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A inicios de semana el Fondo Monetario Internacional (FMI) presentó la actualización de sus perspectivas de la economía mundial para 2018 y 2019 con el cierre a 2017. El reporte es optimista, señalando que la economía mundial se está fortaleciendo. El PBI mundial en 2017 es 0.1 puntos porcentuales superior a la estimación anterior. Asimismo, las proyecciones para 2018 y 2019 han sido revisadas al alza en 0.2 puntos porcentuales. Según el FMI la mitad de ese aumento se debería a la política de recorte de impuestos a la renta y herencias aplicadas en EE.UU. que tendrían efectos positivos hasta 2020; aunque reconocen que se reduciría el crecimiento durante algunos años a partir de 2022. ¿Por qué tanto rezago si suponen que somos racionales?

La segunda interrogante por plantear ante cualquier proyección es evaluar la capacidad predictiva del FMI: ¿qué tan acertados son? Al respecto, la respuesta no es positiva. Hay que recordar que no previeron la última crisis financiera internacional iniciada en 2007. En segundo lugar, efectivamente se anotan una serie de riesgos que podrían afectar estas proyecciones, pero para el FMI estos se inclinarían a la baja en el mediano plazo. Parece una broma de mal gusto, pero cuando se habla de América Latina se señala que un componente relevante de la recuperación estaría a cargo de México por el fortalecimiento de la economía norteamericana. ¿Dónde quedó la alta probabilidad de que se cancele el tratado de libre comercio de América del Norte, las acciones antiinmigrantes y la oleada de proteccionismo regional y mundial?

El FMI reconoce pero minimiza dentro de los riesgos globales una corrección en los mercados de capitales y financieros como resultado de las elevadas valoraciones de los precios de los activos que golpearían la confianza y el crecimiento económico. Se soslaya que la reducción de impuestos a los ricos más que elevar el consumo privado y la inversión, aumenta los excedentes financieros que inflan burbujas que luego estallan. A estas habría que sumar el próximo paquete de desregulación financiera que está trabajando la Secretaría del Tesoro. La reacción de la Reserva Federal aparece en segundo plano.

¿Se justifica mayor inversión productiva con altos niveles de capacidad instalada ociosa?, ¿habría mayor inversión con mayores niveles de desigualdad y con economías más cerradas?, ¿cuál es el rol que jugarían las mayores tasas de interés? La lógica de este reporte es simplista; parece orientada por fines ideológicos y políticos. Suena ridículo que se plantee que este repunte ofrecería la oportunidad para implantar un crecimiento más inclusivo cuando la reducción de impuestos va en dirección contraria a la par que afecta la sostenibilidad fiscal de todos en el mediano plazo.

 

 

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