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A mitad de semana los productores de papa de la sierra central anunciaron un paro de 72 horas. Exigen la declaratoria de emergencia para este producto, así como una serie de medidas como la condonación de deudas, reducción de intereses bancarios, ampliar la cobertura del seguro agrario, indemnización por pérdidas en las cosechas, promoción de su industrialización–procesamiento y demanda, entre otras. Ya se han producido bloqueos de carreteras en la región Ayacucho, Huancavelica, Huánuco y Junín. El tema es complejo rebasando las aristas mencionadas por los agricultores. Es la punta del iceberg de un problema agrícola, de política cambiaria, de política comercial y de políticas de apoyo sectorial de los países desarrollados que no solo afectan a ese producto en particular.

Las protestas se generan por la reducción de la demanda, los precios e ingresos netos de los productores como resultado de la importación de papa precocida, principalmente de Holanda, que es utilizada por la mayoría de los restaurantes y empresas procesadoras que utilizan este producto en las diferentes zonas urbanas del país. Se afirma que la importación se realiza en alrededor de US$ 215 por tonelada, mientras que el precio de la papa en chacra era en 2016 de US$ 300 y ahora es de US$ 62 por tonelada.

Es indudable que el rendimiento promedio de 50 toneladas por hectárea en Holanda genera una gran ventaja respecto de los productores peruanos con 15 toneladas. Tampoco hay que olvidar que el denominado cluster de la papa en ese país ha sido resultado del trabajo cooperativo a lo largo del tiempo de la empresa, sector académico-investigación y el gobierno; de la mejora y certificación independiente de semillas; de mucho trabajo de capacitación; y de sistemas de almacenamiento y apoyo a la producción y comercialización eficientes que no existen en nuestro país. La mitad de la producción anual se procesa y exporta, mientras que la otra parte se consume de manera tradicional, pelada y/o enfriada.

También contribuyen a la desventaja la política cambiaria que aprecia la moneda nacional abaratando las importaciones y desincentiva la producción nacional. Además la política comercial ha sido más radical y ortodoxa que la de los países desarrollados. Dos temas pendientes por investigar es si existe dumping (precios de importación por debajo de los costos de producción) y el monto de los apoyos y programas del gobierno holandés a ese producto. El valor de la producción peruana de papa es equivalente al 11% de toda la producción agrícola. Asimismo, es igual al 0.65% del PBI nacional y no hay que olvidar que todo el sector agropecuario emplea a 3.8 millones de personas. Frente al problema hay que tener una perspectiva sistémica y el gobierno no puede lavarse las manos.

 

 

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