no incluyo aquí a los bienes de consumo). Sin embargo, se ha sobrevalorado la importancia de los TLC para promover el crecimiento, ya que aún en el más exitoso de la región: el de América del Norte para México, se observa una desvinculación casi absoluta entre desempeño exportador y PBI. Con contribuciones al empleo positivas pero insuficientes; requiriéndose de políticas complementarias.

Los TLC deben ser precedidos de una política de diversificación, apoyo productivo e impulso de encadenamientos. Deben acompañarse de una política cambiaria que mantengan la competitividad. Es imprescindible una política de ciencia, tecnología e innovación. Tanto la mejora de la infraestructura, lograr alianzas con la inversión extranjera productiva como una política de ingresos son fundamentales.

 

 

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